| Milanés,
un inspirado poeta y dramaturgo matancero
Por Matilde
Salas Servando

Fue uno de los principales cultivadores
del drama romántico en lengua española.
(Foto: Archivo) |
La provincia de Matanzas,
también conocida desde épocas lejanas como la
Atenas de Cuba por el gran desarrollo cultural de sus habitantes,
fue la cuna del poeta y dramaturgo José Jacinto Milanés,
quien vio la luz primera en ese territorio el 16 de agosto
de 1814.
Fue el primogénito de una familia
muy numerosa, con escasos recursos económicos, lo que
no le impidió asistir en sus primeros años a
la escuela de Ambrosio José González, y luego
continuó sus estudios de forma autodidacta. Por su
gran facilidad para los idiomas llegó a manejar correctamente
el italiano y el francés, además del latín,
por lo que en ocasiones fue el sustituto de su profesor en
la cátedra.
Desde sus primeros años se inició
en el estudio del teatro clásico español, con
un volumen titulado “Tesoro del teatro español”
que le obsequió su padre, y años después
se estrenó en La Habana el drama de su autoría
titulado “El Conde Alarcos”, muy bien recibido
por el público y los críticos de la época.
Como nota curiosa vale decir que el estreno
de su obra le ocasionó una gran crisis nerviosa y nunca
accedió a participar en la puesta en escena, a pesar
de que con esa creación se situó entre los primeros
cultivadores del drama romántico en lengua española.
Se dice que los infortunios amorosos que
sufrió contribuyeron a que se quebrantara la salud
mental de Milanés, pues de acuerdo con las costumbres
de aquellos días constituía un gran desaire
romper el compromiso amoroso que durante una década
sostuvo con la señorita Dolores Rodríguez, para
iniciar otro con su prima Isabel Ximeno.
Gracias a la buena voluntad de un grupo de admiradores y amigos,
en 1849 el poeta realizó un viaje por Estados Unidos,
Londres y París en compañía de su hermano,
con el ánimo de someterse a un tratamiento médico,
que resultó casi nulo. Al regresar a su natal Matanzas
tres años después sufrió una nueva crisis
que le mantuvo en un mutismo casi completo durante once años,
hasta su muerte en noviembre de 1863.
La fuga
de la tórtola
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