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Su nombre es sinónimo de rapsodia
Por Alicia
Centelles

Sus rapsodias siguen siendo verdaderos
retos para los pianistas.
(Tomado de www.wga.hu) |
El precursor del recital para piano, el
músico húngaro Franz Liszt, tuvo como primer
profesor de piano a su propio padre. Su permanencia en la
capital francesa durante 12 años le permitió
hacer amistad con numerosas figuras culturales de la época,
como Víctor Hugo, Lamartine, Lamennais y el alemán
Heinrich Heine.
La amistad de Liszt con Lamartine
y Lamennais influyó decisivamente en su carrera artística,
así como los conciertos que el virtuoso italiano Nicolo
Paganini ofrecía en París a principios de 1831.
Las interpretaciones de este último despertaron en
el músico húngaro el deseo de conseguir con
el piano una técnica similar a la de Paganini con el
violín. Y así lo evidenciaron las giras que
durante ocho años realizó por toda Europa.
Desde 1839 hasta 1847, Liszt
ofreció conciertos de Lisboa a Moscú, y de Dublín
a Estambul, periplos en los que alcanzó una fama sin
precedentes. Pero posteriormente abandonó su carrera
como virtuoso, y sólo en muy contadas ocasiones volvió
a tocar en público.
Se convirtió entonces en director
musical en la corte ducal de Weimar, donde interpretó
obras compuestas por Berlioz, Wagner y otros autores, así
como las suyas propias. Hasta su muerte, en julio de 1888,
continuó sus labores de director, maestro, compositor
y promotor de la música wagneriana. Precisamente, falleció
durante un festival dedicado al autor de “Los
nibelungos”
.
Franz Liszt fue una de las personalidades más importantes
de su tiempo. Además de sus éxitos como pianista
y director, fue maestro de más de cuatrocientos alumnos
y compuso unas trescientas cinco obras.
Innovó en la armonía en el
siglo XIX, sobre todo con el uso de complicados acordes cromáticos.
Sus composiciones para piano requerían una técnica
difícil y revolucionaria, que confirió al instrumento
tonalidades completamente nuevas.
El autor de las famosas “Rapsodias
húngaras” influyó notablemente en Wagner y Richard
Strauss, y sus últimas composiciones anticiparon la
música de algunos creadores del siglo XX, como el austríaco
Arnold Schönberg y el húngaro Béla Bártok.
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