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Un revolucionario de larga trayectoria
Por Matilde
Salas Servando

Juan Manuel Márquez era el
segundo de la expedición del Granma.
(Foto: Cortesía Bohemia Digital.) |
La década de los años cincuenta
del siglo XX es una etapa muy significativa de la historia
de Cuba, pues lo mejor de la juventud de la Isla recogió
el legado de José
Martí, en el año del centenario de su natalicio,
(1853-1953), para eliminar del país la corrupción
sustentada por los gobiernos de turno desde que se instauró
la República, el 20 de mayo de 1902.
El asalto a los cuarteles Moncada,
de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de
Bayamo, en julio de 1953; la prisión de los sobrevivientes
en ambas acciones y el posterior exilio de estos, sirvieron
para cohesionar más a los bisoños revolucionarios.
Tal como sucedió a fines del siglo
XIX, durante la lucha por la independencia del colonialismo
español, México acogió en su territorio
a un amplio grupo de esos exiliados, encabezados por el joven
abogado Fidel Castro. Entre ellos estaba Juan Manuel Márquez,
un revolucionario de larga experiencia, adquirida desde su
enfrentamiento a la dictadura de Gerardo Machado en la década
de los años treinta del siglo XX.
En diciembre de 1955, Fidel y Juan Manuel hicieron un corto
viaje a los Estados Unidos, con el objetivo de convocar a
los cubanos residentes en el lugar a unirse al Movimiento
Revolucionario 26 de Julio y lograr así la cohesión
de los opositores al régimen de Fulgencio
Batista. La presencia de ambos permitió fundar
el primer grupo patriótico vinculado al 26 de Julio
en la ciudad de Nueva York.
Después de un período de entrenamiento,
los 82 jóvenes que formarían el grupo de expedicionarios
del yate
Granma salieron a fines de noviembre de 1956 desde el
puerto mexicano de Tuxpan hacia Cuba. El grupo estaba encabezado
por Fidel, y como jefes de Estado Mayor venían Faustino
Pérez y Juan Manuel Márquez.
Luego de andar por inhóspitos sitios
de las estribaciones de la Sierra Maestra, el 5 de diciembre
de 1956 tuvo lugar el combate de Alegría de Pío,
que constituyó el mayor revés en la historia
del naciente Ejército Rebelde. En esa contienda cayó
en combate Juan Manuel Márquez, un revolucionario de
gran prestigio por su larga trayectoria de luchas políticas.
La amplitud de su pensamiento político
se puso de manifiesto cuando expresó que: “hay
que trabajar mucho, incansablemente, organizando, ordenando,
allegando y sumando voluntades, salvando obstáculos,
(y) combatiendo el escepticismo que sembraron las frustraciones
pasadas, avivando la fe”.
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