| La
inmortalidad de Federico García Lorca
Por Teresa
Torres

Una de las voces más altas
de la poesía en lengua española.
(Foto: Archivo) |
Prácticamente al comienzo de la Guerra
Civil española, el 18 de agosto de1936 el franquismo
fusiló al pie de un olivo, en el municipio de Granada,
a Federico García Lorca, uno de los poetas más
populares de la lengua española. Varios poemas, su
desenfadada homosexualidad y la firma del Manifiesto a favor
del Frente Popular, que ganó las elecciones ese año,
fueron los motivos que alegaron los asesinos.
Hijo de un hacendado y una maestra que le enseñó
a tocar el piano desde niño, el también dramaturgo
nació en 1898 en Fuente Vaqueros (Granada, España);
estudió con jesuítas e intentó graduarse
de Derecho en la universidad, pero abandonó la academia
para dedicarse a la literatura, la pintura y la música.
Entre 1919 y 1928 Lorca vivió en la Residencia de Estudiantes,
de Madrid, un centro importante de intercambios culturales,
donde entabló amistad con el pintor Salvador
Dalí, el cineasta Luis
Buñuel y el también poeta Rafael
Alberti, entre otros, a quienes cautivó con su
talento. Viajó a Nueva York y Cuba en 1929-30, luego
regresó a España y escribió obras teatrales
que le concedieron fama. Sus primeros poemas quedaron recogidos
en “Libro de poemas” (1921); un año después
organizó con el compositor Manuel de Falla, el primer
festival de cante jondo, y ese mismo año escribió
precisamente el “Poema del cante jondo”, aunque
no lo publicaría hasta 1931.
El “Primer
romancero gitano” (1928) es un ejemplo genial de
poesía compuesta a partir de materiales populares,
y ofrece una Andalucía de carácter mítico
por medio de metáforas deslumbrantes y símbolos
como la luna, los colores, los caballos, el agua, o los peces,
destinados a transmitir sensaciones donde destacan con fuerza
el amor y la muerte. El popular poeta encontró en el
arte del pueblo una respuesta a la desolación de la
vida moderna: andaluces y gitanos vivían al margen
de la sociedad conservando sus danzas y canciones, en una
perpetua querella contra los representantes del orden.
Tras sus “Poemas en prosa”, el autor concibió
en Nueva York un ciclo en el que apuesta por los oprimidos,
sin dejar de sacar a relucir sus obsesiones íntimas.
Calificados muchas veces de surrealistas, los versos de su
obra “Poeta en Nueva York” expresan el horror
ante la falta de raíces naturales, la ausencia de una
mitología unificadora o de un sueño colectivo
que den sentido a una sociedad impersonal, violenta y desgarrada.
Lorca está frente a una ciudad y una sociedad hecha
de acero y finanzas, que se hunde en el gran derrumbe del
capitalismo. Nueva York es para el poeta símbolo infernal
del siglo XX, “máquina destructora de la conciencia,
devoradora del ser, ... donde nadie parece ser y donde un
día todo estará al revés: ¡Qué
esfuerzo!/ ¡Qué esfuerzo del caballo por ser
perro!/ Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!/
¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!/
¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!...
Un día / los caballos vivirán en las tabernas
/ y las hormigas furiosas / atacarán los cielos amarillos
que se refugian en los ojos de / las vacas”.
El amor, la muerte y la infancia, así como las tradiciones
españolas fueron también temas recurrentes en
la obra del escritor, exponente de una marcada capacidad creativa,
de poder de síntesis y de una facultad natural para
captar, expresar y combinar la mayor suma de resonancias poéticas,
sin esfuerzo aparente. Federico García Lorca es quizás
el poeta y dramaturgo español más famoso del
siglo XX, y uno de sus artistas supremos.
Artículo
relacionado
Lorca por siempre
|