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Morir por la Patria es vivir
Por Matilde
Salas Servando

Perucho Figueredo hizo realidad
los versos de su himno.
(Foto: Archivo) |
El abogado bayamés Pedro Felipe Figueredo
Cisneros fue uno de los hombres más destacados de la
villa de San Salvador de Bayamo, una de las siete primeras
poblaciones fundadas en Cuba por los conquistadores hispanos.
Conocido entre sus allegados
como Perucho, este letrado cultivaba la música y sentía
verdadera pasión por la literatura, de ahí que
estuviera muy motivado por la poesía. Obtuvo sólidos
conocimientos después de haber hecho estudios en La
Habana y España, donde se graduó de Leyes, y
luego viajó por varios países europeos, gracias
a la holgada posición económica de su familia.
Su afán por la cultura
lo llevó a fundar en Bayamo (1851) un gran centro cultural
que se conoció como La Filarmónica, que luego
se convirtió en punto de reunión de destacadas
figuras de la época, como Carlos
Manuel de Céspedes, José Fornaris, José
Joaquín Palma y José María Izaguirre,
entre otros.
En esa época fue acusado por infidelidad
al gobierno español y más tarde obligado a marcharse
de su tierra natal, para irse a la capital. La persecución
siguió y durante 14 meses estuvo en prisión
domiciliaria, tiempo que aprovechó para hacer estudios
de táctica militar.
A pesar de estar muy vigilado, su vivienda
se convirtió en un centro conspirativo y allí
se creó el Comité Revolucionario de Bayamo.
En una reunión secreta de esa organización,
efectuada el 13 de agosto de 1867 en la casa de Perucho para
planear acciones del movimiento independentista, se acordó
que para el día siguiente el abogado preparara un himno
que los identificara.
Durante la madrugada Perucho se esforzó
y la solicitud se cumplió en tiempo. La composición
se interpretó por primera vez durante una celebración
religiosa en la Iglesia Mayor de Bayamo, y el 20 de octubre,
luego del alzamiento de La Demajagua, en medio del júbilo
revolucionario hizo público el texto que primero se
conoció como La Bayamesa y hoy es el Himno
Nacional de Cuba.
Una cobarde delación hizo que
el patriota bayamés Pedro Felipe Figueredo Cisneros
fuera hecho prisionero junto a otros conspiradores, el 11
de agosto de 1870, y días después, el 17 del
propio mes, fueron fusilados en Santiago
de Cuba.
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