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Un joven al servicio de la justicia
Por Matilde
Salas Servando

Trejo murió como había
deseado vivir: al servicio de la justicia.
(Foto: Archivo) |
Aunque han pasado 81
años del asesinato del estudiante universitario
Rafael Trejo González, la juventud cubana sigue viendo
en su ejemplo un camino a seguir, pues hasta nuestros días
han llegado testimonios de sus compañeros, que destacan
los grandes valores de Felo, como le llamaban cariñosamente.
El 9 de septiembre de 1910
nació Rafael en la localidad habanera de San Antonio
de los Baños, tierra de músicos, poetas y pintores.
En su hogar conoció desde muy temprano el amor a la
cultura, inculcada por su madre, que era maestra rural, y
del .padre tabaquero, devenido funcionario de la municipalidad,
recibió el respeto e inclinación por el trabajo.
Cuando la familia se trasladó para
la capital, inició sus estudios de bachillerato en
una escuela privada y los terminó en el Instituto de
Segunda Enseñanza de La Habana, un centro de reconocido
prestigio, al que tradicionalmente han asistido jóvenes
que luego se han destacado en diversos campos de la política
y el saber.
Su respeto por la justicia y el deber le
inclinaron a iniciar estudios de Derecho en la Universidad
de La Habana, en una época muy convulsa para el
país, pues los destinos de la nación estaban
dominados por el puño de hierro del dictador Gerardo
Machado.
El día de su inscripción en
la Universidad habanera, Trejo hizo un comentario con Raúl
Roa, quien años después recordaba que su
condiscípulo le dijo: ”No creas que mi aspiración
es hacerme rico a expensas el prójimo. Mi ideal es
poder defender algún día a los pobres y los
perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de
la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba
”
Desde sus primeros tiempos en el centro
de altos estudios, participó junto a otros alumnos
en la lucha anti-machadista, hasta la creación del
Directorio
Estudiantil Universitario en 1930. Roa, uno de sus fundadores,
rememoraba cómo el 30 de septiembre de ese año
fue asesinado Rafael Trejo:
(…) Se respiraba una atmósfera
de tragedia. No obstante las dramáticas perspectivas,
los conjurados fueron concentrándose a la hora convenida
(…) Pronto circuló la consigna: al parque Alfaro.
De ahí partiríamos hacia el Palacio Presidencial,
a demandarle a Machado la renuncia en su propia cara(…)
La policía acuchilló la manifestación
y cargó violentamente contra ella.(…)Rafael Trejo,
en un corajudo arranque, se enredó en un cuerpo a cuerpo
con un policía. Trató de arrebatarle el revolver.
Sonó una descarga. Trejo se derrumba, chorreando sangre
sobre el pavimento regado de casquillos y manifiestos (…)
Conducido al antiguo Hospital de Emergencias,
pocas horas después fallecía Rafael Trejo González,
tal como había deseado vivir: “al servicio de
la justicia, siendo útil a Cuba”.
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