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Otro mártir del silencio: Sergio González, "El Curita"

Por Maria de los Angeles Saraiba L


Sergio González, "El Curita", jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana.
(Tomada de www.cubadebate.cu)

El tercer mes del año tiene para Cuba una significación especial y triste. El 10 de marzo de 1952, el tirano Fulgencio Batista dio su artero golpe de Estado para instalarse en el poder de un país que a partir de ese momento, se vio anegado en un río de sangre.

También transcurría marzo cuando en 1958 fueron brutalmente torturados, masacrados y asesinados en la capital cubana, 16 jóvenes integrantes del revolucionario Movimiento 26 de Julio. La dictadura batistiana desató una violenta ofensiva para frenar la lucha en el llano, pues la de las montañas casi se les iba de las manos a los sicarios. Desgraciadamente, ninguno de estos 16 mártires vería el triunfo, unos meses más tarde, cuando el Primero de Enero de 1959 Cuba amanecía tan libre como ellos la soñaron.

Entre los asesinados en el fatídico mes está Sergio González López, conocido como "El Curita" por todos sus compañeros de lucha y hoy por el pueblo todo.

Tal apelativo se debió a que Sergio, proveniente de una familia muy religiosa, a la edad de 12 años ingresó en el Seminario de Santiago de Cuba con el fin de ordenarse sacerdote. Más tarde continuaría esos estudios en el seminario San Carlos, en la capital de la isla, pero su temperamento rebelde no tenía nada que ver con el sacerdocio, por lo que abandonó las aulas para dedicarse en cuerpo y alma a la lucha por el bienestar de su pueblo.

El Curita llegó a ser jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana.

Nace un héroe
En el seno de una familia campesina nació Sergio González, en el poblado de Aguada de Pasajeros (antigua provincia de Las Villas).

Su origen campesino le mostró desde pequeño la miseria, el hambre, la explotación y la injusticia que sufría su patria, especialmente los habitantes de las zonas rurales.

Una vez abandonados sus estudios religiosos, Sergio comenzó a trabajar en 1945 en la Havana Electric Railway Co. durante el "desgobierno " de Ramón Grau San Martín, cuando Cuba toda se agitaba en un proceso de intensificación de la lucha de clases. Laboró también en Autobuses Modernos S.A.

Esa etapa como obrero puso de relieve su espíritu rebelde. Llevó a cabo una fuerte lucha junto a sus compañeros, de quienes se ganó toda la confianza gracias a su vertical posición antipatronal. Por esa razón, las masas trabajadoras siempre lo apoyaron y lo eligieron líder sindical.

Sin embargo, los elementos gansteriles aliados a los patronos impidieron que asumiera ese cargo, pues representaba un verdadero peligro para los elementos mujalistas y los sindicatos amarillos.

La vergonzosa situación política del país lo llevó a buscar abrigo en la Juventud Ortodoxa, y es allí donde conoció a los que más tarde fueron mártires de la Revolución: Gerardo Abreu Fontán, Ñico López y Angel Ameijeiras.

De forma paralela a su trabajo y militancia, Sergio atendía una pequeña imprenta, propiedad de su familia, la cual se convertiría en baluarte de la propaganda clandestina.

Cuando se produjo el ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, el 26 de julio de 1953, de dicha imprenta salieron 42 mil volantes que llamaban a la lucha contra la dictadura batistiana. A partir de entonces el joven Sergio se entregaría por entero y sin descanso a la causa del pueblo, a la Revolución.

En La Habana se establecieron contactos para imprimir el alegato del dr. Fidel Castro Ruz, líder de las acciones del Moncada, titulado “La Historia me absolverá”.

Cuando Fidel salió de presidio, Sergio se entrevistó con él y puso a su disposición la imprenta; también le expresó sus deseos de integrarse al Movimiento. A partir de ahí el referido local se convirtió en una especie de cuartel general de la lucha clandestina. Salieron de sus máquinas los Manifiestos 1 y 2, así como el periódico "El Aldabonazo".

Y la imprenta se transformó en refugio. Allí se escondieron Ñico López y todo revolucionario que lo necesitó, pues era un local seguro.

Señalan algunos estudiosos del tema que según avanzaba y se radicalizaba la lucha, los cuerpos represivos acrecentaban las persecuciones. El entonces Jefe de la Policía había dicho: "Candela al jarro, hasta que suelte el fondo. Prisioneros, no; muertos, sí"

Cada acción —el desembarco del Granma, el alzamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, el ataque al Palacio Presidencial—iba desarrollando la lucha armada, y El Curita fue nombrado jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana a fines de 1957.

A partir de abril de ese año, El Curita se convirtió en blanco de atención de los sicarios del régimen, fundamentalmente luego de que organizara una acción para entorpecer un acto que se efectuaba frente al Palacio Presidencial. El rebelde joven fue detenido y enviado al Castillo del Príncipe, donde inmediatamente se incorporó a una huelga de hambre que se realizaba para solidarizarse con los compañeros encarcelados en la entonces Isla de Pinos.

En octubre Sergio se escapó de la cárcel y continuó su tarea clandestina. Concibió y organizó la ejecución de varios sabotajes y acciones que crearon gran conmoción, entre ellos el realizado a una compañía petrolera norteamericana, el estallido de decenas de bombas en diferentes puntos de La Habana sin que ningún civil saliera dañado, y el asalto a la Cámara de Compensaciones del Banco Nacional.

Redoblada su búsqueda, fue apresado nuevamente el 18 de marzo de 1958 y su cadáver apareció al día siguiente en un apartado barrio de la capital cubana.

La Patria adolorida había perdido a uno más de sus mejores hijos. La sangre justa bañaría su suelo. El Curita fue brutalmente torturado, pero de sus labios no brotó una palabra ni para clamar por su vida y menos aún para traicionar a sus hermanos de lucha.

Ante su muerte podemos decir lo que se puede leer en una tarja que mantiene el recuerdo del lugar donde cayeron otros jóvenes asesinados por los esbirros de Batista:

"A los mártires del silencio que resistieron hasta la muerte las torturas de la dictadura batistiana sin el sonrojo de la delación. Pensaron que morir por la Patria es fácil; lo difícil es vivir sin ella".

(Tomado de www.radioprogreso.cu)


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