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Cuba, 40 años en el segundo lugar de América
Se cumplió un propósito,
no un pronóstico
Por Oscar Sánchez Serra

La mujer cubana tuvo una destacada
actuación; ellas conquistaron 21 de las 58 medallas
doradas de Cuba. En la foto, la campeona de 800 y 1 500
metros del atletismo, Adriana Muñoz.
(Foto: Ricardo López Hevia, enviado especial) |
Ha sido un triunfo en ardua lucha, del que
todos los cubanos nos sentimos orgullosos por la defensa en
cada escenario de las ideas que representaron nuestros deportistas,
del honor con que lo hicieron y la dignidad con la cual supieron
competir, respetando al rival y dando lo mejor de sí
en pos de brindarle a América lo máximo del
movimiento deportivo de la mayor de las Antillas.
La recompensa al esfuerzo en la Patria, que una vez más
contempla orgullosa a sus atletas. Como hace cuatro años
se ponía en juego el segundo lugar por naciones que,
desde 1971 —¡40 años!— con la hazaña
de 1991 en el sitial de honor, hoy mantenemos después
del fraternal duelo frente al poderoso Brasil, la potencialidad
de Canadá y el empuje de México en su condición
de sede.
Fue una dura batalla, pero grande resultó la victoria.
Bastaría decir que la delegación cubana no solo
superó al amigo y gigante sudamericano, sino que amplió
su ventaja con respecto al 2007 (en este 2011 fue de 10 la
diferencia de medallas de oro), y logró estar por encima
del promedio histórico del segundo lugar para los Juegos,
que es de 57 preseas áureas, lo cual fue ahora más
difícil por la presión del tercer y cuarto puestos.
Las coronas auriverdes representan casi el doble de lo que
había compilado el tercer lugar (25), mientras las
mexicanas estuvieron al punto de triplicar la media del cuarto
escaño (16) en las 15 ediciones anteriores.
Nuestro Comandante en Jefe, el 24 de agosto del 2008, tras
concluir los Juegos Olímpicos de Beijing, nos dejó
en su Reflexión “Para el honor medalla de oro”,
una consulta obligada para cada vez que enfrentemos compromisos
de este tipo. En uno de sus párrafos se lee: “No
vivimos hoy las mismas circunstancias de la época en
que llegamos a ocupar relativamente pronto el primer lugar
del mundo en medallas de oro por habitante, y por supuesto
que eso no volverá a repetirse. Constituimos alrededor
del 0,07 % de la población mundial. No podemos ser
fuertes en todos los deportes como Estados Unidos, que posee
por lo menos 30 veces más población. Nunca podríamos
disponer ni del 1 % de las instalaciones y equipos de diversa
índole, ni de los climas variados de que ellos disponen”.
Esa es la razón por la cual prescindimos de hablar
de estrategias, tácticas, requerimientos técnicos
o físicos, por arrobas enseñados por nuestros
entrenadores y deportistas. Mucho menos de si alcanzamos los
vaticinios o no.
El pasado día 21 de septiembre, justo a 22 días
de comenzar la fiesta de América, el presidente del
Comité Olímpico Cubano, José Ramón
Fernández, resumió en una frase el porqué
de esta nueva hazaña. “No tenemos un
pronóstico, tenemos un propósito”.
Y ese fue el espíritu de cada competidor de la mayor
de las Antillas, porque en cada salto, carrera o levantamiento,
fue premiado el honor.
Qué si no un propósito fue lo que hizo brillar
a nuestros futbolistas. No anotaron gol, tampoco se colgaron
una medalla en sus pechos, pero esa debemos entregárselas
cada cubano, por la manera en que nos representaron, por tanta
cubanía en la cancha ante encumbrados adversarios como
Brasil y Argentina.
Punto y aparte para nuestras mujeres. Ellas se convirtieron
en el mayor acicate para lograr el triunfo.
Qué si no un propósito fue la hidalguía
de Lisandra Guerra que tras caer de su bicicleta cuando tenía
el triunfo prácticamente en sus manos, se paró
y apenas sin mirar la herida del codo se elevó en bielas
y continuó porque no era un pronóstico lo que
defendía, era mucho más. Lo mismo ocurrió
con su compañera de la modalidad del Omnius, a quien
le recomendaron abandonar la lid y llevarla al hospital, afectada
por la altura, con falta de oxígeno, mareada…
su respuesta fue, “¿A qué hora es la otra
prueba?”, y terminó en bronce.
A Leuris Pupo, el campeonísimo de la pistola, se le
trabó el arma en plena fase competitiva, iba cómodamente
delante, perdió 40 puntos, pero siguió, no renunció.
Y él no pudo, pero Juan Francisco, su compañero,
se alzó plateado, en pos de ese propósito. Eglis
Cruz, otra tiradora de altura olímpica, no consiguió
el oro, pero sí su coequipera, que no estaba en el
cálculo.
Qué si no un propósito fue el partido de voleibol
femenino por el cetro. Ningún especialista hubiera
pronosticado un cierre como el 3-2 de Brasil sobre el joven
elenco cubano, pero la fuerza de la determinación nos
trajo un juego de tú a tú, como si se decidiera
un campeonato mundial.
Qué si no un propósito fue el éxito de
Lesyani Mayor en salto de altura, después de 16 años;
o la victoria de Roberto Skyers en los 200, devolviéndole
a la velocidad el protagonismo en estas lides; o el émulo
de Juantorena
en una emocionante carrera de 800 metros, y si de dos
vueltas al óvalo se trata, qué decir de Adriana
Muñoz que lo hizo en ese evento y también en
los 1 500, tras regresar a las pistas luego de ser mamá.
Sabíamos de la condición de favoritos y de los
pronósticos ganadores de Yipsy
Moreno, Yarelis
Barrios, Lázaro
Borges, Guillermo
Martínez, Yarisley
Silva, sin embargo, fueron con el propósito de
darles a su pueblo, a América y a Guadalajara, lo mejor
de cada uno de ellos. Ya ganadores, los cinco regalaron impresionantes
récords panamericanos, cotas de nivel universal todas,
como la del doble medallista de oro Omar Cisneros en los 400
con vallas.
Lucha; natación y las extraordinarias brazadas de Hanser
García; remo; canotaje, con Jorge A. García
de líder; hockey sobre césped; tiro y tiro con
arco, taekwondo; las muchachas de la rítmica; judo;
voleibol; pelota vasca; polo acuático; el béisbol;
pese a los errores, remontando un adverso marcador, en fin,
todos. Y el cierre dorado de los boxeadores, quienes no han
renunciado a su condición de deporte más laureado
a nivel mundial; nos hicieron vivir jornadas inolvidables,
como inolvidable fue el apoyo del público mexicano,
fiel a esa historia de amistad entre nuestros dos pueblos.
“Cuba continúa siendo un ejemplo. La
Revolución sigue demostrando la grandeza de su obra,
bajo un bloqueo que se empeña en estrangularla y que
es mundialmente repudiado. Reitero, ¡Venceremos!”,
les dijo Antonio Guerrero, uno de nuestros Cinco
Héroes, injustamente condenados en Estados Unidos por
combatir al terrorismo, a nuestros deportistas en un mensaje.
En ese ¡Venceremos! está el
mismo propósito, el de no cejar, como ellos, en pos
de la victoria.
Y no solo Cuba. México, Colombia, Ecuador, Guatemala
tuvieron su mejor presentación en la historia de los
Juegos. Venezuela consiguió la tercera, en una fiesta
bonita, prestigiada por quienes la hicieron su competencia
más importante. Los que no fueron se la perdieron,
los imprescindibles estaban y brillaron por su bandera.
Volvamos a Fidel aquel 24 de agosto para el justo homenaje:
“Recibamos a nuestros deportistas olímpicos
en todos los rincones del país. Resaltemos su dignidad
y sus méritos. Hagamos por ellos lo que esté
a nuestro alcance”.
Medallero final de
los XVI Juegos Panamericanos Guadalajara 2011
(Tomado de www.granma.co.cu)
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