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La trayectoria ética de Nicolás Estévanez
en Cuba
Por Matilde
Salas

Placa conmemorativa dedicada a Nicolás
Estévanez Murphy en el Hotel Inglaterra, La Habana.
(Tomada de www.ceomurphy.eurowintuweb.com) |
La segunda mitad el siglo XIX fue un período
convulso enel devenir histórico de Cuba en el que ocurrieron
hechos que consternaron a la población de la Isla,
como el fusilamiento
de los ocho estudiantes de Medicina, en La Habana, el
27 de noviembre de 1871.
Al decir de José
Martí, ese fue “el día sangriento en que
una turba rifó la vida y gozó la muerte de los
ocho estudiantes de la Universidad de La Habana, por la falsa
culpa de haber atentado el cadáver de un hombre de
odio cuyo propio hijo declaró luego intacto el cadáver
de su padre (…) Tal fue el caso histórico”.
Uno de los hombres de la época, del que mucho han comentado
los historiadores por su vertical posición frente a
la crueldad demostrada por el colonialismo, fue don Nicolás
Estévanez y Murphy, figura protagónica del libro
titulado “Nicolás Estévanez: su accionar
ético”, de la autoría de la historiadora
y periodista Elena Alavez Martín, publicado por la
editorial habanera Ciencias Sociales.
En la obra se ofrecen importantes detalles de una investigación
sobre ese hombre valeroso, que fue “capitán del
ejército español radicado de resguardo en Cuba
(…) una personalidad impar, trascendente, que nos lleva
a la reflexión y al análisis”. Este militar
estuvo muy vinculado a los hechos del 27 de noviembre de 1871.
Por esa época, Estévanez era un joven de 33
años, poseedor de un carácter firme, gran agudeza
de pensamiento, y según noticias llegadas a nuestros
días, tenía ideas inconmovibles frente a la
monarquía hispana. “Acababa prácticamente
de llegar a La Habana. Frecuentaba los salones del Louvre.
Allí escuchaba los comentarios emitidos por criollos
y españoles, referidos a la actual situación
de la Isla de Cuba, en plena guerra contra el coloniaje metropolitano”.
Aunque no era la primera vez que visitaba
a nuestro país, Estévanez conocía de
la situación, pues en dos ocasiones anteriores había
permanecido en el territorio antillano , en temporadas de
cierta duración.
En esas oportunidades, el joven empezó a manifestar
opiniones de condena al régimen colonialista. Nos ha
llegado fundamentalmente por tradición oral, la idea
de que al ocurrir el fusilamiento de los alumnos de Medicina,
Nicolás Estévanez quebró su espada en
señal de protesta, tema que no coincide con la realidad
y se explica con detalles en el libro de Elena Alavez Martín,
donde se trata ampliamente sobre su ética.
La investigadora destacada además que para Estévanez,
las sentencias a las que fueron condenados los jóvenes
eran totalmente ilegales, y luego refiere cómo ese
día lo pasó en su casa, y por la tarde, cuando
se dirigía hacia la Acera del Louvre, le llamó
poderosamente la atención que las calles habaneras
estuvieran silenciosas y sin el habitual ajetreo.
Destaca cómo llegar a su habitual destino vespertino,
escuchó a lo lejos las descargas de fusilería,
mientras ejecutaban a los jóvenes, lo que plasmó
en unas notas testimoniales en las que dijo: “Perdí
la serenidad al conocer los acontecimientos. Dos camareros
me cogieron por el brazo y me escondieron en un patiecito”.
En esa ocasión no rompió su espada, como tantas
veces se ha repetido, pero tiempo después la entregó
a las autoridades españolas, fuera de la Isla antillana.
Años más tarde sus ideas se recogieron en la
letra impresa, cuando expresó: “•Aquella
noche de insomnio y pesadillas la recuerdo ahora como un delirio
confuso, como un tormento borroso. Era el tormento de un hombre
al que le arrancan de cuajo sus sentimientos más arraigados
y todas sus ilusiones”.
Bibliografía
- Alavez Martín, Elena.
““Nicolás Estévanez: su accionar
ético”. Editorial Ciencias Sociales. La Habana.
2009.
-Pichardo Viñals, Hortensia. “José Martí.
Lecturas para jóvenes”. Selección y comentarios.
Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, 1960.
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