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Los rostros de Teresa


Por Dargis Herrera, estudiante de Periodismo
Fotos Archivo

 

Las actrices cubanas Eslinda Núñez, Raquel Revuelta y Daisy Granados.

Con el triunfo revolucionario en 1959 y el inicio de un auténtico cine cubano, el tema de la mujer se comienza a plasmar con más profundidad y agudeza. En una sociedad que reconoce a las féminas todos sus derechos, que presencia el aporte cada día mayor de estas a la construcción del socialismo, solo podía concebirse un cine que tratara de captarla en su dignidad, coraje y determinación.

Hay tres filmes de principios de la Revolución que ilustran excelentemente la tesis de animación y participación femenina en la sociedad: “Retrato de Teresa”, de Pastor Vega; “De cierta manera”, de Sara Gómez, y “Hasta cierto punto”, de Tomás Gutiérrez Alea.

Las mujeres son representadas, principalmente, como luchadoras contra el machismo, se vuelven fuertes, independientes y libres de participar en el nuevo proceso como maestras, obreras o en disímiles actividades tradicionalmente atribuidas al varón.

Ellas quieren influir en el cambio de conciencia, son protagonistas de las ideas que preconiza la Revolución, mostrando una mujer fuerte, independiente, creativa y participativa. Aumenta así la posibilidad de construir patrones femeninos y masculinos distintos a los tradicionales, de fomentar una responsabilidad a la crítica y de cuestionar asuntos sociales y culturales como el machismo y la doble moral con el fin de crear también al “nuevo hombre”.

Esto es ejemplificado en “Retrato de Teresa” (1979), cuyo personaje central participa de la igualdad femenina en el trabajo en señal de rebelión contra las actitudes patriarcales que su marido Ramón tiene en casa.

La protagonista busca el apoyo de su pareja para compartir responsabilidades en el hogar, así ella puede insertarse más fácilmente en la sociedad como madre, esposa, estudiante, trabajadora, activista, pero sobre todo, con una base de paralelismo no solo en aspectos materiales, sino también humanos.

Por otro lado, a decir de la investigadora Belkis Vega, en “Hasta cierto punto”, Gutiérrez Alea se concentra más en la lucha que tiene Oscar de dejar a su esposa, que en las emociones personales y las esperanzas de Lina.

Las actrices cubanas Isabel Santos y Mirta Ibarra.

“A pesar de que Lina y Teresa son representadas en el cine de un modo diferente—patentiza—, todavía las mujeres no hablan con su propia voz y por lo tanto son encarnadas solo en términos de un discurso masculino”.

De modo interesante, en “De cierta manera”, dirigida por Sara Gómez, la representación de Yolanda es tan fuerte como la de Lina y Teresa, pero se diferencia en que tiene la oportunidad de expresar su frustración, sus opciones y sus sueños.

Yolanda es personificada como una mujer que no acepta ningún comportamiento machista que le impida desarrollarse profesional e individualmente. No en balde, explica Belkis Vega: “Teresa y Lina son mujeres que luchan entre la creencia revolucionaria de la igualdad y la emancipación, y los valores patriarcales tradicionales y las actitudes machistas que inhiben la exploración y la expresión de sus identidades, miedos, emociones y voces”.

Tomás Gutiérrez Alea ha indicado que Sara Gómez propone la pregunta de cómo el sexismo y el racismo podrían ser tratados después de la Revolución.

“Es así como Sara Gómez tipifica el machismo con el objetivo no solo de representar el problema —dice—, sino de emancipar voces femeninas a fin de encontrar una solución del problema y actuar en ello”.

El cine nacional como espacio genuino y revolucionario siempre ha abordado la realidad de las mujeres cubanas como en cualquier otra sociedad, personas que todavía se manifiestan contra el machismo, el patriarcado, las relaciones de poder, de género y la marginalidad.

Desde la creación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) hasta la actualidad, el cine de la Isla ha tratado los personajes femeninos a partir de perspectivas, enfoques y arquetipos múltiples, de acuerdo con el contexto histórico en que estos personajes se han desarrollado y al estilo y características de creación de los diferentes directores.

Sin embargo, el retrato que se ha hecho de la mujer cubana no se ha ceñido a un feminismo enfermizo, ni craso, ni a sobredimensionar su imagen, sino siempre en su justa medida.

Al contrario de las afirmaciones de que todas las mujeres que desempeñan papeles como madres y mujeres o como personajes sumisos y pusilánimes, el cine cubano detalla que no hay ninguna debilidad intrínseca o de inferioridad asociada con tales papeles dentro del marco conceptual de las féminas que apelan a la ética socialista de la igualdad.

Rostros como el de Daisy Granados, Eslinda Núñez, Idalia Anreus, Isabel Santos, Mirta Ibarra y Raquel Revuelta, por ejemplo, han dado vida en pantalla a personajes conmovedores y creíbles con los cuales hemos reído, llorado e identificado; personajes con quienes convivimos a diario en nuestros centros de trabajo, barrios, y en la comunidad en general.


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