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Jóvenes de hoy


Mi pasado reciente


El caso de Tania, propuesto en la telenovela cubana “Bajo el mismo sol”, puede parecer inverosímil para muchos que no han sufrido los prejuicios de quienes les niegan la posibilidad de reinserción social a los ex reclusos.


Por Vivian Monteagudo (estudiante de Periodismo)
Fotos: Yani

Joven pensando.

Cuando salí de prisión percibí las barreras que hay que enfrentar para reinsertarse en el contexto laboral. Tras obtener la libertad condicional, me propuse alcanzar resultados satisfactorios en el ámbito profesional, pero debo admitir que no fue tarea fácil. Encontrarme con mentes anquilosadas era algo común; siempre hay espacio para los prejuicios, estereotipos y cuestionamientos.

A pesar de mi interés por salir adelante, tuve diferentes contratiempos que comprendían desde una serie de papeleos y trámites, hasta la negación y el rechazo de algún centro laboral.

Recuerdo que en mi primer intento no me aceptaron, pues no había constancia de que comenzaría a trabajar en ese lugar. Lo contradictorio era que la libertad condicional confirmaba mi ubicación en la entidad.

Luego de esperar más de dos semanas me llamaron y comencé a trabajar en una brigada de construcción, donde las condiciones de trabajo eran pésimas. Se trataba de una tarea que exigía mucha fuerza y sacrificio. Lo mismo había que construir la casa de un médico, que un edificio, pero las atenciones que recibía el obrero no eran las indicadas. Tenía una alimentación mala y carecía de los medios necesarios; si se rompían las botas, por ejemplo, uno mismo debía reponerlas.

Permanecí en este trabajo durante ocho meses. Me sentía en un ambiente desagradable, estaba más decepcionado que motivado. Por eso decidí cambiar de empleo; quise recuperar el que tenía antes de estar preso, en una fábrica de cables, en la que atendía una serie de máquinas. Me pareció que podía regresar, porque no tuve problemas de índole laboral; era cierto que estuve preso, pero por razones ajenas a la profesión.

Por ello hablé con la jefa de Personal de la fábrica y según su opinión, no había ningún inconveniente, pues tenían conocimiento de mi desempeño como trabajador. Ella recomendó acercarme al jefe de planta, responsable del área que yo atendía; además, aseguró que faltaban trabajadores y que era más complicado enseñar a un novato que contratar a alguien que conociera la dinámica de las máquinas.

Al dirigirme al aludido y explicarle mi situación, recibí una eventual respuesta
afirmativa; sin embargo, luego observé que entró a la planta y conversó con alguien. Al salir me dijo que en esos momentos no podía comenzar a trabajar, que él me avisaría. Le dejé todos los datos, mas todavía estoy esperando su llamada.

Después de esta experiencia continué buscando trabajo. En todos los centros que acudía la justificación o el pretexto eran similares: poseía antecedentes penales. Siempre sugerían que entregara los papeles para avisarme posteriormente… Así estuve durante un año, viviendo gracias a mis padres.

Con mis 27 años de edad esta situación era muy complicada, pues intentaba buscar cierta independencia y lograr encaminarme luego de haber obtenido la libertad condicional. Sin embargo, ahora tengo vínculo laboral, en Acueductos de Mayabeque, donde conservo buenas experiencias.

La Constitución de la República de Cuba, en su Capítulo I
Artículo 8, Inciso B, establece “que no haya hombre o mujer, en condiciones de trabajar, que no tenga oportunidad de obtener un empleo con el cual pueda contribuir a los fines de la sociedad y a la satisfacción de sus necesidades”.

Desde que comencé no he enfrentado ninguna dificultad, aunque desconozco si me aceptaron por falta de trabajadores, o porque pasaron por alto los parámetros de los antecedentes penales. Los requisitos fueron simples, prescindieron de las preguntas y cuestionamientos a los que yo estaba habituado.

Mi trabajo consiste en cuidar y atender los pozos de agua. Cada 15 días lo hago en un turno por la madrugada y en otro horario, durante el día. El salario me estimula bastante, gano $ 345,00, además de un estímulo de acuerdo con el desempeño laboral.

He conocido que en este empleo ofrecen opciones para pasar cursos y así superarnos un poco más en lo que estamos trabajando, lo cual es muy importante.

A pesar de sentirme cómodo en estos últimos tiempos, he comprendido que tanto la sociedad como los centros de trabajo tratan al ex recluso como si fuera culpable de por vida, sin tomar en cuenta que ya hemos pagado nuestro error.

La persona que ha estado en prisión sufre una doble acusación, tanto por la ley como por la sociedad. ¡Cuán difícil es comprender que si ya se cumplió con el cargo imputado, uno tiene derecho a disfrutar de la libertad!

Cuenta mucho el hecho de tener una condena de diez años y salir en libertad condicional, es una ventaja que se gana dentro de la prisión por mantener un buen comportamiento.

Yo diría que en los centros de trabajo debería existir un programa de apoyo para motivar la comunicación entre los trabajadores, y más cuando se trata de personas que han tenido una situación como la mía, pues cuando comienzas tienes que relacionarte con personas que a veces te miran con mala cara, y juzgan sin razón.

Desde el momento en que enfrentas una situación judicial, lejos de excluir se debiera suscitar el diálogo. Sería válido contar con el interés y la preocupación de parte de la institución a la cual vas a pertenecer.

Yo estuve en prisión cuatro años y cuatro meses, aunque la sanción era por 10 años, significa que me llegó la libertad condicional antes de la mitad del período establecido. Hoy, luego de cuatro años de estar libre, me cuesta comprender el porqué de los reproches, de la exclusión; a veces siento que el trato es diferente, aunque sea en un saludo percibo cierta frialdad entre algunas personas.

Cuando esto ocurre, descubro que la razón es mi pasado reciente.


 

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