|
El uniforme escolar, la pubertad y la balanza
Por Francisnet Díaz Rondón
Una vez más se abre a la palestra pública el
debate sobre el uniforme escolar. La pregunta ¿Cómo
llevarlo en los tiempos actuales? recibe disímiles
respuestas, que demuestran el interés hacia el asunto
por parte de profesores, estudiantes, padres y la familia
en general.
Antes de tomar la punta del enrevesado ovillo, no debe olvidarse
que el reglamento escolar vigente hay que cumplirlo. No existe
sociedad que funcione sin orden y disciplina, por lo que desde
edades tempranas deberá inculcarse el respeto a la
norma.
Al igual que los del resto del planeta, los niños
y adolescentes cubanos tienen inquietudes, sueños y
gustos propios de su generación, que hoy se desenvuelve
en un mundo diferente al que vivieron las personas mayores
en similar etapa de la vida.
Hacerles entender a los pioneros y bachilleres la importancia
de usar correctamente la vestimenta escolar, constituye una
responsabilidad que atañe tanto a la escuela como a
los padres y familiares de los educandos. Se trata de persuadir,
haciendo gala de paciencia y comprensión; de permanecer
en constante comunicación con ellos.
Sabemos que los adolescentes tienden a seguir la moda, más
aún en estos tiempos, en que el desarrollo de las comunicaciones
permite una estrecha interrelación de las culturas
de todos los continentes.
Vale decir que las mentes juveniles se impregnan no solo
de íconos que llegan a través de series y clips
musicales foráneos reproducidos en sus video¬caseteras,
sino también de otros del patio, en este caso promovidos
por los medios de comunicación nacio¬nales, y no
siempre de manera inteli¬gente y sensata.
¿Se acabaría el mundo si algún adolescente
acudiera a la escuela con un bolsito a lo Chocolate,
como este popular reguetonero cubano?, ¿Se abriría
la tierra bajo nuestros pies si una muchachita quisiera asistir
a clases con el cabello a lo Shakira?
Estos son solo dos ejemplos ilustrativos —sin ánimo
de caer en polémicas— sobre gustos musicales.
Si la bolsa a lo Chocolate no es extravagante
ni el peinado de Shakira, escandaloso, ¿por qué
prohibirlos en el colegio?
Pienso que con el peinado y las prendas debiera existir cierta
flexibilidad, ya que no constituyen parte del uniforme, aunque
sí atributos que le otorgan dignidad y elegancia a
quien los porta.
A los jóvenes hay que explicarles para persuadirlos,
para que sepan colocar en la balanza cuál corte de
pelo, adorno o calzado resulta el más adecuado durante
los 10 meses del curso escolar, sin transgredir el reglamento.
Es ahí donde debe estar la acción mancomunada
de padres, madres, familiares, maestros, directores y la comunidad
en general.
No me parece tan difícil explicarles: “Sí,
mi hijo, un peinado bajito con pinchitos
no está mal, pero no es correcto que vayas con un mawa
a la escuela”. “Sí, mi sobrina, ponte esos
aretes pequeños, pero nada de argollas ni piercings,
pues no está permitido, ¿comprendes?”.
“Alumno, por favor, trate de no venir a la escuela en
sandalias, mañana venga con zapatos cerrados”.
Los adolescentes y jóvenes constituyen el futuro de
nuestra sociedad. Que sean ciudadanos de bien dependerá
más del amor y la comprensión que les brindemos,
que de posiciones extre¬mistas que los lleven a permanecer
a la defensiva por aquello del rebelde sin causa que les habita.
Usted podrá gritarle, imponerle y obligar a ese muchacho
a que se ponga el pantalón a la cintura. Pero no se
extrañe si dentro de varios años ese “chiquillo”,
vestido con bata blanca, le salva la vida.
(Tomado de www.vanguardia.co.cu)
Artículos relacionados
Uni... ¿quéeeeeee?,
¿uniforme?
Uniformados
y... ¿a la moda?
|