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Jóvenes de hoy


Fenómeno evitable

Por Heldrys Contreras
Composición fotográfica: Carlos Javier


Composición fotográfica.

Un padre grita improperios a su hijo de ocho años. Una hija niega al padre anciano la atención requerida. Un discapacitado es despojado de su casa por el familiar más cercano. Una mujer es acribillada a balazos por un amante celoso. Un joven asesta 20 puñaladas a otro por un malentendido. Un avión estalla en pleno vuelo como resultado de un ataque terrorista. Una nación es privada de comerciar con otros estados cercanos.

¿Cuál es el común denominador de estas acciones?: la violencia, el desprecio a la vida, el irrespeto a la integridad del prójimo, el querer imponerse a toda costa y a todo costo. En otras palabras, el ejercicio brutal de la supremacía.

Develar un fenómeno
Desde los inicios de la civilización, la violencia ha acompañado al ser humano. Ya en la Biblia se hace referencia al homicidio, cuando Caín asesina a su hermano Abel.

Las causas son multifactoriales. Concurren elementos sociales, crisis económicas, aumento de la densidad poblacional, desempleo, miseria, impunidad, exclusión de minorías sociales, étnicas, religiosas o políticas.

Cuba no escapa del fenómeno, que para algunos, incluso, comienza a ser preocupante, teniendo en cuenta que toda expresión que separe, marque una diferencia y actúe como elemento de exclusión, constituye una manifestación de violencia.

Asimismo, ponderan causas como el alcoholismo, la promiscuidad, el hacinamiento, la coexistencia de varias generaciones en un mismo espacio doméstico.

El agresivo nace, el violento se hace
Algunos especialistas plantean que el agresivo ‘nace’, mientras que el violento ‘se hace’. Para la Doctora en Ciencias Médicas Teresa García Pérez, especialista en 2do. grado en Psiquiatría del hospital Joaquín Albarrán, “la agresividad sana es la que permite que el ser humano sea competitivo, es decir, que se imponga a las dificultades; no obstante, cuando ya escapa del control de un rango medible, entonces puede ser perjudicial. La cuestión es cómo se modula esa agresividad”.

“De este modo existe la violencia instrumental, la que ‘se hace’ (el individuo aprende a ser violento para conseguir un fin), y la violencia reactiva o impulsiva, que depende del temperamento de las personas, de una serie de características del sistema nervioso central, a partir de las cuales determinadas personas son reactivas o no”.

Ilustración.

Lo que dice la ciencia
Investigaciones genéticas responsabilizan a la serotonina como enzima controladora de las actitudes agresivas. La interrupción del sistema de serotonina (5-HT) ha estado tan ligada a la violencia que —afirman los especialistas—, un desajuste en su producción afecta el control sobre esa actitud humana.

Referencias importantes identifican daños a determinadas zonas del sistema nervioso central del feto, a partir de malos procedimientos obstétricos, de hipoxia (falta de oxígeno) durante el trabajo de parto o de cesáreas en las que se utilizó determinado anestésico, lo cual puede traer como consecuencia que se manifiesten conductas violentas en la adultez.

Análisis del perfil psicológico de víctimas y maltratadores arrojan que se establece una relación simbiótica y patológica entre ellos. Ambos son personas inseguras, con dificultades en el control de su comportamiento y baja autoestima.

Por otra parte, los roles de víctima y victimario son intercambiables. Adultos mayores que son maltratados, por lo general, fueron jóvenes maltratadores y los que los dañan ahora fueron sus víctimas cuando eran niños o adolescentes.

La otra cara de la moneda
Dayana*, una adolescente de 15 años, festejaba con una amiga y conocieron a un par de chicos, quienes les brindaron un supuesto cóctel de frutas. Su acompañante se negó, pero ella aceptó y, a la mañana siguiente, despertó con la ropa deshecha a un costado de la carretera, víctima de una violación.

No pocas actitudes irresponsables, como la anterior, traen consecuencias dolorosas, sobre todo entre la juventud, que por lo general se cree invulnerable bajo el presupuesto de “aquello a mí no me pasa”.

Justamente para colaborar con la educación en estos temas, la Casa de Atención a la Mujer y la Familia, de Plaza de la Revolución, cuenta desde 2003 con un equipo de atención intersectorial a la violencia, con el cual colaboran instituciones como la Clínica del Adolescente, y el Centro de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes del Ministerio del Interior, entre otras.

“Además de acudir a las Casas de cada municipio del país —refiere Yakeline Calderón Montoya, técnica de Prevención y Atención Social de la institución—, las víctimas de acciones violentas pueden hacerlo también al médico de familia o área de salud, a la Comisión Municipal de Educación o al Servicio de Orientación y Terapia Sexual, a los centros comunitarios de Salud Mental, a las oficinas de atención a los derechos ciudadanos de las Fiscalías Municipales y a los órganos de la Policía Nacional Revolucionaria”.

Invisibilización de lo cotidiano
Otra forma de violencia que se ha hecho cotidiana es la social y comunitaria. En los medios de transporte masivo, por ejemplo, la gente empuja, grita... Se sabe que los ómnibus vienen atiborrados de personas deseosas por llegar a su destino, mas no por eso debemos irrespetar la cola y subir a empellones, sin considerar que delante puede estar una embarazada o un padre con su niño pequeño en brazos, así como no ceder el asiento a un impedido físico o mental.

Muchas veces parece legitimarse la violencia, incluso, en algunos video clips resaltan al “tipo duro” o presentan a la mujer como objeto sexual, lo que trae como resultado una invisibilización del fenómeno desde el punto de vista comunitario e intrafamiliar.

Prevención y comunicación
Con el triunfo revolucionario del Primero de Enero de 1959, muchas formas de violencia, como cualquier tipo de discriminación por origen, raza, sexo o credo quedaron prohibidas oficialmente. Sin embargo, es muy difícil eliminarlas de la conciencia de la gente.

Cuando Daylín * (23 años) se casó con Joel *, nunca imaginó que la realidad conyugal sería distinta a la del noviazgo.

“Durante la etapa de novios, él era muy amable y cariñoso. Me satisfacía cuanto capricho anhelaba. Pero una vez casados todo cambió. Fue como si hubiesen puesto a otra persona en su lugar. Después de la luna de miel comenzaron los insultos, las humillaciones y hasta las agresiones físicas.

“Realmente yo lo quiero y, como él me mantiene, continúo con el matrimonio. A veces lo entiendo, ya que yo lo provoco”.

Criterios como este son comunes, lo cual nos convierte, a menudo, en cómplices del fenómeno. Cualquier manifestación de violencia es siempre nociva y, por tanto, debemos rechazarla.

Ese, en definitivas ha de ser nuestro corolario.

*Respetando la petición de los entrevistados señalados con asteriscos, hemos decidido cambiar sus nombres, aunque los testimonios son reales.

Ellos opinan sobre la violencia


Mahatma Gandhi.
La contrapartida:

La expresión “No violencia” llega a Occidente a través del pensador indio Mahatma Gandhi , que en 1920 tradujo al inglés la palabra ahimsa, un término sánscrito, empleado por la literatura hinduista, jainista y budista, que significa “rechazo a hacer daño o violencia a un ser vivo”. La ahimsa es la toma de conciencia, dominio y transformación del deseo de violencia que está en el ser humano. La no violencia es una filosofía de vida, un modo de comprender el universo, el ser humano y sus relaciones con todas las cosas, que exige el cultivo de actitudes, una estrategia de transformación de la realidad. Es la lucha contra la violencia por medio de prácticas que rechazan hacer daño a los seres humanos o a los seres vivos.

 

 

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