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Mejor no empezar
Las drogas: un mal que nos lacera a todos
Por Araima
Saco
Fotos: Wildy
y Archivo
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Alina Sánchez, estudiante de cuarto
año de Psicología, se acercó a nosotros
para compartir una historia muy triste; acontecimiento que
sigue latiendo en su vida, aún después de transcurridos
aproximadamente tres años.
“Tengo un amigo que desde los 12 años comenzó
a fumar y a consumir bebidas alcohólicas. El tiempo
fue pasando y ya no era suficiente el alcohol para enajenarse,
necesitaba más.
“Para tratar de suplir sus carencias, comenzó
a relacionarse con personas que podían facilitarle
aquello que lo haría ‘volar’ y sentirse
‘mejor’. No solo consumía, sino que también
vendió durante un tiempo.
“Su círculo de amistades cambió. Apenas
lo veía, a pesar de que ambos habíamos comenzado
a estudiar Enfermería. Poco a poco todo lo fue dejando
atrás, nada tenía importancia para él.
“En segundo año de la carrera, una de las mujeres
con quienes andaba quedó embarazada. El niño
nació y tanto la madre —igualmente consumidora—
como él evadieron la responsabilidad.
“Finalmente dejó la carrera, desatendió
totalmente a su familia y más que nada a su hijo. Ya
por esa fecha consumía de todo, sin importar lo que
fuera. Incluso se le habían presentado problemas judiciales,
por tenencia ilegal de sustancias y escándalos públicos.
No fueron pocas las ocasiones en que hizo el ridículo
al caerse en lugares concurridos y formar parte de peleas
callejeras.
“De vez en cuando le daba mis vueltas, porque su situación
era preocupante. No podía entender cómo alguien
tan inteligente y con una madre tan preocupada había
llegado a ese punto. Su apariencia era deprimente, había
perdido mucho peso y siempre estaba ojeroso y desaliñado.
“En una de mis visitas me comentó que estaba
presentando pérdida de la memoria y unos fuertes dolores
de cabeza. Fue al médico y los estudios evidenciaron
daños neurológicos.
“Comenzó a atenderse e intentó alejarse
de todo en dos o tres ocasiones, pero aquello le duraba poco.
Enseguida que aparecían los síntomas de la desintoxicación,
volvía a consumir y recaía nuevamente.
“Durante el período en que intentaba dejar el
consumo conoció a una muchacha en el hospital que le
‘movió el piso’, como suele decirse cuando
uno se enamora. Ella, que no tenía nada que ver con
este mundo, lo ayudó muchísimo en su recuperación.
“Mi amigo lleva tres años totalmente alejado
del cigarro, el alcohol y las drogas. Rescató la confianza
en sí mismo y tomó conciencia de la falta que
le hizo a su primer hijo, hoy adolescente. Digo primer hijo,
porque con esta joven maravillosa que apareció en su
vida formó una nueva familia y tiene un pequeño
de dos años.
“Hoy lo tengo de vuelta y estoy feliz por eso. Recuperó
su carrera, su estabilidad y el deseo de vivir. Aunque dicen
por ahí que el tiempo lo cura todo, siempre quedan
cicatrices y millones de sinsabores difíciles de olvidar.
Por eso comparto esta historia que hasta hoy me entristece
recordar”.
Dura, pero muy verídica experiencia que quisimos compartir
con ustedes, ya que en ocasiones escuchamos de situaciones
y problemáticas que afectan a determinadas personas,
y creemos que nunca nos van a tocar.
Cualquier tipo de droga puede resultar fatal. Además,
si se sufre de antemano hipertensión, problemas del
corazón, epilepsia, asma o se atraviesa un embarazo,
las consecuencias suelen ser de altísimo riesgo, incluso
letales.
Por todo lo anterior, y sin ánimo de transmitir un
mensaje apocalíptico, es mejor mantenerse alejado y
evitar a aquellos que pretenden arrastrarnos a un abismo difícil
de rebasar.
Recurramos, mejor, al eslogan televisivo tan en boga en estos
tiempos: “Con las drogas es mejor no empezar”.
Opinión especializada
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