|
La Protesta de los
Trece
18 DE MARZO DE 1923. Este núcleo informal
y heterogéneo se congregó en el restaurante
de Chinchurreta, situado en el mencionado territorio, para
agasajar a dos de sus más asiduos contertulios: Andrés
Núñez Olano y Guillermo Martínez Márquez,
y al mexicano Joaquín Torres, por el éxito de
la zarzulela Las naciones del golfo, de la cual los dos primeros
habían escrito el libreto y el segundo la música.
Concluido el almuerzo los participantes se fueron dispersando
y sólo quedaron rezagados quince de ellos, que decidieron
asistir al acto que en honor de la escritora uruguaya Paulina
Luissi se efectuaba en la Academia de Ciencias, situada en
la calle Cuba entre Amargura y Teniente Rey. Al acto asistiría
el Secretario de Justicia del gobierno que encabezaba Alfredo
Zayas, Erasmo Regüeiferos, que recientemente había
avalado con su firma la compra por parte del estado, a un
precio exhorbitante, del Convento de Santa Clara, acto que
había concitado la repulsa popular, pues escondía
un negocio fraudulento.
Los jóvenes penetraron en el paraninfo de la Academia
de Ciencias y cuando Regüeiferos se disponía a
hacer uso de la palabra para rendir tributo a la invitada,
Rubén
Martínez Villena se levantó de su asiento, y junto
con él el resto de sus amigos, y pronunció un
breve discurso en el cual denunció la firma, por parte
del citado funcionario, del decreto que legalizaba la mencionada
compra, que constituía una escandalosa malversación.
El periódico Heraldo de Cuba, en la primera página
de su edición correspondiente al 19 de marzo de 1923,
reproducía las palabras de Martínez Villena:
–Perdonen la presidencia y la distinguida concurrencia
que aquí se halla –exclamó serenamente
el muchacho flaco y rubio, llamado Rubén Martínez
Villena— que un grupo de jóvenes cubanos, amantes
de esta noble fiesta de la intelectualidad, y que hemos concurrido
a ella atraídos por los prestigios de la noble escritora
a quien se ofrenda este acto, perdonen todos que nos retiremos.
En este acto interviene el Doctor Erasmo Regüeiferos,
que olvidando su pasado y actuación, sin advertir el
grave daño que causaría su gesto, ha firmado
un decreto ilícito que encubre un negocio repelente
y torpe, digno no de esta rectificación y de reajuste
moral, sino de aquel primer año de zayismo.
Se producía así la Protesta de los Trece. Inmediatamente
después los jóvenes abandonaron el salón
y se dirigieron a la redacción del periódico
Heraldo de Cuba, donde Rubén Martínez Villena
redactó el Manifiesto de la Protesta de los Trece,
que firmaron trece de los quince participantes: Rubén
Martínez Villena, José Antonio Fernández
de Castro, Calixto Masó, Félix Lizaso, Alberto
Lamar Schweyer, Francisco Ichaso, Luis Gómez–Wangüemert,
Juan Marinello Vidaurreta, José Z. Tallet, José
Manuel Acosta, Primitivo Cordero Leyva, Jorge Mañach
y J.R. García Pedrosa. No firmaron Angel Lázaro,
que por ser ciudadano español temió ser deportado,
y Emilio Teuma, quien adujo que por pertenecer a una Logia
Masónica y ser Regüeiferos Gran Maestro de esa
asociación, no podía, con su firma, quebrantar
uno de los principios que regía dicha institución
fraternal.
21 DE MARZO DE 1923: El Secretario de Justicia, Regüeiferos,
presentó una acusación formal contra Rubén
Martínez Villena.
22 DE MARZO DE 1923: Se abre la causa judicial 330 contra
los trece protestantes por delito de injurias al Secretario
de Justicia. La pena solicitada para cada uno de ellos fue
de ciento ochenta días de encarcelamiento, sanción
máxima para este tipo de delito.
Inicialmente Fernando Ortiz asumió la defensa de los
inculpados, mientras que numerosos intelectuales enviaron
mensajes al Heraldo de Cuba ofreciendo su apoyo a los procesados.
En los últimos días de marzo Regüeiferos
renunció a su cargo, mientras que los jóvenes
incautados debieron presentarse todos los lunes, hasta mediados
de 1924, en el juzgado donde se presentó la demanda
contra ellos, momento en que la misma fue sobreseída.
(Tomado
de www.cubaliteraria.cu) |
Artículo relacionado
|