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Mi meta no se queda en haber logrado el título paralímpico.
Pienso seguir y seguir, simplemente…
Dar más
Por Isabelle
Fotos: Cortesía de la entrevistada
y Archivo

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“El día que me miré
en el espejo por primera vez después del accidente,
me quería morir. Fue muy traumático, cuando
vi que me faltaba un brazo, que tenía mil cicatrices
en el cuerpo. Me sentí mal. No entendí por qué
a mí y en ese momento”.
Yunidis Castillo tenía entonces 10 años y un
montón de sueños por realizar, cuando el trágico
evento amenazó su vida y, de paso, todas sus ilusiones.
Antes
“Tenía ocho años aproximadamente y me
gustaban los deportes de combate. Entonces fui hasta el Maceo,
un área deportiva que hay en Santiago
de Cuba. Allí me hicieron la captación y
me dijeron que experimentara a ver qué tal.
“Mi peso para las competiciones era de 25 kilogramos.
Me destaqué bastante, en ese entonces era la mejor
de la provincia.
“Mi primera entrenadora fue una mujer. Recuerdo que
le decían Mariíta y me enseñó
todo lo que supe del judo hasta ese momento”.
De camino a los Juegos
Escolares Nacionales, en la provincia de Holguín,
sobreviene el accidente de tránsito.
“Verdaderamente, nadie queda totalmente recuperado de
un accidente, y más como el que yo tuve. Pasé
13 días en terapia intensiva: conmigo no se contaba.
“Logré salir de tal estado, pero uno nunca se
recupera y mucho menos cuando hasta ese momento has sido una
persona normal. Pero gracias a mi mamá, a mi tía
Noemí, al resto de mis tíos y a mis hermanos,
que me dieron mucho apoyo y me estimularon, pude seguir adelante.
“Yo, con mi fuerza de voluntad, una niña por
ese entonces, lo asimilé de esa forma: que uno no se
puede morir. Si tuve la posibilidad de quedar viva, tenía
que continuar, no podía dejarme caer”.
Premios
y reconocimientos • Seleccionada
Mejor Atleta del año en Cuba durante 2005, 2007,
2008, 2010. • Reconocimiento como ejemplo
de voluntad y sacrificio de la mujer cubana, año
2009. |
Quienes han tenido la oportunidad de desarrollar
al máximo sus potencialidades, ya sean físicas
o intelectuales, suelen agradecer la gloria de su camino a
aquellos que les sirvieron como preceptores, pues poco puede
hacer la persona que no cuenta con una mano firme o una guía
certera para dar forma al talento.
“Yo siempre estaba adaptada a participar en algún
deporte. En mi área de Educación Física
me destacaba por correr bien, pero nunca me gustó el
atletismo. Fue el Comisionado de Judo quien me hizo la sugerencia.
Yo le planteé que quería continuar en el deporte,
sentía que mi cuerpo lo necesitaba. Entonces me explicó
que esa oportunidad también existía para discapacitados.
Sin embargo, seguí entrenando judo con mis habituales
compañeros bajo mi nueva condición.
“Lamentablemente, no existe tal modalidad para personas
con mi discapacidad, solo para ciegos y sordos; a pesar de
ello continué practicando como medio de terapia. En
cambio, deseaba obtener resultados a nivel internacional,
quería destacarme, y aunque tenía el rendimiento,
simplemente no podía ser.
“El Comisionado me propuso que pensara en el atletismo,
que podía destacarme. Un día me llevó
con un compañero que radicaba en la sede provincial
de deporte, que posteriormente fue entrenador mío,
Jorge Alberto Goce Ávila.
“Lo curioso fue que mucho antes de insertarme al judo,
cuando vivía en otra parte de Santiago él fue
quien me inició en el atletismo. Por eso, cuando me
lo presentaron como profesor del equipo de discapacitados,
fue para mí una buena señal. Me dio mucha confianza.
Recuerdo que siempre me decía: ‘Tranquila, todo
va a salir bien’ ”.
Dignos de admirar son aquellos que, a pesar de los reveses,
renacen de las cenizas. No obstante, quienes asumen este modo
de actuación deben estar preparados para flexibilizar
su pensamiento, ya que no siempre las nuevas oportunidades
llegan de la manera deseada.
“Hasta ese momento solo hacía carreras como parte
del entrenamiento del salto de longitud; de hecho yo entré
al equipo nacional a través de la captación
del entrenador Luis Bueno en dicha especialidad.

Ejemplo de la perseverancia de la
mujer cubana. |
Después
“El año 2004 me dirijo a los Paralímpicos
de Atenas, y como es lógico, voy con la idea de competir
en la disciplina en la cual me había preparado. Allí
nos tropezamos con que había una nueva reglamentación,
que se basaba en la unión para la competencia de los
atletas amputados tanto de una pierna como de un brazo.
“De esa manera, quien tenía problemas en el brazo
debía sacarle una equis cantidad de metros al que le
faltaba una pierna para poder aspirar al máximo galardón.
Yo estaba muy bien preparada, de hecho fui con pronóstico
de oro, pero nos tropezamos con esta nueva reglamentación
y quedé fuera de medalla. Me disgusté mucho
porque había entrenado muy fuerte y tenía expectativas
de lograr un buen resultado.
“Antes, la profesora de carrera sabía de mi buen
desempeño, pero nunca me ha había probado ni
entrenado como para participara un nivel tan alto.
“Finalmente, me aparté del salto de longitud,
luego de conversar con mi entrenador y con la preparadora
del equipo de pista”.
Atónitos deja a todos su paso por las pistas en cualquier
cónclave. Con solo 23 años, los especialistas
coinciden en el criterio de no ver límites en sus posibilidades
actuales.
“Ya a partir de 2005 pasé solamente a la pista.
Empecé cubriendo 100 y 200 metros y ahora incursioné
en 400 metros a ver si puedo obtener resultados. Tengo muchas
expectativas y metas, pero no me gusta hacer compromisos,
solo sé que me esforzaré al máximo como
siempre hago”.
Faltan pocos minutos para el inicio de la carrera. Yunidis
Castillo permanece en su carril, expectante ante la inminente
arrancada. Quienes la observan quizás no imaginan que
toda la emoción de la atleta está siendo canalizada
en una sola consigna: “¡Vamos a llegar, que puedes!”
| A finales
de enero de 2011, la ciudad neozelandesa de Christchurch
fue testigo de la hazaña de la cubana de tan solo
23 años. Con apenas dos días de adaptación
fue capaz de salir victoriosa en las pruebas de 100, 200
y 400 metros; en esta última hacía su primera
incursión. |
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