| Alwin
Damián
Echando versos del alma
Por Kalika
Kofi
Fotos: Wildy
 “Al cantante puede cruzársele
una flema; puede írsele un ‹gallo›;
puede sufrir un fallo técnico… Suelo sincerarme
con los presentes cuando esto me sucede: es mi modo de
comunicarme, ¡a un artista lo hace el público!”
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Hace un año que los terceros viernes de cada mes Alwin
Damián conduce el espacio Echando versos del
alma. La cita es en la calle 17 del Vedado, esq.
a D, sede de la Sociedad
Cultural José Martí.
El día que asistimos cantó “Soñaba
“ y “Fiebre de ti”, de los cubanos José
Valladares y Juan Arrondo, respectivamente; “Qué
será de ti”, del brasileño Roberto Carlos;
“Un amor para la historia”, del boricua Yoel Henríquez;
“No, Llorando por dentro”, “Dónde
estará mi primavera”, de los mexicanos Armando
Manzanero, Arturo Castro y Marco A. Solís, en ese orden;
y “Amor mío”, del español Manuel
Alejandro. Con frases de estas piezas guiamos la conversación.
Templanza y paciencia
“Soñé que era un príncipe
azul, un laurel, una hoja de acacia”, dice Valladares,
¿y usted?
SJ: “El texto expresa la filosofía
del sueño, de lo máximo a que puede aspirar
una persona. Mis ansias van desde percibir por el aplauso
del público, que llegué a comunicar un sentimiento,
hasta escalar otros peldaños, por ejemplo, grabar un
disco o cantar en el escenario más grande del mundo.
“También hay otro anhelo recreado por la letra:
‘Soñé que era el mar tierra firme a pisar,/
por donde todos podíamos cruzar,/ y querernos como
hermanos’. Quisiera que los asistentes sintiesen la
necesidad de vivir valores como la fraternidad y la ayuda
mutua, convencidos de que nada se da sin la concurrencia del
empeño”.
SJ: “Arráncame, Dios mío, esta
idea tan morbosa/”, clama Arrondo, “desearla siempre
sobre todas las cosas”. Para no perder empuje, ¿qué
se arrancaría?
“Si existiera, le pediría a ese Dios que me
arrancase toda la impaciencia, que es el mayor defecto que
yo pueda tener, y cierta inclinación a la ociosidad.
Para conseguir un objetivo suelo depender del arrojo de otros,
y soy un tilín pesimista.
“Además desearía que removiese,
ya no de mí, sino en derredor mío, todas las
injusticias: a los artistas que ahora comenzamos nos cuesta
promovernos; figuras ya establecidas, conciente o inconcientemente,
suelen cerrarnos el camino”.
Sin concesiones
SJ: “Sé que esta sed de amarte me hace
bien”, confiesa Roberto Carlos. ¿Coincides con
él?
“Para mí, el mayor bien está en la aceptación
del público. Podría no tener ánimos para
hacer, digamos, más de siete canciones, pero una vez
que interprete la primera y gane su aplauso, ya tendría
fuerzas para cantar 100.
“De igual forma siempre hay amigos apoyándome,
y aquí incluyo a los autores que creyeron en mí
para defender sus piezas, como son Pedro Vasallo, Rigoberto
Otaño y Roberto Borrego. Sin ellos tampoco sería
posible seguir esta carrera; el éxito de muchas profesiones
dependerá de cuánto te ayude la pareja, la familia,
la gente que se mueve alrededor”.
SJ: Parafraseando al Yoel Henríquez de “Un
amor para la historia”, ¿cuál es “tu”
bandera?
“Despojándome de la falsa modestia, mi estandarte
es la creencia en mi talento, en que reúno un grupo
de requisitos técnicos, artísticos y hasta espirituales
para lograr el éxito y alcanzar las metas que me proponga.
“La pregunta viene a propósito para definirme
como cantante de música ligera. Grandes creadores del
género aportaron y siguen contribuyendo con verdaderas
joyas al idioma español, mas lamentablemente dicha
clasificación musical suele relegarse.
“Reconozco que pocas veces hago música bailable;
en verdad no me veo como tal. Comprendo que en ocasiones el
público, y con más fuerza el mercado, me requieren
en esa actitud. Desearía conseguir lo que lograron
el mexicano José José, el español Nino
Bravo y otros artistas cubanos y extranjeros: preservar el
estilo sin concesión al qué dirán o pedirán”.
| Además de por la
Sociedad Cultural José Martí, Echando versos
del alma es copatrocinado por la Dirección de Cultura
del municipio capitalino de Plaza de la Revolución,
la Agencia Artística de las Artes Escénicas
(ActuAr) y el Centro Provincial de la Música Adolfo
Guzmán. Vincula las manifestaciones artísticas
a la obra del Apóstol. Yusuan Palacios, presidente
del Movimiento Juvenil Martiano en La Habana, es conferencista
habitual. En pasadas ediciones el filólogo Salvador
Arias disertó sobre Martí y la Música,
y la investigadora Mª Caridad Pacheco, del Centro
de Estudios Martianos, sobre los nexos de Martí
con las Islas Canarias |
Comunicación y esperanza
SJ: ¿A quién responsabiliza por el rechazo
a la llamada balada, canción romántica o música
ligera?
“Desde las propias disqueras, desde los medios de comunicación
o información, se imponen otros patrones, gustos y
géneros musicales. Vengo de presentarle un proyecto
a una casa de discos. ¿Cuál fue su respuesta?
Que este año no estaban apostando a ningún talento
novel, por asuntos de presupuesto tenían que arriesgarse
a lo seguro…”
SJ: A la hora de interpretar “Llorando por
dentro”, declaraste: “Es de las canciones que
‘me sacan lejos’ ”.
“Está entre mis preferidas; logra
implicarme como ninguna en la historia que cuenta. ‘¿Qué
puedo hacer, vida mía?/ ’, rezan sus versos,
‘no hay solución/ no la encuentro,/ solo me queda
el consuelo/ de llorar por dentro’. Tal vez signifique
toda la frustración experimentada por la persona que,
náufraga de un amor imposible, por ejemplo, no alcanza
sus aspiraciones.
“No es mi caso, soy un hombre feliz en varios aspectos
de la vida. No soy de los que se queda llorando; no sería
ese mi consuelo; buscaría alternativas. Para llegar
a ser profesional crucé el Niágara en bicicleta
y sigo pedaleando. Quizás a esta tenacidad se refiera
Marco Antonio Solís: ‘Buscaré a mi modo
continuar…/ No me dejaré de preguntar/ dónde
estará mi primavera,/ dónde se me ha escondido
el sol/ que mi jardín olvidó’ ”.
SJ: Gracias al “Amor mío”, de
Manuel Alejandro, fue enfático en el cierre: “Cuídate,
amor mío, cuídate./ Duerme bien…/ Abrázame…/
Háblame…/ Bésame… / Escríbeme…”
Es la manera de mantener la comunicación y
la esperanza. Todos estamos llamados a eso: los asistentes
a Echando versos del alma, y los lectores
de SJ.
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