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Jóvenes de hoy


El que se casa, casa quiere


La privacidad es básica para el desarrollo de cualquier relación. La independencia define el paso definitivo hacia la adultez; sin embargo, para la mayoría de los cubanos, este paso se extiende indefinidamente.

Por IWC
Fotos: Sureidy


Pareja observando una casa.

Hablar del tema de la vivienda se torna complicado para muchos cubanos. Sin lugar a duda, el espacio habitacional y la independencia no satisfacen las necesidades de una población de cerca de 11 millones de personas.

Ya el año 2005, durante el Encuentro Mundial de los Programas Ciudades Sostenibles, Cuba presentó un informe detallado sobre la mala situación de las viviendas en la Isla, donde casi la mitad se encontraba en regular o mal estado y se propusieron planes para revertir esta situación.

Sin discusión, se admite la sensibilidad del fenómeno para una población que se encamina hacia un “envejecimiento demográfico” y que, al no ofrecerles mejores oportunidades a los jóvenes, estos “lo piensen dos veces antes de tener un hijo”.

Mi casa es tu casa
Lo que es una máxima del cubano, de su consabida fraternidad, se torna una realidad
menos complaciente y alegre. Para nada es raro encontrarse viviendo, bajo un mismo techo, tres y cuatro generaciones. El abuelo, el hijo, el hermano, los nietos, conforman ese tan cubano entramado familiar de dependencias y amores, o desamores, encontrados.

Indiscutiblemente, la mayoría de los cubanos tiene el sueño de “su casita” aunque sea
pequeña. Un sitio donde pueda ejercer bien o mal su llamada independencia y así, dentro de esas paredes, levantarse cuando quiera o andar como quiera, sin necesidad de verse en la obligación de “ver otras caras” cuando no lo desee.

Así piensan Mabel y Eduardo Antonio, de 24 y 26 años, respectivamente: “¡Imagínate!
Llevamos cuatro años de novios, nos queremos y estamos pensando en casarnos. Pero entonces ahí tenemos que detenernos. ¿Dónde vamos a vivir? En su casa no cabemos ni en la mía tampoco. ¿Qué hacemos? Y eso es ahora. Imagina cuando queramos tener un hijo. ¿Dónde nos metemos? ¿Dónde…?”, argumentan ambos.

La caótica situación habitacional que sufre La Habana, que recibe una inmigración flotante de alrededor de 20 mil personas por año procedente del interior del país —según cifras oficiales—, se ve agravada por una red de alcantarillados construida para una ciudad de 600 mil habitantes y que cuenta ya con aproximadamente dos millones.

Ciclones entre mamparas
Desgraciadamente, el ejemplo anterior no es único. Cifras oficiales destacan que, a pesar de los esfuerzos constructivos emprendidos en la Isla, existe un déficit de 500 mil viviendas.

La capital constituye un caso aparte a la hora de analizar cualquier situación, debido a su densidad demográfica. La red de acueducto sobre la cual se asienta estuvo concebida para 600 mil habitantes, y La Habana ya sobrepasa los dos millones.

Por otra parte, y para colmo de males, más de 10% de los apartamentos del territorio son irreparables y deben ser demolidos. Los moradores permanecen aún en estas edificaciones, con pleno conocimiento de que en algún momento podrían desplomarse.

“No nos queda otro remedio —explica Junior, ocupante de un apartamento en Centro Habana, declarado inhabitable—, mis padres no tienen otro lugar adonde podamos irnos, mientras que a los albergues nadie quiere ir a parar. Así que estaremos
aquí hasta que no se pueda más”.

Otro vecino, quien se niega a revelar su nombre, nos dice que “a nadie le gusta vivir en un lugar que no sabes si mañana te va a caer encima. Pero no hay una solución mejor. Entonces aguantamos, entre todos remendamos lo que podemos, aunque sabemos que es como echarle colorete a una vieja. El edificio no da para más, pero en algún momento deberá salir a flote una solución. De eso estoy seguro”.

Vivienda en construcción.

Largo plazo: constancia y calidad
La solución a la crisis habitacional se avizora a largo plazo. Para 2020 se pretende haber mejorado de forma significativa el deterioro de la mitad de los hogares ubicados en asentamientos precarios.

Desde el año 2006 se vienen construyendo más de 30 mil viviendas en toda la nación. Aunque la cifra es insuficiente debido al déficit existente, este crecimiento en construcciones se hará sentir, ya que significa en los hechos beneficiar cada año a alrededor de 100 mil cubanos.

Además, la reciente aprobación de la Resolución número 40 del Instituto Nacional de la
Vivienda, que faculta a las unidades inversionistas para aprobar a personas naturales,
sin previa selección, las solicitudes de licencia de construcción para obras nuevas, ampliaciones, remodelaciones, rehabilitaciones, desgloses y unificaciones, renueva las esperanzas de muchos ciudadanos.

De esta manera, se flexibilizan muchas de las limitantes existentes para la construcción
en terrenos o azoteas de propietarios. Se premia el esfuerzo propio, junto a la necesidad del país de ir gradualmente incrementando las ventas liberadas de materiales de la construcción, sin ningún tipo de subvención por parte del Estado o pérdidas para este.

“Así cada cual puede hacer un pedacito sin entrar en ilegalidades —acota Eduardo
Sanguineti, quien está inmerso en la ampliación de su cuarto, en busca de un espacio también para su hijo de 10 años—. Hace falta que todo sea dinámico, que no se trabe entre papeleos y trámites burocráticos que lo único que generan es decepción y descontento”.

La nueva Resolución entra en vigor en un momento en que el Estado precisa librarse, poco a poco, de una carga como el subsidio de los materiales para la construcción, y da oportunidades para que la gente mejore sus casas, aunque, debe admitirse, sea con mucho esfuerzo.

La actual política constructiva ha sido favorecida por la Resolución 392 del Ministerio de Finanzas y Precios, de diciembre de 2009, en la cual se modifican los precios de
materiales de construcción a surtidos seleccionados, con el objetivo de disminuir su costo actual en pesos convertibles para la venta en las Tiendas Recaudadoras de Divisa, y autorizar la venta de áridos y bloques en moneda nacional de forma liberada en los establecimientos determinados por el Ministerio de Comercio Interior.

De los jóvenes es el futuro
“¡Claro que quiero tener casa propia! —exclama Ernesto, un camagüeyano que vive junto a sus padres y hermano— Uno tiene que restringirse muchas veces; pues, aunque somos familia, debemos respetar el espacio de cada cual y, te confieso, no siempre estamos de acuerdo”.

Vilma, de 20 años, manifiesta que ella ha navegado con suerte, pues su papá vive con la esposa y le ha dejado un apartamento que se ganó en la microbrigada.

“Él estuvo casi 20 años vinculado a la construcción, pero cuando le dieron la casa, ya llevaba casi 10 viviendo con su pareja actual. Eso me ofreció un sinfín de oportunidades, sobre todo porque prácticamente son muy pocos los que a mi edad pueden contar con un sitio como este”.

Mabel y Eduardo Antonio no quieren darse por vencidos: “Sabemos las dificultades para tener nuestro cuartico, pero con la nueva Resolución para la vivienda y la venta de materiales liberados, tenemos esperanza de que en un futuro no muy lejano podamos contar con nuestro espacio, nuestro rinconcito. Eso sí, deseando que no pase ningún ciclón que derrumbe lo construido”.

Huracanes, el azote que nadie quiere
Ivonne conoce de cerca el manto inclemente del clima. Ella, que vive en San Miguel del Padrón, experimentó en carne propia el derrumbe parcial de su casa.

“Fue el mayor miedo que he sentido en mi vida. Cuando la casa comenzó a inclinarse solo me dio por abrazar a mi nieto y esperar que lo peor sucediera. Por suerte las vigas no cedieron y aquí estamos para hacer el cuento”.

Gracias al apoyo del Poder Popular y la solidaridad de los vecinos, pudo rehacer su inmueble, ahora más firme y con mejores condiciones. Pero los huracanes dejan su huella cada vez que cruzan nuestra Isla.

A las carencias materiales que afectan el fondo habitacional y a las nuevas construcciones, hay que sumarle el efecto de estos eventos meteorológicos que dejan a su paso innumerables casas abatidas.

Tan solo un ejemplo: en 2009, de los más de 30 mil construidos en todo el país, casi 17 mil estaban vinculados a la reconstrucción de los destruidos o seriamente dañados por los huracanes que han azotado el país en los últimos años.

Del futuro necesario
Construir es la palabra de orden. Calidad es lo siguiente. Hacer lo necesario, pero hacerlo bien, perdurable. No es imposición ni capricho: es necesidad.

Agilizar las vías, expandir nuevas acciones y opciones que permitan la edificación o mantenimiento de las viviendas de nuestro país se impone. El bloqueo a fuentes de financiamiento ha influido negativamente en el sector de la construcción cubana.

Hacer lo necesario con recursos nacionales, o al menos con la mayoría de estos, haría viable la propuesta de que para el año 2020 la situación de la vivienda comience a revertirse.

No debemos seguir esperando para heredar una casa, o una permuta casi “divina” que nos permita ampliarnos y tener un espacio más donde fundar nuestra familia.

“El que se casa, casa quiere“, dice el refranero popular cuando se refiere a la necesaria
independencia que, de una manera u otra, influirá en nuestro desarrollo como seres
humanos.

Tener un espacio digno donde estar, sentirse cómodo, reflexionar o crear, es un derecho que cada persona tiene en este mundo. Estamos claros de los esfuerzos de la Revolución por zanjar esta deuda y que por diversas razones no ha podido llevar a feliz término.

Nuevas opciones abren su abanico en la actual sociedad cubana. Nuevas oportunidades de empleo, de construcción y de obtención de materiales comienzan a influir la vida de los cubanos. Aprovecharlas y no permitir que sean obstaculizadas por trabas burocráticas, o inescrupulosos que intentan enriquecerse a costa del esfuerzo de otros, son prioridades.

Ahí están las conquistas médicas, educativas y en el deporte. Batallas que se libran
a diario y ponen en alto el nombre de todos los cubanos. Debemos hacer lo mismo por el espacio habitacional, por ese otro y tan necesario reto que la Revolución aún tiene pendiente.

Revolución y vivienda
Programa de Construcción de Viviendas

 

 

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