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Hacer en cada momento, lo que es necesario


El primer discurso pronunciado por José Martí en Nueva York examina a fondo las causas y objetivos de la “Guerra Necesaria”. Sus razones y la forma exquisita de exponerlas, provocó un gran entusiasmo y el apoyo de los patrióticos emigrantes cubanos.

Por Nancy Pérez Medina


Martí dirigiéndose a los emigrados revolucionarios cubanos.
“…había estrenado en Cuba un modo de oratoria distinto del usual: una elocuencia nerviosa, brillante, difícil y embriagadora”.
(Tomada de www.baldoralumni.com)

Desde tierras españolas viajó José Martí hacia los Estados Unidos, donde se concentraba la mayor parte de la emigración cubana, a quienes arengó con su extraordinaria oratoria en varias oportunidades durante intervenciones organizadas por los comités revolucionarios de Tampa y Nueva York, con el fin de preparar lo que llamó “la Guerra Necesaria”, aunando voluntades mientras en la Isla se combatía en la Guerra Chiquita.

Utilizando como armas su gran elocuencia, brío y dominio del tema, el héroe fue penetrando en el alma de los desterrados que lo escuchaban, impregnándolos de un espíritu patriótico sin precedentes y convenciéndolos de la necesidad de unir fuerzas para liberar a Cuba del colonialismo español.

Ya Martí tenía experiencia en disertar y había sido descubierto como guía político y espiritual de los cubanos desde los primeros discursos que pronunciara en La Habana después del Pacto de Zanjón. Como dijera Jorge Mañach, citado por Cintio Vitier en su artículo “Los discursos de Martí”, “…había estrenado en Cuba un modo de oratoria distinto del usual: una elocuencia nerviosa, brillante, difícil y embriagadora”.

El insigne pensador llevaba, con fuerza sobrehumana, la palabra fortificante, la confianza en la victoria. Inició su labor revolucionaria entre los emigrados con el discurso de Steck Hall, el 24 de enero de 1880, que en realidad fue una lectura de dos horas de duración. En ella analizó, con penetrante calidad, las causas y objetivos de la ofensiva que se preparaba. Su tono arrasador y profético asombraba y entusiasmaba. Hizo justicia histórica al establecer la continuidad de la contienda de 1868: “¡Ni era posible que muriesen, de tan oscura muerte, tales hombres y sucesos tales!”.

De este primer encuentro en Nueva York del autor de La Edad de Oro, diría Vitier en la obra citada: “La búsqueda de la forma, de la coherencia, del sentido, es lo que centralmente aporta Martí a la oscura inquietud de las fuerzas que se mueven en Cuba y en la emigración. Por eso este discurso no es solo una prédica exaltada, sino también —y de aquí su carácter híbrido— una primera configuración política, y aún filosófica, del hecho revolucionario cubano. Por eso, junto al reiterado ataque a la "urbana y financiera manera de pensar" de los autonomistas, junto a la exaltación de las energías radicales y puras del país, llega en seguida el reclamo de la unidad…”

Se señala como defecto de esta intervención se extensión, y es que Martí —al decir de Cintio— quería volcar en una sola pieza el cúmulo de meditaciones que había atesorado en sus años de destierro. De todas formas, la lectura de Steck Hall es un documento político donde se bosquejan las ideas maestras fijadas luego en el Manifiesto de Montecristi y que se resumen en realizar una revolución popular, democrática, sin distingos rencorosos de clases ni raza, enemiga de la violencia oscura y desbordada del caudillismo, pues “el pueblo, la masa adolorida es el verdadero jefe de las revoluciones”.

El verbo fundador de José Martí aquel 24 de enero de 1880, llega hoy victorioso, como instrumento eficaz, ponderando los asuntos trascendentes que trató por primera vez como dirigente de la “Guerra Necesaria”. La Lectura de Steck Hall tuvo la energía del orador y la capacidad organizativa que desplegó entre los emigrados, a quienes convenciera ese día de que “el deber debe cumplirse sencilla y naturalmente” (…) “Debe hacerse en cada momento, lo que en cada momento es necesario (…)”.


Fuente:
- Artículo: “Los discursos de Martí”, de Cintio Vitier.

 

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