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Del Villanueva al teatro cubano actual
Por manifestar los inicios de un arte comprometido
con la causa independentista, los sucesos del Villanueva,
el 22 de enero de 1869, fueron el motivo escogido para que
en esa fecha se celebre el Día del Teatro Cubano.
Por Nancy
Pérez Medina

Teatro de Villanueva, La Habana,
hacia finales de los años 1860. (Foto de la colección
de Javier de Castromori). |
Todos los 22 de enero reina
el júbilo entre los amantes de la escena en la Isla,
porque en esa fecha se conmemora el Día del Teatro
Cubano. La jornada es motivo para homenajes y la recordación
de los sucesos del Villanueva, sala que sobresalió
por presentar temas con trasfondo político y matices
patrióticos, y que hace 143 años marcó
el preludio de un arte comprometido con la causa independentista.
El primer mes de 1869, los Bufos Caricatos exhibían
en el Teatro de Villanueva de La Habana la obra “Perro
huevero, aunque le quemen el hocico”, de Juan Francisco
Valerio, en honor a la actriz Florinda Camps, famosa por protagonizar
obras anti-españolas. El 21, el actor Jacinto Valdés,
apodado El Benjamín de las Flores, dio un “¡VIVA!”
—que enardeció al público— a Carlos
Manuel de Céspedes, quien se había alzado en armas
el 10 de octubre del año anterior contra la metrópoli
colonial.
Aunque declaró que la postura de Valdés se debió
a una borrachera, José Nin, dueño del teatro
y suegro de Rafael María de Mendive,
el Maestro del Apóstol,
recibió una severa advertencia y una multa de 200 pesos.
Aparentemente se solucionó el asunto; pero al día
siguiente, con los ánimos caldeados en las calles habaneras,
las mujeres asistieron al Villanueva, que estaba cubierto
de insignias nacionales, con cintas azules y blancas, y estrellas
solitarias prendidas en sus trajes. Los cabellos sueltos mostraban
la incipiente rebeldía.
La prensa insurgente aseguró que los fondos recaudados
serían para la Revolución. Cuenta el teatrólogo
Rine Leal que “hasta una mujer tremoló, desde
un palco, una bandera nacional cubana”. Y cuando un
actor dijo: “No tiene vergüenza ni buena ni mala,
el que no diga conmigo: ¡Viva la tierra que produce
la caña!”, un eco diferente resonó en
la tertulia: “!Que viva Cuba libre!”. Desde el
auditorio fueron agitadas cintas blancas y azules.
Armados, los criollos y los miembros del denominado Cuerpo
de Voluntarios de La Habana comenzaron una reyerta que provocó
la estampida del público, que fue recibido a tiros
en las afueras del teatro de madera. A continuación
se desató una brutal masacre, reflejada después
en unos versos por José Martí, quien presenció
los acontecimientos.
No se conoció el número exacto de víctimas
y ningún culpable fue enjuiciado. Cumpliendo órdenes
gubernamentales en contra de las ideas independentistas de
los cubanos, la ira de la metrópoli se prolongó
durante tres jornadas en la capital. El Villanueva fue clausurado
por las autoridades y nunca más volvió a ser
lo que era.
Los artistas involucrados en el espectáculo se marcharon
al exilio. El bufo se prohibió en la Isla y solo después
de cuatro años se permitió alguna obra de manera
eventual. En julio de 1870 Jacinto Valdés confesaba
el carácter conspirativo de la histórica función
en una carta publicada en El Demócrata, de Nueva York,
en lo que constituye el primer documento clasista teatral
cubano.
Ese arte polémico pero revolucionario alcanzó
su expresión más alta tras el triunfo de la
Revolución el Primero de Enero de 1959, en una entrega
inteligente y novedosa en la cual se expresan las preocupaciones
del pueblo. Para rememorar los sucesos del Villanueva, en
enero de 1980 se realizó el Primer Festival Internacional
de Teatro de La Habana, y se acordó celebrar el Día
del Teatro Cubano.
Desde entonces, la escena en la Isla ha enfrentado los retos
de un público conocedor y exigente, como un sostenido
tributo a la identidad nacional. Las tablas dan abrigo a los
dramas de la Patria, sus carencias, pasiones y victorias,
sorteando barreras, como tribuna de cubanía.
Fuentes:
Sitios web www.lajiribilla.cu y www.bohemia.cu
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