| La
moción de la jueza no es definitiva, afirma abogado
y hermano de René González
Por Alina Perera Robbio
Esta es una de las entrevistas más bellas y cómodas
que he hecho en mi vida. Así lo sentí desde
que la grabadora empezó a andar y Roberto González,
hermano del compatriota René y parte del equipo legal
que defiende la causa de los Cinco, comenzó a responder
un montón de preguntas, ahora que Rene (así
sin acento en la segunda e, como suele nombrarlo mi entrevistado)
saldrá este 7 de octubre de la prisión de Marianna,
Florida.
Hablo de belleza por el tema esencial del diálogo:
un hombre aporta detalles sobre su hermano mayor, y así
nos muestra a un ser humano de paz, que no constituye peligro
para sociedad alguna. Y hablo de comodidad porque a Roberto
lo conozco desde que era recién graduada, desde los
días en que Sarita Cotarelo, su esposa y novia de la
adolescencia, se mostró ante mí en un pasillo
de Juventud Rebelde —adonde, como yo, pertenece—,
y con su gran bondad de siempre me invitó, en calidad
de psicóloga y colega, a trabajar juntas en largos
y apasionantes trabajos sobre la espiritualidad del cubano.
En una noche calurosa de La Habana, acompañado de sus
dos hijos varones —que por cierto se llaman Roberto
y René—, disfruto a un interlocutor que coloca
cada palabra con precisión de relojero, y que busca
en su memoria todo cuanto le pido en aras de dibujar la estirpe
de una familia de la cual solo han podido salir hombres buenos.
-Te escuchaba hablar del momento en que nació
René. ¿En qué año?
“En 1956. Soy el segundo. Nos llevamos un año
y diez meses”.
-Es poco tiempo…
“Por eso quería tener dos hijos del mismo sexo
y que se llevaran poco tiempo. Por mi experiencia con René”.
-Podían tratarse entre sí como hermanos
gemelos…
“Prácticamente. A estas alturas de la vida nuestros
padres se siguen enterando de cosas sobre nosotros que no
supieron nunca”.
-¿De niños nunca René abusó
de ti por ser el mayor?
“Jamás”.
-¿Dónde nacieron?
“En Estados Unidos. Chicago”.
-Remóntate, por favor, a tus primeros años.…
“Me es muy difícil. Sí recuerdo bromas
que René me hacía. Pero de Estados Unidos lo
que más recuerdo es un incendio que hubo en el barrio”.
-¿Quiénes vivían en la casa?
“Los viejos y nosotros”.
-¿Por qué en Chicago?
“Ahí fue donde papi consiguió trabajo,
en la industria del acero. Nos asentamos en un pueblecito
llamado Indiana, en un apartamento pequeño”.
-¿René y tú tienen personalidades
diferentes?
“Creo que él siempre fue más noble que
yo”.
-Te conozco. En ti hay mucha nobleza.
“Pero no conoces a René. Cuando lo conozcas me
vas a dar la razón. Siempre ha sido mi protector. De
niño era realmente muy cómodo ser su hermano
menor. Él era fuerte, grande. Le gustaba el deporte,
el buceo. Es una persona que sabe nadar muy bien, que tiene
mucha fuerza”.
-¿Cómo era la relación al interior
de la familia?
“Nosotros dos quizá seamos de los pocos hijos
de padres divorciados que no nos traumatizamos. Tuvimos, y
tenemos, una relación muy bonita con nuestros padres.
Cuando ellos se divorciaron nos sentaron a los dos, y conversaron
mucho con nosotros. Recuerdo ese día perfectamente
bien”.
-¿Qué edad tenías?
“Unos siete años. Recuerdo que yo lo entendí.
Nunca vimos problemas entre nuestros padres. Hubo una separación
momentánea antes del divorcio, como casi siempre pasa,
un distanciamiento de meses. Nos fuimos con mami para casa
de unos tíos. Ese fue el preludio del divorcio.
“A René el divorcio le afectó más
que a mí. Por eso te digo que es más noble.
Yo lo entendí y lo vi natural, y nunca sentí
necesidad de que mis padres volvieran a unirse. Pero Rene
sí”.
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