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Boca de Samá
El ataque más cobarde de Alpha
66 fue dirigido por Santiago Álvarez
Para un libro en preparación, “The Oral
History of Terrorism Against Cuba” (La Historia Oral
del Terrorismo contra Cuba), el periodista e investigador
canadiense Keith Bolender ha recogido decenas de testimonios
de víctimas del terror, como aquellas de ese pueblo
de pescadores atacado por mercenarios el 12 de octubre de
1971.
Por Jean-Guy Allard

Nancy Pavón, una de las víctimas
del ataque a Boca de Samá, muestra su pie mutilado.
(Tomada de www.juventudrebelde.cu) |
Entre las numerosas operaciones terroristas realizadas por
Alpha 66 a finales de los años 60 y principios de los
años 70, el ataque a Boca de Samá, un pueblito
de pescadores cercano a la playa de Guardalavaca, es sin dudas
la más cobarde de todas.
La dirigía Santiago Álvarez, el cómplice
de Luis Posada Carriles,
hoy encarcelado en EE.UU. por posesión de armas ilegales.
Keith Bolender, un periodista canadiense, acaba de recoger
testimonios de esa acción criminal con vistas a la
publicación de un libro.
Durante meses, el investigador ha recogido decenas de testimonios
de víctimas de ataques terroristas para su obra “The
Oral History of Terrorism Against Cuba” (La Historia
Oral del Terrorismo contra Cuba). "El testimonio de las
personas que han sufrido en carne propia aquellos ataques
es la mejor forma de hacer sentir lo trágico de aquellos
eventos que se multiplicaron durante décadas",
cuenta Bolender, un residente de Toronto.
Las investigaciones de las autoridades cubanas han documentado
ampliamente cómo el ataque mercenario de Boca de Samá,
el 12 de octubre de 1971, que dejó dos muertos, fue
orientado por la CIA, realizado por una de sus organizaciones
terroristas, Alpha 66, al mando de uno de sus agentes-mercenarios,
Santiago Álvarez Fernández-Magriñá.
Aquel día, sobre las 10 de la noche, un comando de
14 individuos navegando en dos lanchas piratas identificadas
como de Alpha 66, comandadas por Álvarez, atacó
el pueblo de pescadores del municipio de Banes.
Aprovechando la oscuridad provocada por la rotura de una planta
eléctrica, los agresores caminaron por la orilla del
mar y llegaron a alcanzar el pueblo, donde unos fueron directamente
a saquear la única tienda del lugar mientras otros
abrían fuego con un mortero sobre la escuela y las
casas de madera de los pobladores.
El asalto fue un acto desprovisto de toda lógica, característico
del bandidismo contra Cuba, realizado con fines de propaganda
en Miami, pero causó la muerte de dos combatientes
del Ministerio del Interior, Lidio Rivaflecha Galano y Ramón
Siam Portelles, y cuatro heridos graves, Carlos Escalante
Gómez, entonces jefe de la Unidad de Tropas Guardafronteras
de la zona; el obrero agrícola Jesús Igarza
Osorio y las hermanas Aracelis y Nancy Pavón, con 13
y 15 años de edad, respectivamente.
"Boca de Samá fue un blanco fácil para
los terroristas debido a su lejanía y a una línea
costera salpicada por cuevas donde se podían almacenar
armas y suministros", analiza Bolender al señalar
que, antes de la Revolución, se encontraban en la región
varias plantaciones de plátano propiedad de la United
Fruit Company, "la misma corporación implicada
en el derrocamiento de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954".
"Yo recibí ocho impactos,
todos en mis piernas"
Un residente del lugar, Carlos Andrés Escalante Gómez,
apodado El Chino, le contó a Bolender cómo el
encuentro con Álvarez y su tropa de sicarios, aquella
noche de 1971, le valió ocho proyectiles en la pierna.
Cuenta al describir la llegada de los mercenarios: "Estábamos
en una cueva tratando de descifrar aún lo que la nave
estaba haciendo cuando de repente un pescador vino corriendo
a lo largo de la costa gritando a todo lo que le daban sus
pulmones que había visto un grupo de gente.
"Inmediatamente, fuimos en su búsqueda. Corrimos
hasta la escuela para organizarnos en grupos de tres y entonces
escuchamos un ruido. Los bandidos ya estaban en el pueblo.
Estaban derribando la puerta de la tienda.
"La escuela estaba justo frente a la tienda, quizás
a unos diez metros. Los tres de mi grupo salimos de la escuela.
Yo iba al frente y los otros dos a mi lado. Sabíamos
que había algunos bandidos en la tienda. Podíamos
escucharlos destrozando cosas".
El Chino explica que se decidió que él fuera
por la entrada lateral en tanto sus compañeros rodearan
la tienda por el frente y el otro lado.
"Cuando llegamos a la tienda, yo fui hacia la puerta
lateral y les grité a los que estaban dentro para que
se rindieran", continúa. Frente a él, en
la oscuridad, se encontraba uno de los atacantes con una ametralladora.
"Metió la punta del arma entre las tablillas
y comenzó a disparar ciegamente. Sonaba como si estuviera
disparando cientos de tiros a la vez. Yo recibí ocho
impactos, todos ellos en mis piernas, e inmediatamente caí
al suelo. Sabía que me habían dado. El dolor
era intenso y podía sentir cómo mis pantalones
se empapaban con mi sangre. Pero continué disparándole
con mi pistola".
Otros dos terroristas disparaban dentro de la tienda aunque
pronto, asustados por la resistencia encontrada, comenzaron
a correr de regreso a sus embarcaciones.
"Mientras abandonaban el caserío y regresaban
a la nave principal, comenzaron a ametrallar a todo el pueblo.
Todas las casas fueron impactadas, la tienda, la escuela,
todo. Mataron a dos compañeros; Lidio Rivaflecha y
Ramón Arturo Siam".
Precisa El Chino: "Una de las balas me impactó
muy cerca de la arteria femoral. De haberme dado allí,
habría muerto".
En su huida precipitada, los atacantes abandonaron folletos
de propaganda y una bandera con el nombre de Alpha 66.
"Había sido asesinado a
sangre fría"
Durante años, José Abel Romero González
fue el único maestro en la única escuela de
Boca de Samá. El también contó a Bolender
cada detalle de esta noche infernal.
"Todo el pueblo fue baleado. No hubo una sola casa que
no tuviera marcas de bala. No puedo ni imaginarme cuántas
balas pudieron haber disparado", explicó. Romero
tuvo conocimiento, a pesar de la oscuridad, de la muerte de
los combatientes del MININT bajo las balas de la tropa de
Álvarez.
"Escuché cómo Ramón (Siam) cayó.
Le escuché gritar. Después más disparos
y finalmente silencio. Los compañeros de la policía
pensaron que solo habían matado a una persona, Libiori
(Rivaflecha), pero yo escuché a alguien quejándose
en el otro lado del pueblo. Se iluminó el área
y se encontró a Ramón, a quien le salía
sangre por la boca. Estaba desplomado sobre una cerca. Le
habían disparado varias veces, había sido asesinado
a sangre fría".
El testimonio de la joven Nancy Pavón, difundido en
varias oportunidades en la prensa cubana, asombró al
periodista canadiense. Le contó esta mujer, ahora de
51 años de edad, cómo después de haber
sido alcanzada por proyectiles de los mercenarios, los cirujanos
tuvieron que amputarle un pie.
"Yo también estoy muerta"
Bolender la entrevistó en Guardalavaca donde, casualmente,
se encontraba probando una nueva prótesis. Su testimonio
no deja de emocionar:
"Mi hermana Angela aún estaba durmiendo cuando
yo me desperté, y entonces salté sobre ella
para protegerla. Comencé a ponerme los zapatos y grité:
'Estoy muerta'. Sentí algo que me golpeó, no
sabía dónde, pero sabía que me había
golpeado. Me dolía, pero el dolor no era grande. Estaba
muy asustada. La casa estaba oscura y no podía saber
con certeza qué me había pasado. Al mismo tiempo,
mi hermana también gritó: 'Yo también
estoy muerta' ".
"Increíblemente, era la misma bala que también
había impactado a mi hermana en su pie. Yo me estaba
inclinando para ponerme el zapato derecho y levanté
la cabeza en ese momento en que la bala llegó. Si yo
hubiera estado aún inclinada, me habría matado".
Nancy pestañea rápidamente mientras habla, cuenta
Bolender. Al preguntársele qué le pasó
a su zapato derecho, abre los ojos y explica.
"Ese zapato se quedó en la casa. Cuando todo hubo
terminado y regresamos, estaba aún allí. Mi
padre dijo que aún estaba limpio y no tenía
sangre. El resto de la casa era un caos, llena de agujeros
de balas y la mayor parte de las cosas rotas. Y a la vez,
mucha sangre en el piso y las paredes. La piel de los pies
impactados de mi hermana y míos estaba adherida a los
mosquiteros".
Detrás de estos testimonios de los sufrimientos que
sigue padeciendo Nancy y de la muerte de dos jóvenes
combatientes, irreparables para sus familiares, está
la CIA, sus mercenarios de Alpha 66, y el principal responsable
de la ejecución de esta acción salvaje: Santiago
Álvarez.
El mismo Santiago Álvarez de quien los diplomáticos
norteamericanos en La Habana han trasladado dinero para esos
otros mercenarios que hoy defienden en Cuba los intereses
imperiales.
10 de junio de 2008
(Tomado de www.emba-cubaminrex-cu)
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