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Por el mundo


La Mensajera de la Paz

Por Teresa Torres

La Madre Teresa de Calcuta.
La Madre Teresa es un reto a la conciencia de la Humanidad.
(Foto: Archivo)

La Madre Teresa de Calcuta vivió para ayudar a las personas "más pobres entre los pobres". Ayudó, acompañó y socorrió a todos; grandes y chicos, enfermos y moribundos. A ninguno dio la espalda; les brindó esa mano que tanto necesitaban.

Su vida, esa entrega total sin descanso, fue marcando el corazón de todos a quienes conoció y de los que la vieron trabajar incesantemente. Al nacer el 27 de agosto de 1910, en Yugoslavia, fue bautizada con el nombre de Agnes Gonxha Bojaxhiu, y a los 18 años de edad entró en la Congregación de “Notre Dame de Lorette”, en Irlanda; cuando terminó su postulado se dirigió a la India para su noviciado.

En 1937 hizo los últimos votos en Darjeeling, y tomó el nombre de Madre Teresa de Calcuta en honor a una monja francesa, “Teresa Martin”, conocida como “Santa Teresa de Lisieux” o “Santa Teresita del Niño Jesús”, canonizada en 1925 y declarada Doctora de la Iglesia en 1997.

El especial llamado de Dios para dedicarse a los más pobres de los pobres se le presentó a la Madre Teresa el 10 de septiembre de 1946 cuando caminaba por las calles de Calcuta; tropezó allí con el cuerpo de una mujer moribunda. Ratas y hormigas se paseaban por sus llagas. “La levanté, caminé hasta un hospital cercano y pedí una cama para ella”, rememoró años después la monja. La mujer murió en esa cama: la primera, la única y la última que tuvo en su vida. Este encuentro casual cambió la existencia de la Madre porque en esa fémina vio a Cristo agonizante.

Cuenta ella que escuchó una voz íntima que le martillaba y repetía: “Tienes que hacer algo”... “Si tú no empiezas, nadie comenzará”. Al vivir ese momento vibró por dentro y se preguntó por qué Dios permitía eso. La Madre pidió permiso para vivir fuera del Convento y trabajar en los barrios pobres de Calcuta, lo cual se le concedió en 1948 por el Papa Pío XII. Se desempeñó como religiosa independiente, bajo la obediencia del Arzobispado de Calcuta.

Como reconocimientos a su labor, recibió numerosos premios y distinciones; en 1979 se le otorgó en Oslo el lauro más importante: el Premio Nobel de la Paz. Lo aceptó contra su voluntad y lo agradeció en nombre de los más pobres de los pobres. En 1975 la FAO emitió la medalla “Ceres”, que en una cara tiene esculpida la imagen de la Madre Teresa y en la otra la de un niño desnutrido, al que se dirigen dos brazos extendidos.

A partir de 1990 la salud de la fundadora de las Misioneras de la Caridad comenzó a empeorar; seis años más tarde su corazón se mantuvo parado durante un minuto y gracias a un electroshock volvió a latir de manera milagrosa. Aunque físicamente desapareció el 5 de septiembre de 1997, el ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta es un reto a la conciencia de la humanidad. Para ella, el mayor mal de nuestros días “es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad”.

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