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La Asamblea de Jimaguayú

Por Yolanda Fuentes y Luis Marín

Salvador Cisneros Betancourt.
Salvador Cisneros Betancourt fue elegido Presidente de la República en Jimaguayú.

La Guerra de los Diez Años había terminado por la falta de unidad entre los cubanos. A los pocos meses de haberse iniciado la de 1895, se habían incorporado a la lucha tres provincias del Centro y el Oriente del país, y se habían constituido cuatro cuerpos de ejército: dos en Oriente, bajo el mando de Antonio Maceo y Bartolomé Masó, respectivamente; otro en Camagüey y el último en Las Villas, sin que entre ellos existiera la coordinación necesaria para el empeño revolucionario.

Se hacía necesario lograr la unión de las fuerzas revolucionarias bajo la dirección de un gobierno que salvara los problemas surgidos en la fase anterior de la contienda, que ordenara legalmente a la nación. Se imponía como tarea histórica e inaplazable la creación del Estado nacional en la manigua. Para crearlo se convocó una asamblea presidida por el delegado José Martí, que se reunió en Jimaguayú, Camagüey, el 16 de septiembre de 1895, como homenaje al héroe Ignacio Agramonte, caído en ese lugar.

El plenario estaba compuesto por veinte miembros, cinco por cada ejército, con un promedio de edad bastante bajo. Los asambleístas se dividieron en tres grupos, cada uno de los cuales sostenía concepciones diferentes sobre la estructura que debía implantarse: Salvador Cisneros Betancourt era defensor de las ideas emanadas de Guáimaro, a pesar de que ya habían demostrado su inoperancia; Rafael Portuondo Tamayo apoyaba los criterios de Maceo: el Generalísimo debía ser el Presidente de la Republica y su lugarteniente el vicepresidente, con lo cual subordinaba la estructura civil a la militar.

La tercera posición era sustentada por jóvenes de la nueva promoción camagüeyana, desvinculados totalmente de los problemas anteriores en la Guerra Grande y sin relación con los conflictos civiles y militares. Deseaban una estructura sencilla en la que los poderes no se interfirieran y las decisiones necesarias se adoptaran por el ramo que le pertenecía.

La solución fue adoptar una fórmula de transacción que se manifestó en la composición de un gobierno que aunase a los poderes ejecutivo y legislativo, eliminando la creación de una Cámara de Representantes, como en Guáimaro. Dicho gobierno no debía interferir el aparato militar, y quedó integrado por Salvador Cisneros Betancourt, presidente; Bartolomé Masó, vicepresidente; Carlos Roloff, secretario de Guerra; Severo Pina Estrada, secretario de Hacienda; Santiago García Cañizares, secretario del Interior, y Rafael Portuondo Tamayo, secretario del Exterior.

La Constitución de Jimaguayú no recogió las concepciones de Martí sobre la libertad que él consideraba debía tener el ejército para actuar.

Los constituyentes trataron de subordinar a los militares al poder civil, lo que en su momento traería serias dificultades al movimiento revolucionario.


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