| El
lenguaje de los gestos
Por Mongui

Casi toda nuestra conversación
viene acompañada de mímica corporal. |
Decía Cicerón,
el más elocuente de los oradores romanos, que “todos
los movimientos del alma deben ir acompañados de gestos,
ademanes, actitudes y, en especial, de la rica mímica
de los ojos”. Para Sigmund Freud, “un hombre callado
parlotearía con los dedos” y Jean-Paul Sartre
consideraba que el “contacto visual es lo que nos hace
conscientes de la presencia de otro como ser humano”.
En resumen, aun cuando tengamos los labios
cerrados, le resultará imposible a nuestro cuerpo guardar
muchísimos secretos.
Mímica comunicativa
Explica el libro “Psicología general” (Editora
Félix Varela.2002) que “los movimientos mímicos
y pantomímicos permiten al hombre trasmitir sus sentimientos
a otros hombres, informándolos acerca de su actitud
o relación con el objeto de su sentimiento (…)
“De esta suerte, la mímica,
los gestos, las poses, los suspiros expresivos, las modificaciones
o cambios de entonación, son el ?lenguaje’ de
los sentimientos del hombre, el medio de comunicarse con el
interlocutor, de transmitirle a él, y a veces a todo
un colectivo a diferencia del ?verdadero’ lenguaje hablado,
no tanto ideas como emociones relacionadas con ellas”.
Revelación
inconsciente
Si encendieras el televisor y le bajaras tofo e volumen, no
dudamos que entenderías muchísimas de las cosas
que suceden en la pantalla. Esto ocurre porque los actores
“habla” con los gestos.
Esos influyen en nuestras emociones, por
lo común inconscientemente, y revelan ese yo interno
que a veces queremos disfrazar; temor, cólera, alegría,
todo sale a flote cuando de manera “sospechosa”
nos cruzamos de brazos, fruncimos el ceño o simplemente
sonreímos.
Puede que en el ámbito consciente,
te creas la persona más segura del mundo en un momento
dado, pero si no lo tienes todo bien calculado, tus gestos
dirán lo contrario. Por s, si no quieres que descubran
tu inseguridad, lo mejor es tratar de ser uno mismo, sentirse
cómodo y relajado frente cualquier entrevista o conversación
aun en situaciones adversas y al menos mostrar la mayor naturalidad
del mundo.
Una persona insegura, por ejemplo, se manifiesta
contraída, reservada y nerviosa; las falsas suelen
tardar algunos segundos antes de responder una pregunta y
sus gestos resultan demasiado estudiados como para ser auténticos.
Mientras que el arrogante adelanta su cuerpo al hablar y procura
llamar la atención con sus gestos, aunque no se lo
proponga.
La gestualidad juvenil
Parece que en cuestiones de gesticulación los jóvenes
llevan la delantera. Cierto que el fenómeno no ha sido
estudiado suficientemente por los especialistas, pero la muestra
realizada hace algunos años por la revista
Bohemia cronometró los movimientos de 15 encuestados
durante 10 minutos y llegó a conclusiones asombrosas:
¡los adolescentes y los jóvenes fueron quienes
más gesticularon!
Asegura la fuente deque un joven, trabajador
de un agromercado, realizó 27 ademanes para apoyar
su conversación; una alumna de secundara básica,
durante el receso entre clases, hizo 34, y una muchacha, hablando
por teléfono, logró 31 gestos en ocho minutos.
¡Ni que la estuvieran observando del otro lado de la
línea!
En cambio, la misma pesquisa recogió
en una anciana de 78 años 14 gesticulaciones, 4 en
un taxista y 18 en una dependienta de una placita.
Si bien la muestra es reducida y sólo
se realizó en la capital cubana, nos da una medida
de cómo funciona la mímica como elemento de
apoyo en una conversación.
Habla el cuerpo
Entre 1914 y 1940 surgió un inusitado interés
por descubrir o que se dice en silencio. Desde entonces, numerosos
científicos se han dedicado a investigar los orígenes
de la gestualidad mediante una disciplina conocida como cinesis.
Claro que no en todos los lugares ocurre
lo mismo, pues en ello influyen las tradiciones, las costumbres,
la cultura. Los búlgaros, por ejemplo, mueven la cabeza
hacia abajo para decir NO y hacia los lados para el SÍ:
todo lo contrario a nosotros los latinos. Los esquimales se
saludan dándose puñetazos en la cabeza y hombros,
algo que te pondría de muy mal humor si lo hicieran
con alguien nacido en otra región del mundo. Pero los
rusos llegan a más: su saludo consiste en ¡besare
en la boca! ¿Imaginas cómo te sentirías
si te ocurriera algo semejante, así de sopetón?
Sin embargo, todos esos actos con partes
del cuerpo nos están prodigando cariño, nos
están dando los buenos días, tardes o noches;
nos están preguntando sin palabras cómo nos
sentimos.
Pero mejor regresamos a nuestra cultura
occidental para saber qué dicen los estudiosos sobre
el lenguaje corporal.
La mayoría de los expertos en comunicación
no verbal defienden que las emociones se expresan mejor sin
palabras.
Las palmas de las manos hacia arriba, por
ejemplo, inspiran confianza; en cambio, las personas dominantes
suelen dar la mano con la palma hacia abajo. Las manos en
ojiva hacia arriba indican que quien habla quiere hacer una
observación, más las manos en ojiva hacia abajo
presume mucha atención o buena señal. ¿Qué
te parece?
No cabe duda de que el cuerpo habla en silencio.
Si observas cómo cualquiera de tus amigos galantea,
notarás que, de tener ojeras, estas desaparece; brilla
la mirada y se sucede una serie de movimientos inconfundibles:
ellas juegan nerviosamente con el pelo, ellos puede que se
tiren del lóbulo de la oreja, e toquen la barbilla
o jueguen con el lápiz. Ellas desvían la mirada
si se sienten insistentemente observadas; ellos quieren decirles
muchísimas cosas, pero están atragantados. Ambos
se pasan la lengua por los labios más de lo acostumbrado
y sus sonrisas, coquetas, dicen mas que mil palabras.
El espejo del alma
Con solo 44 músculos, dicen que “la cara es el
espejo del alma” y no es por gusto: ¡puede componer
15 mil expresiones en una sexta parte de segundo!
Es en el rostro donde más evidentes
quedan nuestras emociones. Digamos que alzamos el mentón:
ello sugiere soberbia. Si lo apoyamos en las manos, presupone
evaluación constante. En el caso de que cerremos los
ojos lentamente, estamos expresando seducción.
Asimismo, no me negarás que cuando
has visto comer a alguien un manjar que le encanta, lo percibes
en su mirada. Esto sucede porque sus pupilas se han dilatado.
Nada…, que los gestos, si no logramos
dominarlos, pueden convertirse en un arma de doble filo, pues
aunque queramos ocultarlos, casi siempre delatan nuestra verdadera
personalidad sin que pronunciemos una sola palabra.
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