| Ni
vagabundo ni payaso: humanista
Por Alicia
Centelles

El humanismo de Charlot se ha convertido
en un valor universal.
(Foto: Archivo) |
Su imagen del vagabundo de anchísimos
pantalones, tocado con un bombín, sus enormes zapatos
y su bastón de bambú, fue evolucionando desde
el payaso travieso hasta convertirse en un símbolo
universal de la individualidad que vence a la adversidad,
y del amor al hombre.
Muestra de su preocupación por los
problemas sociales de la época es su cinta “El
gran
dictador”, en la que empleó los recursos del
cine sonoro y realizó una formidable sátira
sobre el nazismo. Es imposible hablar de cine sin referirse
a él y a su obra, y con toda justicia se considera
un genio a Charles Chaplin, que es la figura de quien tratamos
hoy.
Las películas más famosas
de este actor, director y productor inglés fueron las
que corresponden a la época del cine mudo. Entre ellas
figuran “El chicuelo”, “La quimera del oro”,
“Luces de la ciudad”, “El circo” y
“Tiempos modernos”. Todos estos filmes se convirtieron
en éxitos de taquilla. También forman parte
para siempre de la historia del séptimo arte “El
gran dictador”, “Monsieur Verdoux” (donde
apareció por última vez el personaje de Charlot)
y “Candilejas”. Además, el que luego sería
padre de la también famosa Geraldine Chaplin dirigió,
sin protagonizarlas, “Una mujer de París”
y “La condesa de Hong Kong”. Su versátil
genio le posibilitó componer la música de casi
todas sus películas.
Chaplin perfeccionó un estilo personal
de interpretación, derivado del payaso de circo y el
mimo. Su pequeño vagabundo Charlot se convirtió
para miles de personas en el símbolo universal de la
individualidad triunfante frente la adversidad, ya fuera humana
o provocada por las máquinas.
Dado que su arte se basó en la elegancia
acrobática, la expresividad del gesto
y la elocuencia facial, la llegada del cine sonoro no perjudicó
en lo más mínimo
su creación. Su enfoque combina la sátira y
el patetismo melodramático, a la vez
que expresa el amor a la Humanidad y a la libertad individual.
Víctima del macartismo, Charles
Chaplin se estableció en Suiza en 1952, y murió
allí, veinticinco años más tarde.
|