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Continúa al servicio de la Patria el Mayor General Ignacio Agramonte


El ejemplo de uno de los más grandes líderes del proceso revolucionario en la Isla guía a los cubanos de hoy en las batallas para preservar las conquistas por las que murió

Por Nancy Pérez Medina


Portada del libro “Ignacio Agramonte y el combate de Jimaguayú”.
El libro “Ignacio Agramonte y
el combate de Jimaguayú”,
de un colectivo de autores, expone
una de las 50 tesis sobre la muerte
de El Mayor.
(Tomada de www.periodistas
camagueyanos.wordpress.com)

Una de las acciones más audaces y valientes de la Guerra de los Diez Años la protagonizó el Mayor General Ignacio Agramonte Loynaz, camagüeyano de pura cepa, cuando el 8 de octubre de 1871, con solo 35 de mambises, hombres que componían el Ejército Libertador, rescató al general Julio Sanguily, herido y prisionero de una columna de 120 soldados españoles.

A solo tres meses de incorporarse a la contienda, diestro en las armas de fuego, el sable y la espada, excelente jinete y con una táctica militar envidiable, fue nombrado Mayor General y jefe de Camagüey. Sus hombres, orgullosos lo llamaban El Mayor, calificativo que le fue dado por el brigadier norteamericano Henry Reeve, y lo seguían disciplinadamente con respeto a cada batalla que enfrentaron con temeridad.

Dejó todas sus riquezas y comodidades, y abandonó a su amada esposa Amalia Simoni, para entregarse a la libertad de Cuba.  Grande entre los grandes, enseñó a leer y escribir a su tropa, organizaba fábricas de balas, monturas y botas, y compartía siempre la comida.

Cayó en el combate de Jimaguayú, el 11 de mayo de 1873, con 32 años de edad, de un balazo en la sien derecha. Su ejemplo ha quedado en cada modelo de entereza, de patriotismo, que guía a los cubanos de hoy, dispuestos a repetir sus hazañas si fuera necesario, como homenaje perenne, pues aún nos llama al combate que libramos cada día por preservar las conquistas por las que murió.

Añadamos queIgnacio Agramonte fue uno de los líderes más sobresalientes del proceso revolucionario cubano, de vasta cultura al servicio de los desposeídos, y prestigioso jefe militar, honesto y de principios. Su trascendencia hace que a Camagüey se le conozca también como la “tierra agramontina”.

El ídolo de los camagüeyanos, exento de vicios y lleno de virtudes, sobresalió además en la Asamblea de Guáimaro, donde su voz clara y firme fue escuchada con admiración, porque llegaba al alma.



Fuentes: Sitios web

-
www.cadenaagramonte.cu

-  y www.juanperez.com


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