| 50ma.
Serie Nacional de Béisbol
El premio flaco
En Cuba se hace imprescindible un mayor reconocimiento
para los bisoños que se alcen con el premio al Novato
del Año. Los “Tres Mosqueteros” que esta
temporada luchan por el galardón así lo ameritan.
Por Aliet Arzola Lima, estudiante de
Periodismo
En el béisbol cubano no se toman
muy en cuenta los premios individuales. No me refiero a los
liderazgos en los distintos departamentos ofensivos, defensivos
y de pitcheo —los cuales la afición sí
sigue con recelo, pues algunos representan verdaderas batallas
campales que, incluso, pueden salvar temporadas no tan atractivas
en otros aspectos—. Hago referencia a galardones como
el Jugador Más Valioso, los Guantes de Oro o el Novato
del Año.
Estas distinciones con frecuencia las olvidamos y no les damos
toda la relevancia que en verdad ameritan, situación
radicalmente opuesta a la de las principales ligas de béisbol
del planeta, donde al final de cada contienda existe tanta
expectación por despejar las incógnitas en torno
al conjunto campeón, como por conocer los hombres más
valiosos o los mejores managers, este último gallardete
que no tiene por qué coincidir con el mentor de los
monarcas.
En Estados Unidos, por ejemplo, un inmenso grupo de especialistas
se reúnen para designar en cada una de las ligas (Americana
y Nacional) al mejor lanzador, quienes reciben el prestigioso
premio Cy Young. Así mismo ocurre con los Guantes de
Oro o los Bates de Plata, que se entregan por posición.
Ahora, si uno de estos puestos honorarios realmente no despierta
tanto interés es el Novato del Año. En Cuba.
Pudiéramos realizar una encuesta acerca de los afortunados
que, por su rendimiento apenas salidos del cascarón,
merecieron tal distinción en la última década,
y seguramente muy pocos acertarían en sus respuestas.
Lejos, en un recóndito rincón de la memoria
del aficionado criollo, queda el recuerdo de Yohandry Urgellés
“quemando” la liga con Metropolitanos en el año
2000, cuando los diamantes le quedaron pequeños y bateó
hasta la saciedad. Igualmente sucede con Pedro José
Rodríguez Jr., quien en el 2001 nos hizo soñar
a muchos con batazos a la manera de su progenitor.
Después han pasado otros como los granmenses Yordanis
Samón y Alberto Soto, el villaclareño Yosvani
Pérez —novato sui generis con 30 primaveras—,
el habanero Yadier Pedroso, el guantanamero Michel Gorguet
o los capitalinos Frank Montieth, Raiko Olivares y Yusef Amador.
¿Recuerda usted cuando todos estos peloteros obtuvieron
el reconocimiento por ser los “primerizos” más
destacados en la Serie Nacional? Realmente cuesta trabajo,
sobre todo porque algunos no logran mantener el nivel en sus
respectivas carreras, y además, no reciben todo el
reconocimiento que debieran. Eso sí: hay novatos realmente
estelares, como es el caso de Kendry Morales.
En esta 50ma. Serie Nacional, que
pasará a la historia por la ausencia de Industriales
y Santiago de Cuba en los play off o por la trepidante lucha
en el liderato de jonrones, Tres Mosqueteros serenos, introvertidos
y de semblante serio resaltaron sobre el resto de los que
vivieron su primera experiencia en el clásico de las
bolas y los strikes.
Dayán Lazo, Gerardo Concepción y Yadir Rabí
son los firmes candidatos a Novatos del Año, pero en
honor a la verdad los tres tienen méritos suficientes
y merecen llevarse “el gato al agua”, pues aparecieron
a manera de bálsamo para sus respectivos managers en
La Habana, Industriales y Ciego de Ávila. Su rendimiento
quedó fuera de duda y lo más importante: sin
ninguna experiencia en el máximo nivel aceptaron responsabilidades
en conjuntos donde la exigencia se multiplica, pues siempre
se encuentran envueltos en duelos de alta tensión.
Con 26 abriles y luego de varias temporadas quedando al borde
de integrar el primer equipo, Dayán Lazo hizo por fin
el grado y se convirtió en “vaquero”. Desde
el inicio fue un dolor de cabeza para los lanzadores contrarios,
y Esteban Lombillo lo mantuvo en puestos importantes de la
alineación durante 80 desafíos, la mayoría
como designado, en los que promedió 339 con un alto
por ciento de embasado (443), fruto de 94 inatrapables, 41
boletos y 14 pelotazos.
El ambidextro produjo 106 carreras (52 anotadas, 63 remolques
y seis vuelacercas); líder en su novena, impulsó
al 32,6 % de los hombres que encontró en posición
anotadora y 19 veces trajo el empate o la ventaja, números
de un extraclase.
Gerardo Concepción acaparó la atención
del aficionado industrialista, que vio en él la máxima
satisfacción en una temporada para el olvido. El zurdo
de 18 años era un perfecto desconocido, pero las profundas
deficiencias del pitcheo azul, unidas a la eterna e inesperada
lesión de Arley Sánchez, lo obligaron a asumir
el rol de serpentinero estrella en el staff giraldillo.
Con excelente ubicación de sus envíos, una recta
frisando las 90 millas y una buena curva, en 16 aperturas
y más de 100 entradas lanzó para 3.36 limpias,
noveno en todo el campeonato, ganó diez encuentros
y le batearon apenas 268, guarismos que lo convirtieron en
el hombre más confiable desde el box para Germán
Mesa.
No fue menos el derecho de 22 años, Yadir Rabí,
quien evitó muchos dolores de cabeza a Roger Machado
en Ciego de Ávila. Alejados Vladimir García,
Maikel Folch y Yander Guevara de sus mejores performances.
Rabí sacó la cara como relevista intermedio
y salió triunfador en siete partidos con aceptable
3.66 limpias por choque.
Con semejantes credenciales coincidirán conmigo en
que los tres merecen un reconocimiento, hecho que no sería
inédito, pues ya en cinco ocasiones (1988, 1989, 1992,
1997 y 1998) el premio al Novato del Año recayó
en más de un jugador. Solo resta esperar por el veredicto
final.
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