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Trabajo por cuenta propia
Perfeccionar caminos
Por Isabelle
Fotos: Wildy
Desde hace algún tiempo, nuevas fuerzas
laborales venían sumándose a las ya habituales
faenas de maniseros, amoladores y los más insospechados
métodos de venta considerados entonces “por la
izquierda”.
Inicialmente ocupaban diversos espacios
disponibles de una manera casi anárquica. Así,
portales, patios y parques fueron tomados por una masa creciente
de hombres y mujeres. Tan solo un objetivo primaba entre sus
intereses: hacerse de aquellos sitios céntricos o al
menos estratégicos para desarrollar sus actividades.
Al principio, eran identificados dependiendo
del oficio que desempeñaran; hoy, amparados en nuevas
disposiciones reglamentarias, todos se unifican bajo el nombre
de trabajadores por cuenta propia.
Trabajo por cuenta
propia: Historia
Aunque con otros nombres, esta modalidad de empleo existió
en Cuba desde siempre. Remontémonos, por ejemplo, a
la etapa colonial, en cuya época no se contemplaba
como estrategia política proveer de trabajo a cierto
número de personas ávidas por buscar sustento.
La solución se generó a partir
de las diversas ocupaciones independientes de los puestos
ofrecidos por el gobierno, y desechadas muchas veces por la
clase dominante, que las asumía como labores indignas.
| Más de 150 actividades
se han autorizado para ejercer el trabajo por cuenta propia. |
Durante la etapa republicana se sumaron
a las ya existentes otros quehaceres que comenzaron a formar
parte de la imagen de cualquier ciudad o poblado cubano a
través de la historia y de manera constante: pregoneros,
vendedores de billetes de lotería, puestos ambulantes
que ofertaban los más insospechados productos.
El nuevo proceso social y económico
iniciado en enero de 1959 no erradicó totalmente esta
manera alternativa de trabajo, y en diferentes momentos el
Estado se ha valido de ella, según las necesidades
económicas y sociales.
La crisis económica de la década
del 90 estimuló una búsqueda de urgentes estrategias
para sustentar la economía familiar. Sin embargo, no
es hasta el año 2010 cuando el Ministerio del Trabajo
y Seguridad Social (MTSS) amplía y confiere mayor ordenamiento
a esta modalidad de empleo, al otorgar iguales derechos y
deberes a las ocupaciones estatales.
Viaje u odisea
Si bien, de acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social, en Cuba el trabajo por cuenta propia ascendió
hasta el pasado 30 de abril a 309 728 personas y se han tomado
una serie de medidas para perfeccionar su funcionamiento,
aún subsisten inquietudes.
Para Vilma Ojeda, artesana de 31 años, las aguas parecen
asentarse, aunque “sí preocupa la adquisición
de los recursos para mantener la actividad de cuentapropismo,
pues de ello depende, por ejemplo, el precio que pudiera plantearse
al solicitar los servicios.
“No podemos olvidar que, cuando esto
no es debidamente controlado, los precios se disparan, y el
pueblo, que en ocasiones busca algunos de estos servicios
con urgencia, es el más afectado”.
La falta de proveedores que garanticen la
estabilidad del cuentapropismo a precios
preferenciales se erige en uno de los tópicos más
recurrentes, pues es determinante en la calidad de muchos
servicios.
Entre quienes apelan a dicha fórmula
coexisten sentimientos encontrados, ya que algunos, acostumbrados
a recibir un sueldo mensual sin preocuparse mucho de los resultados
de su labor, temen la inseguridad de separarse del paternalismo
estatal.
En cambio, otros creen ver una nueva oportunidad
que les permita, al establecer un negocio propio, desplegar
su talento, en ocasiones despertarlo, y construir un futuro
mejor para ellos y sus familias.
Los altos impuestos son otra preocupante
generalizada, aunque se confía en que el reordenamiento
promulgado propicie el desarrollo y las ganancias de una actividad
que debe convertirse en una de las principales fuerzas de
empleo en la Isla.
| El cuentapropismo
redundará en la revitalización de los oficios
habituales de antaño. |
Un camino, mil historias
Bajo el actual contexto, es significativo el número
de jóvenes que asumen el reto de formar parte de esa
nueva fuerza laboral.
Enrique Rivas, artesano de 27 años
en la capital, forma parte de un “negocito” entre
amigos gestado al calor de estas actividades. Hoy, después
de casi desfallecer en el intento, disfruta de una estabilidad
laboral y cierta holgura económica: “Cuando yo
empecé en los años 90 apenas había reglamentación
sobre el tema. Quizá una o dos cosas que no se podían
hacer, pero nada significativo.
“Eso para nada era beneficioso, al
contrario. Por ejemplo, el tema de los proveedores era mucho
peor que ahora, por tanto resultaba terrible encontrar y demostrar
la legalidad de la materia prima o de tus ganancias; en fin,
ninguna ley justificaba tu trabajo. Era como caminar en terreno
minado. Actualmente, si bien las cosas han cambiado, a veces
el panorama es difícil”.
En tal sentido, ninguna sociedad está
exenta de conflictos, y menos en lo tocante a las juventudes
y el trabajo. El reto para este complejo y exigente sector
etáreo se da en muchas partes del mundo. El año
pasado, el desempleo afectaba aproximadamente a 6,7 por ciento
de los 104,2 millones de jóvenes en edad laboral de
América Latina y el Caribe, según un informe
publicado por la Organización
Internacional del Trabajo (OIT).
| Para muchas personas ahora
será más fácil contratar un servicio
especializado, además de que el aumento de la demanda
obligará a recuperar y perfeccionar muchas de las
tradiciones y los oficios del pueblo cubano |
Frente al nuevo escenario de reajuste económico,
la juventud cubana decide y tiene que asumir el reto de andar
por nuevos trillos. No obstante, la tarea no deja de inquietar
e incluso molestar a algunos.
La labor por cuenta propia aún intimida,
pues a pesar de las recientes medidas que la regulan, organizan
y perfeccionan, todavía más de uno la asumen
como un camino alternativo, no siempre seguro, y en la que
el beneficio y la materialización de sueños
en ocasiones van en direcciones opuestas.
“Soy graduado de la licenciatura en
Educación —enfatiza Enrique—. Lejos de
lo que la gente piensa, a mí me gustaba lo que hacía,
pero el salario me quedaba corto y decidí probar suerte
por otro lado.
“Siempre la talla en madera fue mi
gran hobby, así que esa constituyó una solución
nada conflictiva, más bien me siento realizado. Sin
embargo, conozco a otros que llegan al cuentapropismo
por seguir una tradición familiar o simplemente porque
no encontraron muchas opciones”.
Las reestructuraciones en las áreas
de continuidad de estudios, así como el proceso de
reducción laboral, han determinado que parte de los
jóvenes haya postergado o variado sus planes de realización
personal por la vía de la superación, y asumen
las labores autónomas como una opción más
práctica.
Sin embargo, la permuta masiva hacia las
nuevas faenas tiene sus gajes. Al respecto es necesario señalar
que la mayoritaria inclinación de este grupo social
hacia las opciones de estudio alejado de los oficios, provoca
que muchos desempeñen estos de manera empírica,
sin la presencia o el desarrollo de habilidades que permitan
un trabajo labor eficiente para así elevar la calidad
del servicio.
Si bien la nueva cara del cuentapropismo
tiene poco tiempo, quizá debiera asumirse con una visión
más allá de la utilitaria, donde originalidad,
creatividad, variedad y buen gusto no sean sacrificados en
pos de las ganancias.
Todo apunta a un incremento de esta modalidad
de empleo y, para beneficio de la mayoría, se denota
un incremento en la cultura del detalle y del servir, donde
cada cual se esmera en ofrecer opciones más atrayentes
a los usuarios, y así sentar las bases para el tan
necesario regreso del cliente.
Lo cierto es que los cuentapropistas se
hacen sentir, y pueden marcar la diferencia. A pesar de los
actuales reajustes, sin duda varios serán los momentos
de perfeccionamiento que necesitará esta forma alternativa
de empleo.
Como todo proceso, se irá construyendo
sobre la marcha. De todos depende que en el camino se ganen
seguidores y no detractores, y que sea una forma de crecimiento
y no una herida por sanar.
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