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80 años del natalicio de Gerardo Medina
Un corazón en el medio del pecho
Por Jesús
E. Muñoz Machín

“La muerte no es más
que una manera de seguir viviendo”.
(Tomada de www.cmhw.icrt.cu) |
Rendir tributo a aquellos que
ofrendaron su vida por Cuba es tarea de hoy, mañana
y siempre. Son muchos los capítulos gloriosos de la
historia patria en que los jóvenes han sido protagonistas,
pero ninguno tan heroico como las acciones del 13
de Marzo, cuando los miembros del Directorio
Revolucionario asaltaron el Palacio Presidencial y tomaron
la emisora
Radio Reloj.
Aquella tarde perdieron la vida un grupo de valerosos cubanos,
dentro de los que se encontraba Gerardo Medina Cardentey,
a quien se dedica este año la Jornada 13 de Marzo en
Pinar del
Río.
Medinita y su guerra
a muerte contra la tiranía
Gerardo Medina nació el 31 de abril de 1931, en la
más occidental de las provincias cubanas. Hijo de Antonio
Medina y Digna Cardentey, fue un joven muy inteligente, en
cuya formación influyó sobremanera la obra martiana,
de la cual fue asiduo lector.
Desde su etapa juvenil, Medinita —como
lo llamaban sus compañeros—, fustigó sin
descanso a los militares y politiqueros deshonestos que oprimían
y robaban al pueblo. Toda actividad, reunión o manifestación
del estudiantado y la juventud pinareña contó
con su presencia.
A partir de 1952, luego del golpe militar
de Batista,
Gerardo radicaliza su postura revolucionaria y se consagra
a la lucha contra la tiranía. En ese mismo año
contacta con Menelao Mora Morales, también
caído en las acciones del 13 de Marzo y uno de sus
principales jefes. Por su actitud ejemplar en el cumplimiento
de las tareas que se le encomendaban como jefe del Movimiento
Estudiantil Revolucionario (MER), Gerardo se ganó muy
pronto la confianza y amistad de Menelao.
Entre 1952 y 1956 aumentó su participación
en planes y acciones revolucionarias, e incluso, como parte
de la creciente unión entre el estudiantado y otros
grupos, se acerca a algunos miembros de la célula del
Movimiento
26 de Julio que operaba en Pinar del Río.
Asimismo, convirtió su centro de
trabajo en punto de reuniones de los conspiradores, a las
que asistía Menelao disfrazado para que no lo reconocieran
y poder dar instrucciones a las MER, y específicamente
a Gerardo como jefe de dicho movimiento.
Igualmente, entre 1952 y 1956 Medinita participa
en varios traslados de armas desde el Puerto de La Coloma
y otras playas hacia la ciudad de Pinar del Río, para
después enviarlas a La Habana.
Gracias a su labor y la de sus compañeros,
Vueltabajo se convirtió en el mayor receptor de armas
para la lucha clandestina, e incluso se afirma que el armamento
trasladado desde la occidental provincia fue determinante
para efectuar las acciones del 13 de Marzo.
En la clandestinidad
En octubre de 1956 Medinita se traslada a La
Habana y pasa a la clandestinidad. Por ese tiempo era
rigurosamente buscado por el ejército y la policía
batistiana. Sin embargo, desde la capital cumplió con
las misiones asignadas como jefe de los pinareños que
posteriormente participaron en el ataque al Palacio Presidencial.
A finales de 1956 su labor revolucionaria
fue más intensa, pues tenía que garantizar a
toda costa la participación de su grupo en el ajusticiamiento
al tirano.
A través de los libros publicados
sobre lo acontecido el 13 de Marzo, hoy se conoce que Gerardo
fue uno de los jóvenes más importantes en la
organización de las acciones. Tuvo una participación
activa en las dos grandes reuniones antes del asalto efectuadas
en enero y febrero de 1957, donde se encontraban también
Faure Chomón, Enrique Rodríguez Loeches,
Menelao Mora, Carlos Gutiérrez Menoyo e Ignacio González,
entre otros.
La muerte: una manera
de seguir viviendo
Durante el tiempo que estuvieron acuartelados en el barrio
del Vedado, el compañero Juan Gualberto Valdés
(Berto) recuerda cómo Medinita comenzó a ganarse
el aprecio de aquellos que no lo conocían.
“Estaba pendiente de los turnos de
guardia, y de aquellos que tuvieran problemas de salud. Sin
proponérselo se convirtió en líder”,
subrayó Valdés.
El mismo Berto testimonió para el libro “Asalto”,
de Miriam Zito, los últimos instantes de vida de Medinita:
| Bajamos las escaleras
y me encuentro a Medinita sentado en uno de los escalones
de abajo. Tenía un balazo en el pecho, pero un
balazo que parecía producido por una ametralladora
calibre 30, porque por la espalda se veía un boquete
grande. Lo está atendiendo Pedro Ortiz y yo lo
ayudo. Él nos dice: “Déjenme, váyanse,
que aquí no se puede recoger a nadie: Esa es la
orden que hay”. Estaba casi moribundo, muy mal herido. |
Su testamento político fue, sin duda,
la carta que dejó escondida en la caja fuerte del hotel
donde trabajaba. La misiva, encontrada muchos años
después de su muerte, refleja el sentir de este joven
pinareño.
Entonces, nada es más justo que recordarle
a través de sus proféticas palabras: “Quizás
de todos los caminos de la vida, haya emprendido el más
difícil, el de humanista, el de sentir el dolor ajeno,
la injusticia con el semejante (...) no me importa lo que
pueda pasarme: la muerte no es más que una manera de
seguir viviendo (…)”.
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