Y la juventud abrió y cerró la marcha
Por Alicia
Centelles

Fidel conversa animadamente con
Elián.
(Foto: Archivo)
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Allí estaban, desde bien temprano,
los que ayudan a curar el alma de los demás con su
abnegada entrega cotidiana; los que muestran a otros de su
edad e incluso menores las bellezas del arte; los futuros
oficiales de nuestras Fuerzas Armadas; los que garantizarán
el avance de la informatización de nuestra sociedad
en años venideros; los pioneros de secundaria básica;
los estudiantes universitarios. En fin, estaban los jóvenes
cubanos, abriendo la marcha con que esta pequeña gran
isla puso de manifiesto ante el mundo, una vez más,
que nuestras ideas son tan firmes como nuestro coraje.
Ante el edificio que representa a la pérfida
Oficina del gobierno del imperio, como la calificara Fidel,
desfiló un verdadero mar de pueblo, en el que fueron
ríos impetuosos nuestros jóvenes. Ellos, aunque
no vivieron esa parte de nuestra historia, conocen bien por
padres, abuelos y maestros sobre las perennes agresiones terroristas
de que hemos sido víctimas los cubanos en estos 47
años. Y por eso iban, combativos y dispuestos, junto
a las imágenes de aquellos otros jóvenes a los
que la Patria llorará siempre y que murieron en el
monstruoso atentado en el que intervino directamente Posada
Carriles en 1976.
El 24 de enero también estuvieron
presentes en el millón 400 mil cubanos que desfilaron
a lo largo del Malecón, Panchito¹ y Mella,
Rubén y Paquito²,
José Antonio
y la Generación
del Centenario, los jóvenes que elevan la temperatura
de las montañas paquistaníes con el calor de
su humanitaria labor, y todos los que reparten cultura y salud
por el mundo.
Pero sobre todo, estuvieron presentes también
Gerardo,
Fernando,
Antonio,
Ramón
y René,
los cinco cubanos que, paradójicamente, guardan prisión
por tratar de impedir la proliferación del terrorismo,
mientras que un connotado asesino y saboteador continúa
bajo la protección del gobierno que lo prohijó
y preparó.
¹Francisco Gómez
Toro (Panchito), tercer hijo del Generalísimo, Máximo
Gómez, nacido en la manigua insurrecta en 1876. Ayudante
del Lugarteniente General Antonio Maceo, se inmoló
al tratar de recuperar el cadáver de su jefe el 7 de
diciembre de 1896.
² El niño Francisco (Paquito) González,
pionero comunista, resultó asesinado al ser reprimida
la manifestación por el sepelio de las cenizas de Mella,
el 29 de septiembre de 1933. Contaba al morir 14 años
de edad.
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