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Los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.



De mi Cuba te cuento


Cuba duele



Por Ramón Torres

Su nombre, Rigoberto Hernández. Cubano y niño: dos motivos suficientes para que lo rociaran con fósforo vivo.
Su nombre, Rigoberto Hernández. Cubano y niño: dos motivos suficientes para que lo rociaran con fósforo vivo.

No hay que esforzarse mucho para darse cuenta de las perversas intenciones yanquis respecto a Cuba. Sus prácticas criminales vienen desde hace más de 100 años, cuando aplicaron el apotegma de “la fruta madura”, es decir, esperar que la Isla les cayera por gravedad bajo su dominio.

Pero, como es habitual en ellos, parece que apuraron el proceso y cometieron, a finales del siglo XIX, la brutal voladura del acorazado Maine, lo cual les sirvió de pretexto para inmiscuirse en la guerra hispano-cubana que ya casi teníamos ganada. Fue la primera manifestación abierta de terrorismo contra nuestro país.

Frustraron la independencia entonces, es cierto, mas no pudieron hacerlo nuevamente —pese a que lo intentaron—- el Primero de Enero de 1959. Desde entonces Cuba duele,
y a partir de la fecha los asaltos, provocaciones y crímenes se han sucedido ininterrumpidamente, segando, mutilando y perjudicando, incluso, la vida de miles de niñas, niños y adolescentes.

Bandidismo
No agregamos ni quitamos, los hechos hablan por sí solos. Diversos puntos del país fueron testigos de cómo las bandas contrarrevolucionarias destruyeron inmisericordemente escuelas rurales, y dejaron sin aulas a cientos de niñas y niños campesinos. En 1962 Calimete, en la provincia de Matanzas, dio fe de una agresión bandidista que hirió a dos personas; al año siguiente una lancha pirata, procedente de los Estados Unidos y perteneciente a la organización terrorista Alfa 66, ametralló a los estudiantes albergados en Tarará, en La Habana; al mismo tiempo, el teatro Riesgo, de Pinar del Río, fue reducto de las llamas provocadas por un atentado en medio de una función infantil: 26 niños resultaron lesionados entonces.

El bandidismo orquestado desde Norteamérica dejó en Rafael Romero Rojas, pequeño todavía, una imagen traumática:

“(…) El 2 de julio de 1962 llegaron a mi casa —recuerda—. Eran 17 en total. Mi papá se encontraba con un cólico nefrítico; mi primo tenía un estado gripal grande, con fiebre, y mi tía, que padecía de ataques de epilepsia, en ese momento cayó al piso (…)

“Salieron con la familia dándoles golpes, hasta que llegaron a la orilla de un corral y les dieron unos rafagazos. Estando mi familia en el piso, con una ráfaga le cortaron la frente a mi primo, le arrancaron un seno a mi tía y bayonetearon al viejo mío por el cuello”.

El General de División Raúl Menéndez Tomassevich, quien estuviera a cargo de la Lucha contra Bandidos entre 1961 y 1963, no tuvo menos que admitir con pena:

“El gobierno de los Estados Unidos, a través de la CIA, comenzó a trabajar incrementando las bandas en varias zonas de Las Villas, pero también en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y en Camagüey (…).

En 1961 fueron torturados y asesinados los alfabetizadores Conrado Benítez (izquierda) y Manuel Ascunce Domenech.
En 1961 fueron torturados y asesinados los alfabetizadores Conrado Benítez (izquierda) y Manuel Ascunce Domenech.

“Cuando en 1961 comienza la Alfabetización, la CIA ordenó a las bandas contrarrevolucionarias interrumpir la Campaña y así es como asesinan a Conrado Benítez, a Manuel Ascunce y a un brigadista en Matanzas (…).Cada acción en la Lucha contra Bandidos era un golpe muy fuerte. Yo me sentía responsable de no poder aniquilarlos antes de que esas cosas terribles sucedieran. Era para mí una obsesión la persecución de las bandas, porque, eliminándolas, evitaba los asesinatos”.

Aunque el bandidismo se extiende cronológicamente hasta 1965, sus tentáculos llegan más allá, incluso hasta nuestros días. La demencia de quienes lo perpetran carece de límites y pone en peligro la vida de inocentes personitas. En 1980, por ejemplo, es salvajemente incendiado el círculo infantil Le Van Tan, del capitalino municipio de Marianao, acción que lleva el pánico a más de 500 pequeños de entre 45 días y seis años de edad. Un crimen incalificable por sus implicaciones humanas.

Girón
La píldora de una revolución progresista a solo 90 millas de sus costas se les antoja amarga a los norteamericanos. Cuba duele. La fruta ha madurado, ¡sí!, pero para dirigir su propio destino sin la ayuda del coloso del Norte. Por eso, un desesperado esfuerzo de reconquista, una acción ejemplarizante, una muestra de su potencia. Y hacia Bahía de Cochinos envían soldados adiestrados, porque Cuba duele.

Y duélese la niña Nemesia Rodríguez Montalvo por la secuela que le deja la invasión:
“(…) Nos trasladábamos en un camión cuando un avión bajó a la altura de la carretera (…)

Nos ametrallaron con una calibre 50 (…) En aquella confusión tan grande recuerdo a mi mamá con el vientre destrozado, sin un brazo. También hirieron a mis dos hermanos y a mi abuela paterna (…) Fue un crimen muy grande porque éramos cinco niños, dos mujeres y un solo hombre en la cama del camión. Y ellos tiraron a sabiendas de que matarían a niños y mujeres (…) Aquello terminó prácticamente con nuestras vida y por qué no decirlo, también terminó con mis sueños”.

Otro testimonio no menos dramático nos viene de Liset Rodríguez Chávez, quien perdiera en Girón a un pilar insustituible de su formación:

“(…) Un avión enemigo, con la insignia cubana y bajo el engaño, dejó caer una carga de muerte sobre la vida de mi padre (…) Quedamos huérfanos dos niños, mi hermano de siete años y yo de nueve. Desde entonces mi madre se convirtió en madre y padre a la vez y se consagró a las tareas de la Revolución (…) Nos ha faltado el apoyo espiritual y hasta la reprimenda de mi padre. Nosotros no conocemos eso, sino la añoranza por el ser querido que no tenemos”.

Pero Girón nos hizo más fuertes y evidenció una vez más que los ideólogos del terror no se cruzarían de brazos, y que emplearían los métodos más insospechados para debilitar la Revolución Cubana. Porque en lo más profundo, Cuba duele.

Homenaje póstumo a las víctimas del Crimen de Barbados.
6 de octubre de 1976, 12:15 p.m.: un avión DC-8 de Cubana de Aviación, con 73 pasajeros a bordo despega del aeropuerto de Barbados. A las 12:23 una explosión estremeció la nave, se incendió y cinco minutos después cayó al mar. No hubo sobrevivientes. Entre los muertos, el equipo juvenil de esgrima de Cuba.

Terrorismo
Historias de horror como las que han vivido nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes merecerían no haber pasado; sin embargo, ocurrieron y ocurren a diario. Por eso nos defendemos.

¿Qué mal hacía aquel grupo de jóvenes deportistas que, llenos de lauros y ambiciones inocentes, volvían a la Patria en un regreso frustrado por el tristemente célebre Crimen de Barbados?

Desde luego, detrás de ellos hay un nombre vil: Luis Posada Carriles, cuya credencial como terrorista es bien abultada: Girón, bombas en hoteles y restaurantes cubanos, así como el magnicidio.

El terrorismo ha sido instrumento permanente de la política exterior yanqui contra Cuba, y va desde el secuestro de pescadores; la colocación de bombas en círculos infantiles, cines y otros establecimientos, hasta el desvío de tripulaciones hacia territorio estadounidense. Y lo peor a veces se hace sentir en suelo extranjero, tal como le sucedió a Jorge Palenzuela, hijo de Adriana Corcho Callejas, diplomática muerta durante el estallido de un explosivo en las oficinas de la Embajada cubana en Lisboa:

“(…) Aquella tarde cuando mi hermana y yo regresamos de la escuela —rememora— no encontramos a nuestra madre, nadie en la embajada sabía cómo enfrentar la situación. Trataron de calmarnos hasta la llegada de nuestro padre que cumplía una misión fuera de Lisboa. Por la madrugada, cuando llegó, se acostó en la cama y comenzó a contarnos de la lucha contra el imperialismo, de cómo algunos compañeros podían caer en esa lucha (…) y al amanecer nos dijo que nos había tocado la desgracia de que fuera nuestra madre (…)”.

Paradójicamente, cinco hombres que luchaban contra el terrorismo en el país mentor, permanecen tras las rejas acusados por el odio y el rencor de quienes aplican sin rubor bárbaros procedimientos, aun cuando haya menores presentes.

El Estado cubano tiene sobradas razones para protegerse y no renunciar a sus conquistas, porque sabe que su proyecto sin distingos va en pos de la justicia social. Sabemos que nos caracteriza nuestra transparencia e incondicionalidad en asuntos políticos y es por eso, tal vez, que Cuba duele.

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