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Nieta de gato, también caza ratón
Por IWC
Claudia Hernández Pita es una de las futuras
promesas del tiro cubano que ya exhibe, a sus 15 años,
relevantes resultados deportivos.

Nueve medallas atesora Claudia con
solo 15 años.
(Foto: Elio Miranda) |
Claudia Hernández Pita resume una
tradición familiar de tiradores. Al parecer, la pasión
por los disparos y la puntería la lleva esta familia
en la sangre, pues Claudia pertenece ya a la cuarta generación
de tiradores de casa. Su bisabuelo, José María
Pita, fue un ferviente cazador que fungió como entrenador
de esta especialidad y, además, representó a
nuestro país en varios eventos internacionales.
El abuelo le siguió
los pasos, Reynaldo Pita también salió cazador
y participó en algunas competencias. Una de sus hijas,
Liliana (no llegó el hijo varón para la caza)
ganó medallas en los Juegos Universitarios Caribe en
pistola estándar y, finalmente Claudia, el orgullo
de la familia, que con apenas 15 años, ya tiene en
su aval nueve medallas en diferentes competencias nacionales,
y es considerada un prominente prospecto del tiro cubano para
el futuro inmediato.
Claudia: la pasión
Nadie le habló del tiro o la puntería, pero
a Claudia le encantaba ir a los domingos de la Defensa y disparar
a las dianas con escopeta de perles. “No fue nada inculcado»,
nos cuenta, “llegaba y enseguida me hacía de
una escopeta, apuntaba y pum; unos tras otros iba disparando,
me fascinaba eso de darle al mismo centro de la diana. Era
difícil, pero no imposible; y allí me pasaba
la mañana. No había un juego mejor. Una escopeta,
una diana, y yo feliz. Mientras pudiese disparar, allí
seguía yo.”
«Precisamente en un domingo de la
Defensa –dice Liliana Pita, una tía muy orgullosa
de su sobrina–, en la academia de tiro Raúl Podio,
de la provincia
de La Habana, nos cruzamos con unos entrenadores, quienes
habían estado observando detenidamente a la pequeña
Claudia y quedaron asombrados por su buena puntería.
Era algo innato, podría decirse que sanguíneo.
Hasta ese momento ella no había recibido ningún
entrenamiento, fue simplemente su elección. Se lo propusimos.
‹¿Quieres ir a hacer unas pruebas de tiro? Y
ella respondió muy ufana, como si lo hubiese estado
esperando desde siempre: ¡Claro!›”
El cambio, el sacrificio,
los premios
Claudia –coinciden los que la conocen– es una
muchacha abnegada y con muy buenos valores humanos. Tal vez
estas características le ayudaron para el cambio que
se le avecinaba con apenas 13 años. La academia le
abría sus puertas, pero debía becarse.
“Alejarme de casa fue algo bastante difícil.
Siempre había sido muy dependiente. No fue fácil.
Emocionalmente fue un impacto fuerte, pero cuando iba a tirar
se me quitaba todo.
Seguía extrañando; sin embargo, me volvían
las fuerzas. Cuando venía de pase todos me malcriaban,
me incentivaban a que siguiera adelante y así lo hice.
Para alcanzar lo que se desea uno debe luchar: y eso es lo
que he hecho. Cada día de entrenamiento, cada momento
alejada de casa, de los juegos que quizá no jugué,
todo eso, está junto con los resultados que he obtenido
en las competencias en las cuales he participado.
Cada medalla tiene mucho de ese sacrificio. Y yo estoy muy
feliz. He luchado por algo que deseo y me ha ido bastante
bien. Solo espero seguirme esforzando para continuar. Ser
cada día una mejor tiradora y darles medallas a mi
provincia, Ciudad de La Habana, y a mi país.”
El futuro para Claudia
“No he pensado en eso –reflexiona Claudia–.
En cambio, imagino que seguiré esforzándome
por ser una mejor deportista; por alcanzar la madurez necesaria
para obtener resultados consistentes en cada competición.
Seguiré estudiando como hasta ahora, para también
hacerme una persona con más conocimientos, más
culta. Deseo ganar medallas, de oro si fuese posible, para
nuestro país.”
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