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Los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.


De mi Cuba te cuento


Un bastión educacional

Por Matilde Salas Servando

Camilo Cienfuegos derribando una de las postas del antiguo cuartel de Columbia.
El gesto de rebeldía cívica de Camilo dio inicio a la historia de Ciudad Escolar Libertad.
(Foto: Archivo)

En el habanero cuartel general de Columbia, el mismo lugar donde el dictador Fulgencio Batista atentó contra el poder del pueblo en la madrugada del lunes 10 de marzo de 1952, siete años después se borraron de ese sitio las huellas de la ignominia, pues sus muros fueron derribados para dar otro fin más noble al lugar.

Meses después el recinto floreció con la presencia de un ejército de pequeños príncipes, que vendrían armados de lápices, libros y cuadernos para luchar contra la ignorancia, pertrechados con la alegría contagiosa de sus risas infantiles.

Al producirse la fuga del tirano Batista, el último día de 1958, las columnas invasoras dirigidas por los Comandantes Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos fueron las encargadas de tomar los campamentos militares de La Cabaña y Columbia, respectivamente, ambos en La Habana.

Sin hacer un solo disparo, Camilo, el joven comandante de sonrisa franca y sombrero alón, había tomado la fortaleza ubicada en el municipio capitalino de Marianao. Para hacerlo, sólo contó con el apoyo del pueblo y desde entonces, a lo largo y ancho de todo el país, el recién estrenado Gobierno Revolucionario se dio a la tarea de convertir los cuarteles en escuelas y donde antes se torturaba, ahora llegaba, para quedarse por siempre, la luz del saber.

En el campamento de Columbia entró el ocho de enero de 1959 Fidel Castro, acompañado por sus legendarios barbudos. Camilo acudió a recibirlo fuera de La Habana, para unirse a la Caravana de la Libertad. En horas de la noche, el Fidel pronunció un histórico discurso en el lugar donde su entrañable compañero estuvo en todo momento a su lado.

El polígono militar, que en tiempo récord se convirtió en tribuna, sirvió de sede para el recibimiento tributado por el pueblo habanero, que vitoreaba al líder de la Revolución Cubana como muestra de admiración y respeto. De esa jornada se guarda como valioso recuerdo el gesto de confianza brindado por Fidel a su compañero de luchas, cuando le preguntó:
--¿Voy bien, Camilo?

Dos meses después, el 10 de marzo de 1959, en la misma fecha y hora (2 y 40 de la madrugada) en que se cumplían siete años de la entrada de Batista y sus secuaces a la antigua fortaleza militar, Camilo, junto a otros miembros del Ejército Rebelde inició el derribo de los muros con una mandarria, en un gesto de cívica rebeldía, y luego, con un buldócer, avanzó desde el interior del campamento hacia la calle.

El hecho ocurrió ante un pequeño grupo de periodistas que en ese momento estaba en el lugar. A uno de ellos Camilo le entregó una nota que luego salió en una publicación de la época:

“Después de 7 años de larga espera se derriban los muros afrentosos que levantó la tiranía dejando detrás de ellos la libertad conculcada, los derechos violados, la honra humillada.
Finalizados estos 7 años de luto y sangre el pueblo representado por el Ejército Rebelde derriba estos muros, residuos de esa tiranía, y le dice a la ciudadanía: Otra posta más.

Territorio Libre de Cuba. Camilo Cienfuegos”.

El 14 de septiembre de 1959, en un emotivo acto, el Ejército Rebelde realizó la entrega simbólica de la antigua fortaleza militar al ministro de Educación, Armando Hart Dávalos, y de esa forma se cumplía el viejo anhelo de eliminar todos los vestigios que representaran la opresión al pueblo.


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