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Economía de letras

Cuestión fonética

Por Mongui

Teléfono celular.
(Foto: Archivo)

“Osval2, t spero oi, 4 dl td”. Así de sencillos están siendo elaborados los mensajes a través del celular. “¡Un poco raro!”, dirán algunos, pero no me negarán que se entiende: “Osvaldo, te espero hoy, a las cuatro de la tarde”.

Las variaciones para economizar palabras desafían lo inimaginable, tanto que los puristas de la lengua están escandalizados ante la “avalancha tecnológica” y el consiguiente deterioro de los tradicionales símbolos de escritura.

Sin embargo, siempre ha sido igual desde que se empezó a fijar el lenguaje en piedra, arcilla, madera, piel curtida o en rollos de papiro. Sin duda alguna, el sistema simbólico escrito se ha ido minimizando con el tiempo.

Tras las huellas del lenguaje escrito
La escritura fue un invento que tuvo la misión secundaria de reproducir el lenguaje articulado, de manera que este perdurara, incluso, más que el propio emisor.

Al principio implicaba ideas enteras, lo cual requería altas 1100 cuotas de esfuerzo para descifrar —lo más cercanamente posible— la intención del escribiente. Dicho de otra manera, no siempre el mensaje cumplía su misión, pues suponemos que a veces se distorsionaba por complejo.

Según la Enciclopedia Microsoft Encarta 2009, el primer escrito que se conoce se atribuye a los sumerios y es anterior al año 3000 a.n.e.

“Como está escrito con caracteres ideográficos —asegura el documento—, su lectura se presta a la ambigüedad, pero está presente el principio de transferencia fonética y se puede rastrear su historia hasta averiguar cómo se convirtió en escritura deosilábica”.

Se sabe que a partir de las escritura cuneiforme heredada de Mesopotamia y de los jeroglíficos egipcios, los fenicios idearon un alfabeto mucho más preciso y breve, que tomaron luego los griegos, quienes separaron vocales y consonantes para su mejor comprensión.

Con todo, ahí no terminaron las reducciones. La española ñ, por ejemplo, surgió con el objeto de evita repetir dos n consecutivas (nn). Para sintetizar, se agregó a la primera el conocido acento que la caracteriza, mientras la segunda desaparecía.

Pero no siempre ha podido primar el criterio de la síntesis, so pena de estimular la incomunicación. Tal fue el caso de la i, cuyo punto superior emplearon los monjes copistas de la Edad Media, cuando en su escritura cursiva un par de ies seguidas se prestaba a confundirse con la letra u (ii por u).

Se modifica la Academia
La Real Academia Española (RAE) es la institución encargada de fijar, regular y legitimar la lengua, pero en definitiva, todos sabemos que el lenguaje lo hace el pueblo.

Para que la Academia acepte cambios, suelen ya los términos y estilos haberse impuestos desde mucho, y no siempre reciben la aprobación. En cambio, su coordinador Salvador Gutiérrez Ordóñez admitió recientemente unas pequeñas modificaciones aprobadas, que implican la economía de signos, para ser coherentes con los usos de los hablantes y las reglas gramaticales.

Pero no solo la que fija la lengua da el visto bueno, sino que también predica con el ejemplo: desde 1960 la RAE no pone tilde ni a “solo” ni a los demostrativos. En ese sentido todos los académicos de la Lengua panhispánicas reunidos en Guadalajara, México, acordaron dejar a discusión del que escribe acentuar o no las palabras “solo, este, esta, estos o estas”.

Lo mismo para la acentuación o no de la letra “o” entre números, pues afirma que las viejas ortografías se preparaban pensando en que todo el mundo escribía a mano. Hasta ahora, la conjunción o se escribía con tilde cuando aparecía entre cifras (4 ó 5 millones), como excepción de las reglas de acentuación del español. Sin embargo, los teclados de ordenador han eliminado el peligro de confundir la letra o con la cifra cero, de tamaño mayor.

Acortando caracteres
“Uso abreviaturas y acorto las frases, porque es rápido y cómodo”, explica Yani sobre el ahorro de palabras y letras cuando de comunicarse con celular se trata.

Ella no es la única. Yeikel hace lo mismo, porque —asegura— “es más barato y, si sobrepasas determinada cantidad de caracteres, te sube la cuenta del teléfono. ¡Y hay que pagarlo en divisa!”

El método de escribir en clave gana preferencia, sobre todo entre la juventud, y no precisamente porque quieran ocultar o enmascarar las ideas, sino para ganar tiempo y dinero. De ahí que se establezca un novedoso código electrónico, el cual llama la atención de los especialistas en gramática.

Ponderan los más insospechados sucedáneos, como tb para expresar también; k o q, que; x puede significar abrazos o besos (por la forma que comúnmente adquiere la boca cuando besamos); mientras te amo se abrevia del inglés I love you, de lo cual resulta ily.

Estos mensajes tienen poco cuidado por el uso de las mayúsculas, acentos u otros recursos que puedan dificultar la inmediatez, en detrimento del buen escribir y el respeto de las reglas ortográficas.

Pero la modalidad ha calado tanto, que asalta la Internet, los email y hasta permea la elaboración de los correos tradicionales que hacen suya la economía palabrera.

El fenómeno, por su funcionalidad y estilo, viene usándose desde mucho antes, cuando se inventó el telégrafo y el teléfono; solo que ahora, gracias al desarrollo vertiginoso de las nuevas tecnologías es que se puede hablar verdaderamente de una dimensión social en cuanto a economía de letras, uso de acrónimos, siglas, abreviaturas, apóstrofes, números y letras.

Cuando la fonética impera
Más que la forma, importa el sonido y, créanme, no estamos descubriendo el agua tibia, pues cualquiera sabe que toda letra se compone de un símbolo gráfico (el que vemos) y de un grupo fónico, que escuchamos.

Esta correspondencia funciona igual, aunque mucho más abreviada, en los códigos digitalizados que se imponen.

La letra x, ya lo dijimos, puede expresar ¡abrazos!, por lo de las barras cruzadas que sugieren un apretadísimo (léase afectuoso) saludo; pero es más habitual el uso en la palabra por, teniendo en cuenta su significado en la multiplicación (ej. 2 x 2).

El mismo principio llevó al signo + a sobreponerse sobre el vocablo homólogo (más).

Para manifestar los fonemas de, te o se, basta colocar gráficamente las consonantes d, t y c, que suenan del mismo modo, ocupan menos espacio y ¡nos dejan el problema resuelto!

En otros casos, las iniciales dicen mucho y —volvemos sobre lo mojado—, no es nada nuevo, sino la adaptación a contextos y tecnologías diferentes.

Muchos documentos del pasado fueron parcos en cierta palabras habituales: e.s.m., poníase para designar en sus manos; S.M., Su Majestad, Ud., por usted, etcétera.

No debe escandalizar, entoces, que el lenguaje como ente vivo y dinámico asuma abreviaturas tan originales como tqm (te quiero mucho), pq (porque o por qué) o tpco (tampoco).

Sin lugar a duda, la fonética impera.

No es lo mismo ni se escribe igual
Expertos en comunicación, filólogos y antropólogos, entre otros, andan preocupados por el destino del idioma. Sucede que la mayoría pone el grito en el cielo ante el indiscriminado uso de la tecnología, en detrimento de la gramática.

Argumentan que la nueva generación, como regla general, irrespeta el empleo de los más elementales signos de puntuación, amén del perjuicio que viene resintiendo la ortografía y la redacción.

Evidentemente, el ahorro de letras y palabras permite agilidad, pero pierde en intencionalidad. El lenguaje resulta, a las claras, frío, plano e insípido.

Como andan las cosas, será difícil descubrir en un futuro no lejano cuánta “bomba” se le está poniendo a la información. No se lee igual tngo dseos d vt. t estrñ mch.1o); que tengo deseos de verte…, ¡te extraño mucho..! ¡¡¡Un beso!!!”

Función y forma
Lo importante, a nuestro juicio, está en discernir qué estamos escribiendo, para quién y en qué momento.

Cerrarles las puertas a las posibilidades tecnológicas, constituiría una aberración. Celulares, email, Internet, forman parte de nuestra vida, son herramientas que agilizan la comunicación y resultan insustituibles para el mundo moderno.

No obstante, la forma tradicional de escritura tiende a perdurar sin antagonismos con su homóloga electrónica, porque solo a través de la expresión correcta se puede narrar con elegancia y fiabilidad lo bello del entorno, nuestras sensaciones más íntimas…, el color del sonido..., ¡valga la metáfora!

La segunda, de no ajustarse, correrá el riesgo de continuar como una variedad “espía”, mercenaria del tiempo, pero con la indiscutible virtud de llegar simultáneamente a varios receptores de manera tan veloz que ninguna carta, libro o revista de papel jamás alcanzó.

Visto desde este ángulo, ambas formas tienen su función, y el cultivo del idioma no está reñido con el desarrollo tecnológico.

Empero, para escribir en clave, es necesario —primero— aprender a hacerlo bien. Solo así podrás comunicar conscientemente del modo, por y para quién lo desees, sin que te devore el facilismo.


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