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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

IX Congreso de la UJC
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De mi Cuba te cuento


¡Hasta la victoria siempre!

Por Matilde Salas Servando y Alicia Centelles

Cadáver del Che.
El cadáver del heroico guerrillero se agiganta más allá del corazón de la patria americana.

Desde la memorable noche de mediados del año 1955, en que el joven abogado Fidel Castro sostuvo el primer encuentro con el médico argentino Ernesto Guevara de la Serna, este fue ganado para la causa de Cuba. De inmediato se sumó a los preparativos de la futura expedición del yate Granma, con el mismo ímpetu y fervor que lo hizo aquella pléyade de jóvenes, nacidos en la isla caribeña.

Guevara, junto al cubano Raúl Castro, fueron los primeros que se incorporaron al grupo de futuros combatientes, de aquel ejército de bisoños libertadores, en el siglo xx.

Ernesto permaneció todo el tiempo entrenándose con los cubanos, aunque el asma, su permanente compañera, lo mantuviera en jaque por largos períodos. Desde el principio se unió como médico al grupo, que poco después entraría en combate contra las fuerzas de la tiranía de Fulgencio Batista, en el macizo montañoso de la Sierra Maestra.

Luego de 25 meses de lucha frontal, triunfó la Revolución en enero de 1959. El médico argentino se había convertido en el Comandante Che Guevara, como lo indicaba aquella estrella en su boina, que ganó a fuerza de coraje y valentía en varios combates. Desde entonces sirvió a Cuba en diversas responsabilidades como jefe militar, Presidente del Banco Nacional y Ministro de Industrias.

Su experiencia guerrillera la llevó al continente africano y luego guió sus pasos hacia las selvas bolivianas, después de un arduo proceso de enmascaramiento para no ser reconocido y poder cumplir sus fines. Su incorporación a la guerrilla en Bolivia tenía como principal objetivo defender la causa de los pobres y de los humildes. En ese sitio permaneció desde el 7 de noviembre de 1966 hasta el 8 de octubre del año siguiente.

Ese día fue capturado por miembros del ejército de Bolivia, pues las heridas en las piernas le impedían caminar; su fusil M-2 había sido destruido por un disparo y la pistola que portaba se quedó sin carga. Sólo así los uniformados pudieron penetrar el cerco y asesinarlo junto a los cubanos Orlando Pantoja Tamayo, René Martínez Tamayo, Alberto Fernández Montes de Oca (quien murió después sin que le prestaran asistencia médica) y el boliviano Aniceto Reinaga Gordillo.

Con su vertical actuación el Che entró por la puerta grande de la Historia, junto a sus compañeros de combate, para quedar inmortalizados al pie de la cordillera andina, en el corazón de la patria americana. Casi medio siglo después de su caída en combate, su imagen y su ejemplo recorren el mundo.

 

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