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se puede vivir la profesión de los demás
Por Alicia
Centelles
En la complejísima tarea de educar a los hijos, una
de las etapas más difíciles es orientarlos correctamente
según su vocación y capacidades. La cuestión
se agrava cuando se trata de padres empeñados en que
sus descendientes sean lo que ellos, por cualquier circunstancia,
no pudieron lograr. O, simplemente, en determinados casos,
les atrae el prestigio social de alguna profesión.
¿Quién no conoce a
alguien que ha obligado a su hijo a estudiar Medicina, sólo
por jactarse de tener un doctor en la familia? También
está el que lo hace aprender música a la fuerza,
convirtiendo una de las artes más sublimes en una verdadera
tortura para alguien que quizá ni oído tenga.
Puede que mañana el doctor y el músico sean
capaces de ejercer sus profesiones, pero ¿lo serán
realmente?
Vocación sin orientación
es talento desperdiciado
La inclinación por cierta profesión u oficio
a veces no se manifiesta tempranamente, y es posible encontrar
a un adolescente que no sepa aún qué desea ser.
De ahí la importancia de proporcionar
al niño, y también al joven, una orientación
adecuada, que tenga en cuenta no sólo sus gustos, sino
también sus capacidades y aptitudes reales. Una orientación
deficiente o una incorrecta apreciación de las posibilidades
de la persona, pueden originar un error insoluble.
Conozcamos de verdad a nuestros hijos,
conversemos con ellos sobre sus aficiones, tratemos de guiarlos
por las vías más convenientes. Siempre ofrecen
un triste espectáculo aquellas personas frustradas
con su profesión o que no pueden aprender a amarla,
y por tanto, la ejercen fría y desapasionadamente,
sin poner en ello el corazón.
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