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¿Simples accidentes?
Por Jesús
E. Muñoz Machín

El representante del ciclista belga
Wouter Weylandts declaró que el atleta se sentía
nervioso por la forma en que se corría la carrera.
(Tomada de www.3.blogspot.com) |
El pasado mes de mayo, los medios de todo
el mundo se hicieron eco de la muerte del ciclista belga Wouter
Weylandts en la tercera etapa del Giro de Italia.
La tragedia, según la versión
oficial, ocurrió cuando perseguía a un grupo
de escapados, a 25 kilómetros de la meta final del
recorrido. Al parecer, un pedal de su bicicleta contactó
con el guardarraíl a la salida de una curva y Weylandts
salió despedido al interior de la carretera, donde
chocó violentamente contra un muro. Perdía así
la vida un joven de apenas 26 años.
Confieso que quedé consternado
por el hecho, máxime cuando supe que el deportista
iba a ser padre el próximo septiembre. Pero más
allá del lamentable suceso, resulta indispensable reflexionar
sobre algunos aspectos que subyacen detrás de esta
y otras “repentinas” muertes ocurridas en los
últimos tiempos.
En primera instancia, creo que las federaciones
internacionales de las distintas disciplinas deben arreciar
la lucha contra el uso de drogas y estimulantes. Para nadie
es un secreto que mientras los amantes del juego limpio concentran
esfuerzos y recursos para desarrollar modernos centros de
control antidopaje, personas inescrupulosas crean nuevas sustancias
que incrementan el rendimiento y no tienen en cuenta los efectos
nocivos de estas prácticas para la salud de los atletas.
Por otra parte, las autoridades deportivas
de todas las naciones deberían plantearse con mayor
seriedad la evaluación de los entrenadores, pues muchos
no reúnen las condiciones necesarias para ser adiestradores
de un deportista de primer nivel. Un entrenamiento mal planificado
puede acabar con la carrera deportiva del atleta, e incluso,
provocarle daños físicos y mentales permanentes.
El S.O.S también va para los organizadores
de eventos deportivos, principales responsables de la construcción
y selección de escenarios competitivos peligrosos,
casi siempre para aumentar la espectacularidad de las lides.
Claro, esto garantiza el interés de los medios, quienes
articulan un verdadero show alrededor del “atleta-superman”.
No importa el peligro, ni que alguien termine lastimado. Eso
ocurre, son “simples accidentes”.
Pero lo más penoso es que los atletas
se han convertido en “máquinas” de hacer
dinero, y les exigen y se exigen ellos mismos por encima de
sus capacidades, solo para incrementar las ganancias.
Duele ver cómo el deporte deja de
ser una opción para mejorar la calidad de vida, una
fiesta de pueblo, un lugar común donde se liman asperezas
políticas y culturales, etc., para convertirse, simplemente,
en un lucrativo negocio.
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