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temprano que tarde, se abrirán las grandes alamedas
Por Teresa
Torres

Siempre confió en que en
América, el hombre sería libre.
(Tomada de www.feuu.edu.uy) |
A las 8:45 de la mañana
del 11 de septiembre de 1973, la emisora chilena Radio Corporación
trasmitió un mensaje del Presidente Salvador Allende
a los ciudadanos de su país: "Que lo sepan, que
lo oigan, que se lo graben profundamente: dejaré La
Moneda cuando cumpla el mandato que el pueblo me diera, defenderé
esta revolución chilena y defenderé el Gobierno
porque es el mandato que el pueblo me ha entregado”.
Ese día, un golpe militar encabezado por el general
Augusto Pinochet, derrocó al gobierno de Allende, quien
resistió durante seis horas con una metralleta que
le había regalado el Presidente Fidel Castro, la primera
arma de fuego que Salvador Allende disparó jamás.
Nacido el 26 de junio de 1908, Allende estudió Medicina
en la Universidad de Chile. En1927 se convirtió en
presidente del Centro de Alumnos de esa carrera, y organizó
un grupo que se reunía periódicamente para leer
y discutir de marxismo.
Ministro de Sanidad desde 1939 hasta 1942, tres años
después fue elegido senador, cargo en el que permaneció
durante cinco lustros. En 1970, al frente de la Unidad Popular,
ganó las elecciones como Presidente y durante su gobierno
se propuso renovar la sociedad chilena, nacionalizó
industrias y aceleró las expropiaciones de la reforma
agraria. Chocó entonces con la oposición de
sectores de derecha, además de la incitación
al desorden desatada por Estados Unidos, cuyos intereses en
el país andino se vieron perjudicados por la política
antimperialista de Allende.
En su artículo “La verdadera muerte de un Presidente”,
el escritor Gabriel García Márquez, describe:
“Hacia las cuatro de la tarde —del 11 de septiembre
de 1973— el general de división Javier Palacios
logró llegar hasta el segundo piso, con su ayudante
el capitán Gallardo y un grupo de oficiales. Allí…Salvador
Allende los estaba esperando. Llevaba en la cabeza un casco
de minero y estaba en mangas de camisa, sin corbata y con
la ropa sucia de sangre. Tenía la metralleta en la
mano.
“Allende conocía al general Palacios. Pocos días
antes le había dicho a Augusto Olivares que aquel era
un hombre peligroso, que mantenía contactos estrechos
con la Embajada de los EE.UU. Tan pronto como lo vio aparecer
en la escalera, Allende le gritó: "Traidor",
y lo hirió en la mano.
“Allende murió en un
intercambio de disparos con esa patrulla. Luego todos los
oficiales en un rito de casta, dispararon sobre el cuerpo.
Por último un oficial le destrozó la cara con
la culata del fusil”.
El 11 de septiembre de 1973 moría asesinado en La Moneda
el hombre que amó tanto la vida, las flores y los perros,
quien presumía de una galantería un poco a la
antigua, y sobre todo, el ser humano que poseía una
infinita fe en Chile y su destino. Él mismo afirmaría:
“Superarán otros hombres el momento gris y amargo,
donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes
sabiendo que, mucho más temprano que tarde, se abrirán
las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para
construir una sociedad mejor".
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