Logo del XI Congreso de la FEEM.

Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!

“Ahora es que voy a gozar”

Por Yolanda Molina Pérez

La centenaria pinareña Felicia García Lazo, “La Mama”.
Quizá el secreto de la longevidad de Felicia esté en El gusto por cada acto diario de existencia.
(Foto: Santiago Calero)

“Este cuerpo Dios me lo dio para divertirme”, dice y se recuesta en su sillón dejando que la picardía salte de sus ojos aun a través de los gruesos lentes, en esos momentos parece perder las huellas del tiempo, ante la luz de la travesura se vuelve una jovencita de 101 años, “por eso trabajé de cocinera, vendiendo naranjas, plátanos, periódicos, haciendo dulces, ¡pero nunca me vendí!”.

A unos pocos minutos de conocerla, no me asombra tal aseveración, sé que no habría dinero en el mundo capaz de comprar a Felicia García Lazo, “La Mama” y ese sí es un mote bien puesto, para una señora que además de 10 hijos llevados en el vientre crió a otros 11.

Nacida el cinco de febrero de 1905, “en la vega de Blas Chirino en Río Sequito, por la carretera a San Luis, doblando a mano derecha”, explica ante mi desconocimiento, y comienza a sorprenderme la lucidez mental que conserva con más de un siglo de vida a sus espaldas; para la ciudad de Pinar del Río vino en 1929.

Delgada, fuerte, puede aún con un apretón de manos poner en una posición difícil a nuestro fotógrafo, que rehúye presuroso la presión de sus dedos, “ella se vale por sí sola, plancha su ropa, barre la casa”, aclara una nieta con la cual vive, “y no cocino porque tú no me dejas”, acota.

Hacerla evocar su juventud no es difícil, recuerda fechas, lugares y es pródiga en ofrecer detalles:
“No mi´ja no, antes la gente no se casaba, yo me junté cuando tenía 15 años, los padres antes eran de madre, los novios se sentaban uno aquí y otro allá; para darle el primer beso a mi novio yo fui a la cocina y le boté el agua a unos boniatos que mi mamá estaba cocinando, cuando ella sintió que se le estaban quemando y fue a verlos, ahí aprovechamos”; la risa con que acompaña la anécdota corrobora cuán fresca permanece en su memoria.

“¿Que por qué lo dejé? No servía, yo trabajaba más que él y no iba a mantener un marido, con él tuve una hija, volví a juntarme con un hombre que tenía siete hijos huérfanos y yo los recogí, más cuatro que tuvimos nosotros, ese se murió porque era diabético, pero me quedé con los muchachos.

“Mi tercer esposo se murió al lado mío de 100 años, tuve cinco hijos más y recogí a cuatro de una hermana mía que se murió, yo nunca he podido ver a la gente pasando trabajo, y menos a los niños o a los viejos, esta casa era la casa de todos, porque me la dio la Virgen de San Loreto.

“Yo vivía por ahí debajo de los palos, una noche se me apareció una visión y yo pensaba que venía a llevarse uno de mis hijos y le dije, no te lo lleves que ellos son mi única alegría, me dijo no, vengo a decirte que juegues el 507, lo repitió cuatro veces, cogí un carbón y lo apunté en una yagua para que no se me olvidara, al día siguiente se lo conté a un compadre mío, me dio cinco pesos para que los jugara, otros amigos que vivían en la calle Justo Hidalgo me dieron otros 10 pesos y Andó, un hombre que tenía una bodega en la calle San Juan, me regaló 25, me gané 1 700, así tuve esta casa que no es mía sino de la Virgen de San Loreto, vivo aquí desde 1940”.

Viéndola rodeada de sus hijos y nietos salta a la vista que sus descendientes son negros, a pesar de su tez clara, “el negro prieto era una cosa que me arrebataba, mientras más prieto más me gustaba, ¿las críticas?, una de las cosas malas de este mundo, no, no, yo me casaba a gusto mío y no de mis padres”.

Para La Mama, como le dicen familiares y amigos, la felicidad es tener salud, llevarse bien con el prójimo y ayudarlo, “la sonrisa es la vida de las personas, el egoísmo y el orgullo la perdición, si todos vamos a ir para donde mismo.

“¿Para qué voy a pensar en eso?, mira la palma de la mano, ¿tú no ves lo que está escrito en ella?, una M, porque la muerte la tenemos segura, así que no hace falta pensarla, ella llega”.

Al preguntarle sobre la juventud, mueve la cabeza con disgusto, “a mí no me gusta cómo se visten, andan casi en cueros, en mi tiempo no dejábamos ver ni la rodilla y las blusas con cuello y manga”.

Aun así se casó tres veces, la provoco y recibo la riposta, “por eso mismo siempre andan buscando maridos y no encuentran, los hombres ya se lo han visto todo”.

A Felicia le gusta ver la Mesa Redonda, “para instruirme, yo me quedé en un cuarto grado y oigo todos los discursos de Fidel, para que nadie me haga cuento. Oiga, como ese hombre no vino más ninguno, tenía que haber venido como 1 000 años antes para que todo estuviera mejor”.

Constantemente bromea con la nieta que convive, dice que guarda el dinero en los zapatos para que ella no se lo coja. Le pregunto que dónde lo pone por la noche y se vira hacia la nieta y con una amplia sonrisa le dice: “¿Está loca, para que ella me vele el sueño?”.

Al interrogarla sobre a qué achaca tanta longevidad, responde que eso sólo lo sabe Dios y le da gracias por su salud.

Con más de 100 descendientes, entre los que se encuentran, varios tataranietos, si hay algo que no le falta es el cariño, se reconoce a sí misma como una madre ejemplar ¿y quién lo duda?, ha sido madre para todos los que la han necesitado y de ello dan testimonio todos sus conocidos en los alrededores de la calle Marina, donde reside hace más de 60 años.

No bebe, no fuma, eso sí, toma café y baila, “cualquier cosa, hasta una rumba”, se para y hasta nos muestra uno de sus pasillitos, come de todo y a cualquier hora, asegura que nunca se ha enfermado del estómago.

Se jacta de haber tenido siempre buen carácter: “yo no discutía, si tenía un problema con alguien le decía, yo me voy de aquí, te espero a tal hora en la orilla del río, porque si voy a resolver algo no me gusta que me desaparten”.

Aún tiene planes para el futuro: “Ahora es que yo voy a gozar de la vida, no tengo a nadie que cuidar”.

Felicia fue una gran sorpresa, esperaba ver a una anciana y encuentro a un ser rebosante de energía, alegría y vitalidad, su cuerpo puede haber vivido 101 años, pero su espíritu escapó al tiempo. La Mama se ha multiplicado en cada vida que ha dado, no la amedrenta ni la muerte de los seres queridos, sufre su pérdida pero con la integridad de quien sabe por experiencia que aún no llega el fin.

El gusto por cada acto diario de existencia, el júbilo, la sonrisa, la generosidad hacen de esta mujer alguien excepcional, enérgica y amorosa, pero decidida. Aún hoy vive según su voluntad y eso lo resume como genuina cubana en la frase “yo nunca me he dejado meter el pie por nadie” . Y al parecer hasta la vejez se espanta frente a su esbelta y erguida figura.

Nota: Este debió ser un trabajo sobre la ancianidad, período asociado con el ocaso de la existencia, pero La Mama es la más auténtica confirmación de que “viejo ha de ser quien lo quiera ser” y ella aún no ha pensado en ser una anciana, por eso esta es una entrevista sobre la VIDA.


(Tomado de www.guerrillero.cu)

Artículo relacionado

 

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles, Director Artístico: Peroga
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,

Casa Editora Abril, 2006
Edición de papel