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La lucha de un pueblo por los derechos de un niño
Las marchas multitudinarias y sistemáticas
del pueblo cubano exigiendo la liberación de Elián
González contribuyeron a que el 28 de junio de 2000
regresara a la Patria en brazos de su padre, tras un secuestro
por más de siete meses en Miami
Por Nancy
Pérez Medina

Momentos en que Elián González
bajaba del avión, en el Aeropuerto Internacional
“José Martí”, junto a su padre,
hermano y madrastra.
(Tomada de www.atenas.cult.cu) |
El Comandante en Jefe Fidel Castro ha dicho
que “La práctica consecuente de los derechos
humanos constituye una de las más hermosas banderas
de nuestra Revolución”, y esa premisa llevó
al gobierno y al pueblo de Cuba a apoyar a Juan Miguel González
Quintana, un ciudadano común, cuando quisieron retener
a su hijo menor de edad en Miami en contra de su voluntad.
La política cubana, basada en la
justicia social y la imparcialidad, ha permitido que la situación
de los niños sea comparable a la de los países
más ricos del mundo, lo cual ha sido reconocido por
el Fondo de Naciones Unidas para
la Infancia (UNICEF).
Los parientes lejanos de un menor, junto
a la mafia cubano-americana, pretendieron violar sus derechos.
La lucha por su liberación dio inicio a la Batalla
de Ideas que hoy nos llena de orgullo y nos mantiene dispuestos
a defender a la Revolución por lo que representa. Fue
un lamentable suceso que afectó al pequeño y
a su familia, que se ganó con unidad y solidaridad.
Ese pequeño se llama Elián
González Brotons y hoy, gracias a los esfuerzos realizados,
es un adolescente que estudia en una escuela
militar Camilo Cienfuegos y vive feliz en su patria, junto
a su familia, amigos y compañeros. El incidente tuvo
significativa relevancia en los medios de comunicación
en el año 2000.
Todo comenzó en noviembre de 1999, cuando Elizabeth
Brotons, la madre del niño, que aún no había
cumplido seis años, lo sacó ilegalmente del
país con el propósito de emigrar a los Estados
Unidos en un pequeño bote de aluminio con motor defectuoso.
La embarcación era manejada por un cubano residente
en Miami, novio de Elizabeth, dedicado al tráfico ilegal
de inmigrantes por dinero. Durante la travesía murieron
la madre de Elián y otras diez personas.
Solo sobrevivieron tres adultos y el niño
quienes, después de varios días a la deriva,
alcanzaron las costas de la Florida en una cámara de
neumático. Dos pescadores rescataron a Elián
y lo entregaron al Servicio de Guardacostas de los Estados
Unidos.
Juan Miguel González Quintana, el
padre del pequeño, no había autorizado la salida
de su hijo ni conocía de la misma, por lo que el acto
cometido por la madre podía considerarse un secuestro
y ser objeto de sanción penal, de acuerdo con las leyes
estadounidenses y cubanas. Pero, según la ley norteamericana
que alienta la migración de los cubanos a riesgo de
sus vidas (Ley de Ajuste Cubano de 1966), los habitantes de
la Isla, si alcanzan las costas norteñas, pueden solicitar
asilo político, mientras que los que son hallados en
el mar son devueltos a Cuba, o a terceros países que
los acepten.
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