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José Martí, el Mayor General
Por Matilde
Salas Servando

En 2004 la Editorial Verde Olivo
publicó el libro “El pensamiento militar
del mayor general José Martí”, de
Fernando Rodríguez Portela.
(Tomada de www.openlibrary.org) |
El año 1895 fue de una especial significación
para Cuba y también para el Apóstol de nuestras
libertades, José
Martí.
En la última década del siglo XIX arribó
a la Patria por última vez, el 11 de abril “a
las 8 de la noche, negro el cielo del chubasco”, tal
como lo describe en una carta que escribió “al
romper el sol del 15 de abril, en una vega de los montes de
Baracoa
”, en el propio año 1895, la que estaba dirigida
a sus “hermanos queridos” Gonzalo de Quesada y
Benjamín Guerra.
A lo largo de esa histórica misiva, el habanero refleja
como “el primero de abril por fin salimos, a las tres
de la mañana, asaltando en los botes abandonados de
la playa la goleta Brothers que nos esperaba afuera”
y más adelante da a conocer la composición del
grupo recién llegado, que estaba conformado por el
“General
Gómez, Paquito Borrero, Ángel Guerra, César
Salas, joven puro y valioso de Las Villas, Marcos del Rosario,
bravo dominicano negro y yo”.
De esos primeros momentos de su estancia en Cuba, a la que
llegó José Martí junto a sus compañeros
por el lugar conocido como La Playita, al pie de Cajobabo,
en la actual provincia de Guantánamo,
hay una anécdota que recoge en esa epístola,
y que por su gran importancia ha quedado insertada en la historia
de Cuba, como un testimonio vivo de aquellos momentos. Martí
comenta:
“General, me llamaba nuestra gente desde que llegué,
y muy avergonzado con el inmerecido título, y muy querido
y conocido, me hallé”. Y añade: “al
caer la tarde vi bajar hacia la cañada al General Gómez,
seguido de los jefes, y me hicieron seña de que me
quedase lejos. Me quedé mohíno, creyendo que
iban a concertar algún peligro en que me dejarían
atrás. A poco sube, llamándome, Ángel
Guerra, con el rostro feliz. Era que Gómez, como General
en Jefe, había acordado, en consejo de Jefes, a la
vez que reconocerme en la guerra como Delegado del Partido
Revolucionario, nombrarme, en atención a mis servicios
y a la opinión unánime que lo rodea, Mayor General
del Ejército Libertador”.
Con su modestia característica y pleno de alegría,
José Martí exclama finalmente: “¡De
un abrazo, igualaban mi pobre vida a la de sus diez años!”,
lo que equivale a decir que sus grandes méritos como
incansable batallador y organizador de la Guerra Necesaria,
fueron reconocidos por sus compañeros en el campo de
batalla.
La doctora Hortensia
Pichardo, entre otros importantes historiadores cubanos,
reconoció esa hermosa cualidad de José Martí,
cuando expresó:”Modestia y alegría roban
el ánimo de Martí en este punto. Otros habían
tenido que ganar muchos combates en la Guerra de los Diez
Años para alcanzar el grado de Mayor General…
A él de todos modos le satisfacía ver medida
en toda su magnitud su obra de hacer la guerra. Máximo
Gómez al nombrar a Martí Mayor General buscaba
revestirlo de autoridad militar en el terreno de la guerra”,
lo cual era indispensable para que los hombres que entonces
se encontraban sobre las armas en el campo de batalla acataran
sus órdenes.
Días más tarde, el 19 de mayo de ese azaroso
año de 1895, el Apóstol fue herido de tres balazos
en combate, a consecuencia de lo cual murió de inmediato
a los 42 años, en la zona de Boca de los Dos Ríos,
“de cara al sol” como era su anhelo, después
de dar, con su presencia en el campo de batalla, el patrón
de su prédica viril.
La Revolución por la que luchó continuaba su
marcha, que a partir de entonces sería indetenible,
como perdurable su ejemplo.
Bibliografia
- Colectivo de autores. Atlas histórico biográfico.
José Martí. Instituto Cubano de Geodesia y Cartografía
y Centro de Estudios Martianos.1983.
- Pichardo Viñals, Hortensia. Selección y comentarios.
“Lectura para Jóvenes. José Martí”.
Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana. 1960.
- Pino-Santos, Oscar. “Historia de Cuba. Aspectos fundamentales”.
Editora del Consejo Nacional de Universidades. Segunda edición.
1964.
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