|
El derecho de divertirse
Por IWC

|
Divertirse es una necesidad
del ser humano. La diversión puede hallar diferentes
modalidades que se ajusten a la personalidad de cada cual;
hay quienes disfrutan montando bicicleta, otros leyendo, otros
bailando… en fin, que hay diversas maneras de despejar,
pasarla bien,” tirar el cable a tierra”.
“Si todo el año fuera de alegre vacación,
divertirse sería el más enojoso de los trabajos”,
escribió William Shakespeare,
aunque hay algunos que aspiran al propósito de andar
de fiesta el año entero y, en demasiadas ocasiones,
no solo a expensas de otros, sino también a costa de
la tranquilidad de muchos.
G. K. Chesterton definió
que “Divertido no es lo contrario de serio. Divertido
es lo contrario de aburrido, y de nada más”.
Ser alguien “respetuoso” no implica la falta de
divertimentos; pues como decía Demócrito,
“una vida sin fiestas es como un largo camino sin posadas”.
Toda persona necesita reposar de sus ocupaciones diarias.
Al fin y al cabo, no somos máquinas dispuestas únicamente
para trabajar. Los momentos gratos nos ayudan a afrontar las
responsabilidades del mañana, son un alivio, un aliciente
para disfrutar la vida que, ya en sí, es una mera fiesta
implícita en el milagro de estar vivos.
Un refrán popular asegura que “los necios hacen
la fiesta y solo los listos la disfrutan”. Muchos confunden
diversión con escándalo, conversación
con gritería, canto con chabacanería. Hay quien
se sienta a beber en una esquina y se olvida que los demás
no tienen por qué celebrar como él.
Dime cómo te diviertes y te diré quién
eres. La principal norma de la diversión es el respeto
hacia lo que nos rodea, ya sea la naturaleza o nuestros semejantes.
Divertirse es necesario, pero siempre teniendo en cuenta que
nuestra “fiesta” no perjudique a otros. Esa es
la única forma real de pasarla bien y no terminar como
aquella popular fiesta de El Guatao donde se trastrocó
el baile por trompones y el vino por sangre.
Recuerda que el respeto es la esencia de la excelencia. Empieza
contigo. Diviértete y deja que los que te rodean lo
hagan también… y a su manera, claro.
|