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Agostinho Neto y su entrega a la causa de la Revolución
angolana
Por Teresa
Torres

Su extraordinaria dirección
fue decisiva en la victoria angolana.
(Foto: Archivo) |
La muerte de Agostinho
Neto el 10 de septiembre de 1979 significó un trágico
golpe, una pérdida enorme para el movimiento progresista
y revolucionario del mundo y el pueblo de Angola, que recién
alcanzaba su independencia.
Neto, quien había nacido el 17 de septiembre de 1922
en Luanda, fue hijo de un pastor metodista y estudió
Medicina en las universidades de Coimbra y Lisboa, y una vez
que egresó de esa carrera, retornó a Angola.
Su oposición al colonialismo portugués y a la
represión militar lo condujo a prisión en 1960.
Pasó dos años encarcelado en Cabo Verde (por
entonces, parte también del Imperio colonial portugués),
y en Portugal, pero consiguió escapar y se exilió
en Marruecos. Desde allí dirigió el Movimiento
Popular para la Liberación de Angola (MPLA). En sus
tiempos de estudiante escribió un tomo de poesía
que exalta la cultura angolana; en 1974 publicó su
texto “Sagrada esperança”.
El 10 de noviembre de 1975 Agostinho Neto asumió como
Presidente de la República Popular de Angola, al obtener
el país la independencia al día siguiente. Desde
entonces se desató una guerra civil abierta; el colonialismo
y el imperialismo trataron de impedir la independencia de
esa nación y de otros países del continente.
La extraordinaria dirección de Neto fue decisiva en
la victoria angolana. El imperialismo organizó un gran
plan para liquidar a la Revolución y empleó
todos sus recursos para aplastar su independencia; envió
fuerzas regulares de algunos países africanos aliados
suyos, mercenarios blancos y elementos sudafricanos.
Desde 12 000 kilómetros de distancia no se hizo esperar
la mano solidaria de los cubanos, quienes prestaron ayuda
militar al agredido pueblo de Angola. Los soldados del MPLA,
ayudados por la solidaridad internacional, combatieron heroicamente.
Y en toda esta contienda sobresalió el extraordinario
mérito, la claridad política y la firmeza revolucionaria
de Neto, quien no se acobardó jamás y cuando
la artillería de los sudafricanos —apoyando a
los mercenarios que atacaban a Luanda— disparaba por
los alrededores de la capital, él se mantuvo ecuánime,
sereno y convencido de la justeza de la causa y de la seguridad
de la victoria.
Hace 27 años, el 10 de septiembre, después de
haber sido trasladado gravemente enfermo a Moscú, fallecía
Agostinho Neto, el jefe que había iniciado la lucha
y conducido a su pueblo a la victoria.
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