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Cómo celebran su madurez las muchachas navajo

Por Alicia Centelles

Mujer de una tribu navajo con los atributos propios de su etnia.
Mujer de una tribu navajo con los atributos propios de su etnia.
(Foto: Archivo)

Cuando quienes luego los expulsarían de sus tierras de caza y pesca ni siquiera habían llegado al Nuevo Mundo, ellos eran los verdaderos dueños de las extensas praderas norteñas, por donde se movían entre los búfalos, capturaban peces en grandes lagos, y mantenían los ritos y tradiciones de sus antepasados.

Hoy, los indios navajo, hacinados en una reservación, son víctimas del SIDA en gran proporción, el 60 por ciento de ellos está desempleado y su territorio es depósito de residuos radiactivos. No obstante, muchos siguen en contacto con las tradiciones: una de las más curiosas es la ceremonia de la madurez que se celebra para las muchachas de esta etnia norteamericana cuyos miembros se llaman a sí mismos los dineh.

La remodelan simbólicamente
La cuarta noche después de la primera evidencia de la entrada de una muchacha navajo en su vida de mujer, empieza la ceremonia. A la mañana siguiente, se baña y se viste con sus mejores ropas, y luego se acuesta boca abajo sobre una manta, fuera del hoggan o tienda, con la cabeza hacia la puerta.

Una hermana, tía o parienta remodela a la muchacha simbólicamente, estirándole brazos y piernas, dándole masajes en las articulaciones y los músculos para que esté bien formada. Luego llaman a la mujer más bonita, enérgica y trabajadora de la tribu, para que le haga a la muchacha un moño especial, envuelto en tiras de piel de venado. Si hay bebés o niños en la casa, la joven los levanta en el aire por debajo de las orejas, para hacerlos crecer rápido.

En su ceremonia de madurez, la muchacha navajo corre unos 400 metros hacia el este y vuelve, lo que repite cada mañana hasta después de la celebración pública. Así se conservará ágil, fuerte y activa durante su vida adulta. La joven sólo puede comer pan de maíz sin sal los cuatro días anteriores a la ceremonia. Tampoco debe rascarse, para evitar las cicatrices desagradables.

Durante tres días, las mujeres del hoggan muelen maíz para un pastel que hornea la madre de la muchacha, y luego comienza la verdadera ceremonia, consistente en lo fundamental en cantar las doce canciones del hoggan. Al atardecer, los invitados se reúnen en la tienda de la joven y disfrutan hasta el amanecer.

 

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