|
El Protocolo de Montreal
Tras una serie de reuniones y negociaciones rigurosas, el
Protocolo de Montreal relativo a las sustancias que agotan
la capa de ozono se acordó definitivamente en la sede
de la Organización Internacional de la Aviación
Civil en esa ciudad canadiense, y lograrlo resultó
ser mucho más arduo de lo que se había pensado
sólo unos meses antes.
El carácter delicado de las negociaciones
se ve reflejado en el acuerdo definitivo, en el que figuran
cláusulas que abarcan las circunstancias especiales
de varios grupos de países, especialmente los países
en desarrollo con índices de consumo bajos que no desean
que el Protocolo obstaculice su desarrollo.
Pero el documento es flexible de manera
constructiva; se puede aumentar su rigurosidad a medida que
se fortalezcan las pruebas científicas, sin que sea
necesario volver a negociarlo en su totalidad. De hecho, establece
la "eliminación" de las sustancias que agotan
la capa de ozono como su "objetivo final."
El Protocolo entró en vigor, oportunamente,
el 1 de enero de 1989, cuando 29 países y la Comunidad
Económica Europea (CEE), que representaban entonces aproximadamente
el 82% del consumo mundial, lo habían ratificado. A
partir de ese momento, muchos otros países lo han ratificado.
De cualquier manera, el documento fue solamente
un primer paso, conforme se concibió entonces. Pero
una vez acordado, los acontecimientos se sucedieron a velocidad
sorprendente. Las nuevas pruebas científicas pusieron
de manifiesto que sería preciso adoptar controles mucho
más estrictos y mayores, y los gobiernos y la industria
obraron en mayor medida y más rápidamente de
lo que se había creído posible.
Texto actual del Protocolo de
Montreal relativo a las sustancias que agotan la capa de ozono
|