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Mónica enriquece el alma
El proyecto cultural comunitario Ballet “Zapatillas
Mágicas”, del teatro marianense
Sant-Boi, aporta espiritualidad a niños especiales,
a sus familias, amigos y al público que disfruta del
espectáculo que brindan.
Por Nancy
Pérez Medina

La bailarina y profesora Mónica
Elena Torres Pérez. |
La licenciada en Arte Danzario con perfil en Ballet, Mónica
Elena Torres Pérez, se dedica con ahínco a un
proyecto cultural comunitario que comenzó el 18 de
abril de 2011 y ya presenta resultados satisfactorios.
Se trata del Ballet “Zapatillas Mágicas”,
integrado por niños del municipio capitalino de Marianao,
con sede en el teatro Sant-Boi, Su espectáculo “Ya
soy artista” dejó al público entusiasmado
por la calidad y variedad mostradas por pequeños de
comunidades de “riesgo”, con problemas económicos,
y algunos de ellos con alteraciones de la conducta o emocionales.
Para entrevistarla sobre el tema no fue difícil encontrarla
en su trabajo, entregada como solo lo hacen los enamorados.
Con entusiasmo cubrió nuestras expectativas y vimos,
a través de sus ojos, lo lindo que es dedicarse a ayudar
desinteresadamente al prójimo.
SJ: ¿Cuál es el sustento metodológico
del proyecto?
“El psicoballet, fundado y dirigido por la Máster
en Ciencias Georgina Fariñas García y el Ballet
Nacional de Cuba, el 21 de febrero de 1973, y al cual
me incorporé con solo cuatro años de edad. Allí,
un grupo de notables profesores, terapeutas y bailarines,
mediante el baile y pruebas psicológicas, contribuyeron
a nuestro desarrollo sensorial, de receptividad del conocimiento
y personológico, atenuando o evitando algunos trastornos
de la conducta y de las emociones.
“Además, es un método que establece nuevos
códigos de comunicación mediante el movimiento,
que estimula la creatividad y la imaginación. ¿Qué
pretende “Zapatillas Mágicas?. Rescatar y redimensionar
el propósito inicial del psicoballet, tomando lo esencial
de este método genuinamente cubano, de donde salieron
excelentes bailarines”.
SJ: Con amplia actividad profesional como bailarina
y profesora, puede explicar con acierto por qué es
posible utilizar el ballet para estimular la actividad mental.
“Al incorporar contrastes de velocidad y dirección,
los niños pueden practicar estímulos de respuestas.
Por su parte, los recursos psicológicos refuerzan la
actividad nerviosa, para obtener coordinación muscular.
“Otras ventajas son el desarrollo de la autodisciplina
y el autocontrol, la creación de interés estético
y la interacción psicoterapéutica que implica
el grupo. La danza establece un canal mucho más amplio
de comunicación y aprendizaje social activo”.
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