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Grupo Minorista
Vigencias de un manifiesto
Por Josefina Ortega
El manifiesto del Grupo
Minorista, dado a conocer el 6 de mayo de 1927, es quizás
uno de los documentos más a tiempo que produjo la intelectualidad
cubana del siglo XX.
El Grupo Minorista agrupaba a creadores de las ciencias sociales,
artistas, literatos, músicos y a creadores en general,
siempre a favor de las causas más nobles, aunque algún
integrante postulara tendencias políticas que luego
no fueran compartidas por la mayoría.
Así profesaban desde la definición antiimperialista,
la defensa de los valores nacionales de la cultura, el rechazo
a las dictaduras a la preocupación por los obreros
y lo campesinos.
Algunos desde la contemporaneidad los ven ahora un documento
tímido, otros vislumbran un despertar después
de más de 25 años de abulia y desencanto.
En sus partes fundamentales el manifiesto del Grupo Minorista
se preguntaba: “¿Cómo nació, qué
es, quiénes constituyen verdaderamente el llamado Grupo
Minorista?”.
“Hace algunos años —se asentaba en el documento—,
el 18 de marzo de 1923, un reducido número de intelectuales
—artistas, periodistas, abogados— reunidos incidentalmente
en la Academia de Ciencias, llevaron a cabo un acto de rebeldía
y censura contra el entonces Secretario de Justicia, allí
presente, significando así el repudio que la opinión
pública hacía de la memorable compra por el
Gobierno del Convento de Santa Clara, como imposición
gubernamental a la mayoría del país.
Como ese núcleo de protestante se reunía a la
sazón habitualmente para acopiar datos y libros al
proyecto de publicación de una antología de
poetas modernos de Cuba, tuvo así el doble vínculo
de una colaboración artística y una corresponsabilidad
pública y hasta penal.”
En otras de sus partes el documento se planteaba varios cuestionamientos:
¿Qué sintomatizaban estos hechos? ¿A
qué se debían las frecuentes reuniones no oficiales
sino espontáneas, de los mismos invariables elementos,
casi todos jóvenes, casi todos artistas? ¿Por
qué en las conversaciones del grupo se hacía
burla de los falsos valores de los mercachifles patrioteros,
de los incapaces encumbrados, de los genios oficiales; y se
censuraba el sometimiento de nuestro gobierno a la exigencia
extranjera, la farsa del sufragio y la ovejuna pasividad del
medio?
El documento exponía que en medio de la renovación
ideológica, la “izquierdización de los
grupos trabajadores intelectuales”, el grupo minorista
lleva ese nombre por el corto número de sus miembros
efectivos; “pero ha sido, en todo caso, un grupo mayoritario,
en el sentido de constituir el portavoz, la tribuna y el índice
de la mayoría del pueblo...”
En sus partes finales, el manifiesto del Grupo Minorista dejaba
claro, entre otros postulados, que “colectiva e individualmente,
sus verdaderos componentes han laborado y laboran: Por la
revisión de los valores falsos y gastados. Por el arte
vernáculo y, en general, por el arte nuevo en sus diversas
manifestaciones. Por la reforma de la enseñanza pública
y contra los corrompidos sistemas de oposición a cátedras.
Por la autonomía universitaria. Por la independencia
económica de Cuba y contra el imperialismo yanqui y
por la cordialidad y la unión latinoamericana.
Debajo de esta especie de “diez mandamientos”
estaban las firmas de lo mejor de la intelectualidad cubana
de entonces: Rubén Martínez Villena, Emilio
Roig de Leuchsenring, María Villar Buceta, Alejo Carpentier,
Conrado Massaguer, Eduardo Abela, Luis Gómez Wangüemert,
Francisco Izchazo, Enrique Serpa, José Zacarías
Tallet, Jorge Mañach y Juan Marinello, entre otras
31 firmas.
(Tomado de www.lajiribilla.cu) |
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