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Mucho ruido
“Llegará el día en que el hombre empiece
a combatir el ruido con la misma vehemencia con la cual combate
hoy las plagas”.
Robert Koch, científico alemán |
Por Isabelle
No…, no se trata del serial que transmitió
hace un tiempo en el horario televisivo de Aventuras, el canal
Tele Rebelde, sino de lo que está sucediendo por estos
días, cuando pareciera que casi todo es posible para
el ser humano, incluso la capacidad de llevar sus potencialidades
físicas hasta el máximo.
Todo lo anterior, “gracias”
a los cientos de productos y aditamentos creados por la industria
del consumo, los cuales abren una supuesta posibilidad de
hacer y soportar lo inimaginable. Así lo demuestra
una simple ojeada y escucha a lo que la publicidad propone.
De tal suerte, pronto miles
de nosotros nos creeremos capaces de aguantar temperaturas
extremas tan solo haciendo uso de ciertas cremas elaboradas
por tal o más cual empresa. O tal vez nos sintamos
invulnerables ante los efectos de decenas de utensilios electrónicos
que rigen nuestras vidas, solo porque así lo enuncian
sus hacedores.
Y es que la publicidad puede lograr mucho, sobre todo allí
donde no exista la contrapartida para poner límites
entre lo real y lo fabuloso.
Contrapartida
Diariamente estamos expuestos a una poderosa gama de estímulos
sonoros; unos apenas audibles, otros de tal estridencia que
despertarían al mismísimo Morfeo.
Sí, la metáfora no debe ser
motivo de asombro, pues hoy, en una parte significativa de
las regiones pobladas del mundo, los niveles de sonidos rebasan,
por mucho, la línea de lo humanamente soportable.
En este sentido, datos recientes muestran
que los humanos cada vez oímos menos. El ruido se ha
convertido en nuestro acompañante habitual, a la vez
que se consolida como uno de los contaminantes más
frecuentes del entorno.
A pesar de su omnipresencia, llama la atención que
este sea pasado por alto, hasta el punto de no constituir
preocupación para un numeroso grupo de personas.
Es preciso diferenciar entre el disfrute
y el riesgo que puede generar una fuente sonora.
Sugerencias:
Utilizar los dispositivos portátiles a un volumen
de menos de la mitad de su capacidad máxima y por
un período no mayor de dos horas diarias. Si ya
se presenta algún nivel de daño auditivo
se debe buscar ayuda especializada. |
Entre el sonido y
el ruido
Según el doctor Fidel Escobar, especialista en Otorrinolaringología,
el sonido es una fuente sonora agradable que no produce malestar
al exponernos a ella. Por su parte, estamos en presencia del
ruido cuando lo que escuchamos se torna molesto o interfiere
el descanso, trabajo, estudio u otra actividad.
Claro, dicho concepto tiene sus matices.
Por ejemplo, el ruido, para serlo, no tiene que ser necesariamente
intenso. ¿Quién no ha despertado al escuchar
el zumbido de un mosquito cerca de la oreja, o le resulta
imposible conciliar el sueño por el persistente gotear
de una pila de agua mal cerrada?
Lo curioso de ambas situaciones es que sus
niveles sonoros son muy bajos y, sin embargo, molestan. De
ahí que las emisiones sonoras dependan, para ser clasificadas,
además de los efectos que provocan, del contexto en
el cual se produzcan, aunque existe un consenso generalizado
entre los especialistas de las barreras de tolerancia del
sistema auditivo humano.
Según estudios realizados en el área
de la audiología, nuestro aparato de escucha
NO puede soportar niveles superiores a 80 decibeles (1) sin
ser afectado.
Si una persona está expuesta a ello
durante mucho tiempo se genera una lesión irreversible
en el oído interno.
El único lugar en el entorno natural
donde se sobrepasa, y de manera constante dicho
indicador, es en las cataratas, y se ha comprobado que en
sus alrededores es inexistente la vida animal superior.
En cambio, algunas personas son capaces
de soportar sonidos ensordecedores que
sobrepasan, de manera sostenida, la frontera de la sanidad.
Sucede que el organismo se habitúa, como lo hace con
los olores fuertes. Para ello disminuye la sensibilidad, lo
que provoca que no se escuche el ruido o se perciba menos
que otros.
Lamentablemente el cuerpo excluye también
a sonidos que son necesarios. El resultado será una
degeneración en sordera temporal o permanente.
En muchas ciudades del mundo se exceden estos niveles, de
lo cual emana una notable contaminación auditiva. Ante
tal peligro, expertos en el tema han lanzado señales
de alerta.
Ruido portátil
A través de la historia podemos diferenciar una generación
de otra por las actitudes, gustos y valores que enarbolan.
La juventud de hoy se distingue por varias razones, pero quizá
sea la adicción a la música (alta) una de sus
peculiaridades más subrayadas.
¿Por qué? Esta manifestación
artística tiene entre sus variadas funciones la de
servir como elemento socializador. Analicemos una realidad
nocturna cualquiera. Por ejemplo, la dinámica de las
fiestas, discotecas o clubes, esas especies de templos a los
que acuden mayoritariamente los jóvenes en busca de
un placer instantáneo.
Allí, la música
rige casi toda acción, además de incrementar
el deseo de respirar más música, aun fuera de
estos recintos. Pareciera una especie de reflejo condicionado
entre música y alto volumen.
Sobre tal situación, estudios aseguran
que más de 30 horas tarda el oído humano en
recuperar su sensibilidad auditiva normal después de
estar expuesto toda una noche a altos decibeles; otros certifican
que el restablecimiento es solo parcial.
Ahora bien, para “beneplácito“
de los oídos, no siempre se tiene la posibilidad o
el tiempo para acceder a estos bulliciosos lugares, por tal
razón el excesivo uso de walkmans,
ipods, teléfonos celulares, reproductores
de CD y radios con auriculares, son las modas que más
preocupan a otorrinos, audiólogos y otros especialistas,
pues portatilizan y perpetúan los daños provocados
por el ruido.
Y es aquí donde los jóvenes
despuntan como grupo social de mayor riesgo, pues sus días
transcurren en una eterna oda hacia los “dichosos aparaticos”.
Atendiendo a esta especie de moda adictiva,
se estima que muchos sufrirán trastornos
auditivos en el futuro cercano por su asidua asistencia a
sitios de diversión donde la música suele escucharse
excesivamente alta o por el uso prolongado de audífonos
que amplifican las señales.
Ello ha comenzado a preocupar a los médicos,
no tanto por la apelación a la tecnología, sino
por su inadecuada utilización, lo cual puede llevar
a la sordera como efecto más negativo.
Inicialmente se producen pequeñas
pérdidas de audición progresivas que quizá
apenas se perciban al principio, pero que sin dudas, van sentando
las bases de un “silencioso” camino; para muchos
un proceso ajeno a los años de juventud. Sin embargo,
viene recortando distancias.
| La configuración
de los audífonos permite conectarlos a varios dispositivos
portátiles de uso común como el teléfono
celular, el IPOD, el MP3 y MP4, entre otros. En los últimos
años, el uso de los reproductores portátiles
de música se ha venido popularizando, principalmente
entre los jóvenes. Algunos de estos dispositivos
generan hasta 120 decibeles, cuando el oído humano
puede soportar sin dañarse solo la mitad. |
Hacia mi mundo
Los jóvenes nacidos en la era tecnológica son
seducidos diariamente por los sofisticados dispositivos de
audio digitales y la gran variedad de productos relacionados.
En gran medida por la sensación placentera que desencadenan.
Los mencionados aditamentos se han establecido
como la principal forma de singularizar la escucha, pues “permiten”
decidir qué escuchar, cuándo, además
de dar la posibilidad de dejar fuera de nuestro mundo el sonido
circundante cuando este se torna creciente o insoportable.
Irónicamente, esto último
también nos puede aislar de quienes nos rodean, además
de disminuir los mecanismos de atención y alerta. Todo
ello, saturando nuestros oídos con una altisonancia
multiplicada, pues solemos utilizarlos para maximizar cualquier
sonido.
Las implicaciones del fenómeno trascienden
los daños físicos individuales. Cada vez con
más asiduidad una parte de los jóvenes se vuelca
hacia sí mismos, asumiendo como único interlocutor
a su mundo. En él las reglas, valores, personajes y
acciones son dictados por quien imagina, produciendo un placer
que puede ser adictivo, “gracias a la privacidad”
otorgada a sus oídos. Ello puede llevar a cierto grado
de incomunicación con el resto de la sociedad.
La idea no es boicotear tales equipos, sino
desmitificarlos, bajarlos de la categoría de invasivos
y darles paso como instrumentos de gran utilidad y no como
barreras.
Los auriculares o audífonos son de
fácil uso y se emplean, además de como mera
forma de entretenimiento, con fines terapéuticos o
vía para estimular la eficiencia en el trabajo. Así,
bibliotecas, centros asistenciales, de salud, emisoras de
radio o televisión, aeropuertos, entre otros, los asumen
como herramienta indispensable.
A pesar de la resistencia de las grandes
rectoras del gusto humano, se hace obligatorio ofrecer contrapartidas
para salvar o restablecer la tranquilidad de uno de los sentidos
que mayor información ofrece.
No podemos esperar a que fabricantes y vendedores
tomen pálidas e insuficientes medidas ante la protesta
de quienes ya han asumido conciencia por la envergadura del
fenómeno de la contaminación acústica.
Somos nosotros quienes debemos comenzar
a rendir culto a quien culto merece:la salud humana.
(1) También conocida como decibelios.
Unidad de medida que expresa la diferencia en el nivel de
sonido tomando como referente el oído humano.
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