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Pasión por el baile
Por Jesús
E. Muñoz Machín

Con dedicación y el empeño,
Omar espera poder bailar en una compañía
importante.
(Cortesía del entrevistado) |
Omar Hernández Herrera
es de esos jóvenes que tiene bien claro su futuro,
o al menos la esencia de lo que quiere hacer en su vida, según
sus propias palabras: “Bailar, bailar y bailar”.
Nacido en el municipio pinareño de Mantua, ubicado
a 247 km de La
Habana, Omar actualmente cursa el tercer año en
la Escuela
Nacional de Ballet (ENB), en la capital.
SJ: ¿Cómo llegas al ballet?
“Tenía nueve años. Estaba en la escuela
primaria, cuando llegaron los profesores de la Escuela Vocacional
de Arte (EVA) Raúl Sánchez, de Pinar
del Río, para hacer pruebas de captación.
“Después de la primera parte de los exámenes,
hicieron un concentrado con un grupo más reducido para
realizar la fase final. Todo salió bien y me seleccionaron”.
SJ: ¿Habías pensado antes en la posibilidad
de ser bailarín?
“Nunca en serio, pero como tengo dos primos en compañías
de baile sentía cierta inclinación por el ballet.
Además, Mantua es cuna de buenos bailarines, y eso
también sirvió de impulso”.
SJ: ¿Cómo fue tu paso por la EVA?
“Estuve cinco años en Pinar del Río. Fue
una experiencia muy linda y que intenté aprovechar
al máximo. Tuve excelentes profesores, gracias a los
cuales pude llegar a la ENB”.
SJ: Un giro de 180 grados.
“Recuerdo que al pase de nivel se presentaron 33 muchachos
de todo el país, de los cuales apenas escogieron a
15. Eso habla por sí solo de lo selectiva que es la
ENB.
“Al llegar a la capital, en el año 2008, todo
cambió, pues la exigencia es mucho mayor que en las
provincias. Por ejemplo, las clases se dividen en dos sesiones:
una está dedicada a las asignaturas de la especialidad
y la otra a la parte académica.
“Aunque la prioridad es el baile, no descuidamos las
materias como Español-Literatura, Historia, Cultura
Cubana, etc. Además, la competencia fraternal entre
los propios compañeros te obliga a ser mejor cada día”.
SJ: Pero la escuela te brinda posibilidades más
allá de las clases…
“Anualmente se efectúa el Concurso Internacional
de Ballet de La Habana, en el cual he participado en dos oportunidades.
El primer curso bailé ‘La Bella Durmiente’,
el segundo ‘Don Quijote’ y este año interpreté
‘La Bayadera’ “.
SJ: ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo
libre?
“Lo que más disfruto es jugar fútbol”.
SJ: Es un deporte bastante fuerte… ¿No
le temes a una lesión?
“Todo puede suceder, pero hasta ahora no he tenido ningún
problema físico. Los bailarines nos limitamos bastante
en cuanto a la práctica deportiva, pero yo trato de
divertirme y hacer lo que me gusta.
“Además, el fútbol es un deporte muy completo
y me ayuda a adquirir mayor fuerza, resistencia y agilidad.
Lo veo como un entrenamiento más”.
SJ: Provienes de una tierra de bailarines…
“En Mantua hay una gran tradición. Imagínate
que casi todos los pinareños que están actualmente
en la ENB, provienen de mi municipio. Casi me siento en casa”.
SJ: A pesar de encontrarte entre muchos conocidos,
¿cómo asumes la lejanía de hogar y la
familia?
“Extraño mucho la tierra. A veces estoy cuatro
o cinco meses sin ir allá y eso es muy fuerte. Pero
todo en la vida lleva sacrificio. Para ser un buen bailarín
hay que ser dedicado”.
SJ: ¿Qué bailarines admiras?
“Entre muchos, los que más sigo son Carlos
Acosta, “El mulato de oro”; Alejandro Virelles
y Joel
Carreño. Me identifico 100 por ciento con los bailarines
cubanos”.
SJ: ¿Y qué opinas de las nuevas generaciones?
“La calidad del ballet cubano está garantizada
con los jóvenes. Con cada generación mejoran
la técnica y la fuerza de los bailarines. La exigencia
es muy alta desde que te inicias”.
SJ: ¿Proyectos?
“Por ahora lo más importante es terminar la carera.
Después espero poder bailar en alguna compañía
importante. En el futuro solo veo algo claro: bailar, bailar
y bailar”.
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